Un gesto simple, una gran aventura
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El mercado de fichajes europeo de enero acaba de cerrar sus puertas y, de cada operación, nos quedaremos con que un jugador ha cambiado de club tras rubricar su nombre al pie de un contrato. Un traspaso es tan sencillo como eso… o casi. Y es que a veces, desde el primer contacto hasta la firma, se produce toda una aventura. FIFA.com te cuenta algunas de las más sonadas.

La importancia de una servilleta
En una servilleta de papel. Ahí fue donde Lionel Messi firmó su primer contrato con el FC Barcelona, tras sus comienzos en Newell’s Old Boys. El pequeño zurdo, que tenía 13 años a finales del año 2000, impresionó a Carles Rexach, secretario técnico del club, quien tenía dificultades para convencer a la directiva blaugrana del fichaje de un jugador con problemas de crecimiento. Jorge, padre de Leo, y el representante Josep María Minguella se impacientaban, y plantearon la posibilidad de ofrecer al niño prodigio a otros equipos.

Horacio Gaggioli, ex jugador de Newell’s, hizo de intermediario y reunió a toda esa gente en torno a una mesa en el bar del Club Tennis Pompeia. Allí, todos llegaron a un principio de acuerdo, pero nadie se había acordado de traerse papel. Así que Charly Rexach echó mano de una servilleta y, antes de que se firmase el contrato oficial varias semanas después, escribió: “En Barcelona a 14 de diciembre del 2000, y en presencia de los Sres. Minguella y Horacio, Carlos Rexach, Secretario Técnico del F.C.B., se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas”. Doce años más tarde, Messi tiene cuatro Balones de Oro de la FIFA en su estantería, y ese documento insólito, celosamente guardado por Gaggioli, pronto irá a parar al museo del Barça. “Esta servilleta tiene el mismo valor para el museo que el acta fundacional de la entidad firmada por Joan Gamper”, considera.

En las filas del gran rival, el Real Madrid, la historia no cuenta lo que ocurrió ese mismo año con otra servilleta. En una gala de la UEFA celebrada en Mónaco, un tal Zinedine Zidane, entonces cerebro del Juventus, estaba sentado a la misma mesa que Florentino Pérez. El presidente madridista le echó cara al asunto y escribió en una servilleta: “¿Quieres jugar en el Real Madrid?”, y se la hizo llegar al francés. La respuesta fue escueta pero afirmativa por parte del campeón mundial en 1998 (y Jugador Mundial de la FIFA ese mismo año 2000), quien, no obstante, acababa de prolongar su contrato con la Vecchia Signora hasta 2005. Pero la maquinaria estaba en marcha, y Zizou acabaría fichando el verano septentrional siguiente por los Merengues por 73 millones de euros, un récord en aquel entonces.

Viajes complicados
Conseguir la firma del joven Samuel Eto’o resultó mucho menos oneroso para el equipo madrileño. En 1996, el delantero apenas tenía 15 años y llegó solo desde su Camerún natal al aeropuerto de Madrid-Barajas. El problema fue que Eto’o perdió su enlace en París, y el guía que había acudido a recibirlo a su llegada a España no se esperó al vuelo siguiente. “En pleno invierno, y sin conocer ni una sola palabra de español, estaba perdido, sin saber muy bien qué hacer”, contaba recientemente el goleador del Anzhi Makhachkala ruso. El cachorro de León, ya indomable por entonces, no perdió la cabeza y se dirigió al primer hombre negro que encontró, el cual le ayudó acompañándole en autobús hasta la sede del club.

Una aventura que recuerda a la que le sucedió a la leyenda maliense Salif Keita, a quien le ofreció un contrato el Saint-Etienne en 1967. Tras salir clandestinamente de Malí, la futura Pantera Negra llegó al aeropuerto de París sin avisar a sus nuevos directivos. Poco al tanto de la geografía francesa, el delantero interpeló a un taxista y le pidió que le llevara al estadio Geoffroy-Guichard de Saint-Etienne, situado… ¡a 500 kilómetros! El taxista se dejó convencer cuando Keita le aseguró que el club pagaría la carrera. Al final, el maliense compensaría a los Verdes dándoles 3 títulos de liga y 2 Copas de Francia, antes de ser traspasado al Olympique de Marsella.

El equipo marsellés, a su vez, lo tenía todo previsto en 1950 para recibir en la estación al sueco Gunnar Andersson, traspasado por el Kjøbenhavns Boldklub (o KB) danés. Todo salvo… ¡un secuestro! El periodista Raymond Gimel quería asegurarse la exclusiva del primer artículo sobre Andersson y deseaba vengarse del presidente del club, Louis-Bernard Dancausse, quien, descontento con sus artículos, le había prohibido el acceso a los jugadores. Así, Gimel envió un telegrama a Andersson pidiéndole que se bajara en la estación anterior (Avignon) para garantizarle una llegada discreta. El escandinavo obedeció las instrucciones y, a las 5 de la mañana, fue llevado a un hotel por el periodista, a quien concedió la primicia de sus declaraciones antes de quedarse dormido varias horas. Durante ese tiempo, en el andén de la estación de Marsella, el comité de bienvenida del OM esperaba impaciente, a caballo entre la preocupación y el enfado…

Confusiones y firmas múltiples
Aunque tardó en llegar, el delantero sueco sabía donde estaba poniendo los pies; algo que no parecía ser el caso del brasileño Robinho cuando dejó el Real Madrid por el Manchester City en 2008. “El último día del mercado de fichajes, el Chelsea me hizo una oferta magnífica y yo la acepté”, soltó el delantero en su presentación, a lo que un periodista replicó: “Querrás decir el Manchester City, ¿no?”. En su descargo, hay que decir que los Blues lo habían intentado todo para hacerse con sus servicios y, la víspera de su traspaso, aunque horas después su cuerpo acabase recalando en Manchester, Robinho proclamaba: “Sólo tengo la mente en el Chelsea”…

Otros brasileños que no se aclaraban mucho fueron Marcio Amoroso, en 2006, y Gustavo Nery, un año antes. Ambos sabían que estaban fichando por el Sport Club Corinthians, pero se hicieron un lío con el nombre de este club tan extendido, ya que hay ocho Corinthians diferentes en el estado de São Paulo. Así, mientras que Nery anunciaba su ambición de ganar títulos con el “Futebol Clube”, Amoroso expresaba su placer por jugar con la “Sociedade Esportiva”, apelativo que se asocia normalmente con el Palmeiras, el eterno rival del Timão.

Unos años antes, el alemán Bernd Schuster también podría haberse confundido perfectamente tras haber estampado su firma por doquier: a los 18 años, después de formarse en el Augsburgo, ¡el talentoso centrocampista había firmado por tres equipos diferentes! A riesgo de tener una agenda demasiado cargada, finalmente tuvo que renunciar al Borussia Moenchengladbach y al FC Augsburgo para elegir el FC Colonia en 1978, donde hizo maravillas antes de fichar por el FC Barcelona.

Sin duda, el conjunto catalán debió de comprobar minuciosamente que el Ángel rubio no hubiese cometido el mismo despropósito antes de comprometerse con ellos, para asegurarse de no revivir el doloroso episodio de Alfredo Di Stéfano. En 1953, el cuadro blaugrana negoció el traspaso del genio argentino con River Plate, que era su club antes de que, con motivo de la suspensión de la liga argentina, recalase sin autorización en el Millonarios de Bogotá. Por su parte, el Real Madrid llegó a un acuerdo con el equipo colombiano, por lo que la Saeta rubia acabó siendo propiedad al mismo tiempo de dos eternos rivales.

Para arreglar el conflicto, hizo falta la intervención de la FIFA, que designó como mediador a Armando Muñoz Calero. El ex presidente de la Federación Española de Fútbol decidió salomónicamente que Di Stéfano jugase con el Madrid en las temporadas 1953/54 y 1955/56, y con el Barça en los cursos 1954/55 y 1956/57. Una decisión que no satisfizo al equipo barcelonés, que finalmente revendió sus derechos sobre el jugador al rival histórico.

Más tarde, Don Alfredo fue elegido mejor jugador en la historia del club madrileño, pero ya había dejado su huella en los Millonarios de River Plate. El equipo de Buenos Aires, por cierto, debe ese apodo a uno de los traspasos más espectaculares de su historia. En 1932, el delantero Bernabé Ferreyra era uno de los mejores jugadores de Argentina con la camiseta de Tigre, que no quería desprenderse bajo ningún concepto de su joya. Sin embargo, el equipo de Victoria no pudo rechazar la oferta de los ambiciosos directivos de River, que se comprometieron a pagar el importe del traspaso… ¡con oro de verdad!

Eran otros tiempos y otras costumbres. Pero ocho décadas más tarde, en 2006, otro fichaje se cerró en Rumanía con un pago en especies y no en dinero. El Regal Hornia, club de cuarta división, se hizo con los servicios de Marius Cioara, defensa del UT Arad (equipo de segunda división). ¿El precio del traspaso? 15 kilos de salchichas de cerdo…