¡Son como niños!
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Son adultos de camino al trabajo, enfundados en camisas y corbatas caras, elegantes chaquetas de color crema, bombines y zapatos relucientes. Pero habrá que perdonarles que se revuelquen por la arena como chiquillos; no en vano, acaban de desembarcar en la playa de Montevideo después de una impresionante travesía de 15 días, que les ha llevado al otro lado del Atlántico.

Estos hombres son belgas y disfrutan de dos meses de baja remunerada en sus respectivos empleos, porque se han embarcado en un viaje impresionante para alcanzar la cúspide de una carrera a la que se dedican a tiempo parcial: representar a su país en la edición inaugural de la Copa Mundial de la FIFA™.

Los belgas abordaron el Conte Verde en Barcelona, junto con las selecciones de Rumanía y Francia, y Jules Rimet, el Presidente de la FIFA, quien portaba el trofeo en una maleta. El transatlántico italiano también hizo escala en Brasil para que subiera la selección brasileña de camino a Montevideo.

La alegría de los belgas a su llegada a la capital de Uruguay terminó pronto. El equipo de Hector Goetinick perdió por 3-0 ante Estados Unidos en su primer partido del Grupo 4, y quedó eliminado de la competición al sufrir una derrota por 1-0 a manos de Paraguay.

Bélgica participaría después en 10 de las 18 ediciones de la Copa Mundial de la FIFA. Obtuvo su mejor marca en México 1986, donde terminó cuarta. Sin embargo, Jean-Marie Pfaff, Eric Gerets, Jan Ceulemans y Enzo Scifo disfrutaron para entonces de la comodidad de cruzar el Atlántico en avión y en primera clase, en lugar de pasarse 350 horas metidos en un barco.