No debería ocurrirle a un futbolista
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Cualquier entrenador o jugador nos dirá que las lesiones forman parte del fútbol. En la época moderna, un futbolista puede considerarse afortunado si su carrera transcurre sin sufrir una fractura, un desgarro o una ruptura, pero existen algunas lesiones que no deberían ocurrirle nunca a un profesional. Como veremos en este recorrido por las desgracias, se producen en cualquier momento, de día o de noche, y no se puede hacer nada para evitarlas. Un futbolista ni siquiera en una estación de servicio está a salvo, como descubrió en carne propia el internacional argentino Ever Banega, quien olvidó poner el freno de mano en su automóvil y terminó atropellado y fracturado, una lesión que le demandará nada menos que seis meses fuera de la actividad.

Pero no sólo hay que ser cuidadoso con el coche. Hasta un cuarto de baño, en más de una oportunidad, puede resultar peligroso. El guardameta Santiago Cañizares no pudo acudir a la Copa Mundial de la FIFA 2002 con la selección española por romper accidentalmente una botella de loción de afeitado en el lavabo de su hotel. Le cayó un fragmento de vidrio encima de un pie, cortándole un tendón del dedo gordo. Alan Mulleryse perdió la gira que el combinado inglés iba a realizar en 1964 por Sudamérica al dañarse la espalda mientras se lavaba los dientes, y el astro brasileño Ramalho se vio obligado a guardar cama durante tres días por tragar un supositorio destinado a tratar una infección dental.

Mascotas y niños
Suele decirse que el perro es el mejor amigo del hombre, aunque no siempre es así. Fijémonos en el ejemplo del internacional galés Darren Barnard, que resbaló en un charco de orina de su cachorro que había en el suelo de la cocina. La consiguiente lesión en los ligamentos de la rodilla lo mantuvo cinco meses alejado de los terrenos de juego. Liam Lawrence, centrocampista del Stoke City, se lastimó al caer encima de su perro. Carlo Cudicini y Julien Escudé también, al pasear a los suyos, y en 1969 el pastor alemán de un vigilante le mordió en el trasero a Friedel Rausch, del Schalke 04, durante el clásico contra el Borussia Dortmund. Pensemos también en Chic Brodie, quien fuera arquero del Brentford. Su carrera terminó prematuramente cuando chocó contra un perro pastor que se había colado en el campo. Brodie se destrozó la rótula mientras el animal atrapaba el balón. "Aunque fuese un ejemplar pequeño, resultó ser sólido", reflexionó el implicado.

Quizás los futbolistas no deberían trabajar cerca de animales o de niños en general. En el decenio de 1970, el noruego Svein Grondalen se quedó fuera de un partido con su selección a raíz de un accidente acaecido cuando había ido a correr. Chocó contra un alce. El centrocampista inglés David Batty recayó de una lesión en el tendón de Aquiles al ser atropellado por el triciclo de un niño pequeño, y el danés Allan Nielsen causó baja durante varios encuentros después de que su hija le golpease en un ojo.

El bricolaje y las tareas del hogar
Otra moraleja sería asimismo la de evitar las reformas domésticas. Charlie George, ídolo del Arsenal, se seccionó un dedo gordo del pie con un cortacésped, y nunca llegó a recuperarse por completo. El francés Grégory Coupet estuvo dos semanas convaleciente de un corte que se hizo en dos dedos al intentar instalar una estantería en su casa. El ex guardameta suplente del Liverpool Michael Stensgaard no tuvo más remedio que colgar los guantes por una lesión sufrida en un hombro al querer plegar una tabla de planchar. A los arqueros del otro equipo de la ciudad, el Everton, tampoco les ha ido mucho mejor. Richard Wright quedó fuera del segundo encuentro de los Toffees en la Copa de la FA contra el Chelsea por una insólita lesión durante el calentamiento. Ignoró un aviso de no ejercitarse bajo los tres palos y tropezó sobre la señal, torciéndose un tobillo. Wright se había dañado anteriormente un hombro, también durante su etapa en Goodison, al caer desde un ático mientras hacía las maletas.

Puede que el caso de los porteros sea especial. La carrera del internacional alemán Norbert Nigbur acabó cuando se desgarró el cartílago de un menisco, paralizándose de paso la rodilla, al levantarse de la mesa tras una comida en un restaurante de su país en 1980, y en 1975 el cancerbero del Manchester United Alex Stepney se dislocó la mandíbula gritando a sus defensas en un choque contra el Birmingham City.

Inclasificables
Algunas lesiones son demasiado extrañas como para ser incluidas en una categoría. Milan Rapaic llegó a perderse una vez el inicio de temporada con el Hajduk Split después de meterse una tarjeta de embarque en el ojo en el aeropuerto. Jugando al Scrabble, Lionel Letizi, del PSG, se hizo daño en la espalda por querer recoger una pieza del suelo, y Sascha Bender, del equipo de categoría regional Stuttgart Kickers, sufrió una lesión en la cara originada por una ventosidad. Su compañero Christian Okpala le pegó un puñetazo, y dio la siguiente explicación a la prensa: "Me estaba provocando permanentemente, al echar pedos todo el tiempo".

Los jugadores deberían prestar atención igualmente al modo en que celebran los goles. Tanto Thierry Henry como Marco Tardelli se golpearon en la cara con el banderín de córner después de marcar, y Perry Groves, suplente con el Arsenal, perdió una vez el conocimiento por darse en la cabeza contra el techo del banquillo al saltar en un tanto de su equipo. Pero es posible que la lesión más extraña relacionada con un gol fuese la sucedida en diciembre de 2004, cuando, tras ver puerta contra el Schaffhausen, el mediocampista del Servette Paulo Diogo se abalanzó sobre el público. Por el camino, se atrapó el anillo de bodas contra la valla y se desgarró la parte superior del dedo. Al árbitro no le pareció muy bien, y lo amonestó por excederse en la celebración. ¿Dijimos festejos? Inolvidable -e inentendible- resultó la fractura de Martín Palermo, a quien se le cayó una tribuna repleta de hinchas mientras celebraba un tanto del Villarreal.

David Beckham y Emerson, que compartieron vestuario en el Real Madrid, destacaron por las lesiones que protagonizaron. Beckham necesitó unos puntos encima del ojo izquierdo en 2003, después de que sir Alex Ferguson le tirase una bota tras la victoria del Arsenal en Old Trafford en la Copa de la FA. En la víspera del estreno de Brasil en la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002, contra Turquía, Emerson participó en una sesión de adiestramiento relajada y ocupó el puesto portero en una pachanga, con tan mala suerte para el capitán de la Seleção que se contusionó un hombro y se perdió el torneo, en el que su equipo se proclamó campeón.

Sin embargo, a pesar de todas estas tribulaciones, la lección para cualquier futbolista que lea estas líneas debería ser: si te lesionas, deja el tratamiento en manos de profesionales. En 2003, Darios Vassell se hirió al intentar operarse a si mismo un pie. Tenía un coágulo de sangre debajo de la uña del dedo gordo y utilizó un taladro para romper la uña y drenar la herida. Drenar este tipo de ampollas no es un procedimiento inhabitual, pero debe ser realizado por una persona cualificada, bajo condiciones de esterilización. Vassell empeoró las cosas y se provocó una infección, por lo que hubo de retirársele la mitad de la uña.

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