Todo futbolista sueña en secreto con entrar en la leyenda. Ganar la Copa Mundial de la FIFA puede ayudar, pero no es el único medio para conseguirlo. Aun cuando no hayan conquistado el máximo título, algunos jugadores han dejado una huella indeleble en la historia del fútbol al dar su nombre a un gesto técnico que sorprendió y encandiló a todos los apasionados del deporte rey.
Antonin Panenka es el ejemplo más claro de ello. El 20 de junio de 1976, en Belgrado, en la final de la Eurocopa, el centrocampista checo inscribió su nombre con letras de oro en los libros de historia. El destino del choque que enfrentaba a Checoslovaquia y a la RFA se decidía en los penales. Uli Hoeness falló su intento, y Panenka, a quien correspondía el último lanzamiento, tenía en sus botas la victoria de su equipo. El bigotudo jugador tomó carrerilla frente a Sepp Maier, amagó un potente disparo y, en el último momento, se contentó con tocar suavemente el balón para elevarlo. El portero alemán se tiró a su izquierda y vio cómo el esférico traspasaba lentamente la línea de meta…
Checoslovaquia se adjudicó su primer título internacional, Panenka reveló su genio ante el mundo y un nuevo término hizo su aparición en el vocabulario deportivo. "Estoy contento de haber dejado huella", reconoce con orgullo su inventor, treinta años más tarde. "Ese penal está asociado a mi nombre y me hizo famoso en Europa. Por otra parte, creo que jugué muchos otros buenos partidos, pero ese gesto los ocultó…", se lamenta con una sonrisa.
Once años después, fue otro guardameta del Bayern de Múnich, el belga Jean-Marie Pfaff, quien asistió en primera fila a una proeza técnica. En la final de la Copa de Europa de 1987, el conjunto bávaro cayó por 2-1 ante el Oporto, y un hombre irrumpió en todas las pantallas. A un cuarto de hora del final, el Bayern estaba tranquilo con un 1-0 a favor, pero el argelino Rabah Madjer entró en la leyenda al rematar con el talón un centro de Paulo Futre en el minuto 77. Había nacido el taconazo "a lo Madjer". Tres minutos más tarde, el delantero incluso asistió a Filho Juary para que éste anotase el gol del triunfo.
La magia brasileña
Brasil ha visto nacer a muchos magos del balón. A tal señor, tal honor, y Pelé es sin duda el futbolista que más sorprendió a los adversarios con sus proezas técnicas, al mismo tiempo que hizo las delicias de sus hinchas. Si bien, a diferencia de Panenka y de Madjer, O Rei no dio su nombre a ninguna jugada, dos hazañas han quedado asociadas para siempre con el brasileño. En México 1970, Pelé intentó marcar con un globo desde el círculo central frente a Checoslovaquia, y realizó un autopase sin tocar el balón ante el portero uruguayo. Dos toques de genio que dejaron boquiabierto a todo el planeta. El colmo de la ironía fue que no marcó en ninguna de esas acciones…
Su digno sucesor en la época actual se llama Ronaldinho. Futbolista hasta los tuétanos, con una técnica inigualable, el atacante del FC Barcelona y de la Seleção inventa regularmente nuevos gestos. Entre sus innumerables fantasías, el blaugrana ha hecho del pase a ciegas una de sus marcas de fábrica. Mirar a un sitio y enviar un pase al lado opuesto es una receta que ha desestabilizado a más de un defensor.
Y del mismo modo, ¿qué puede hacer el rival sino admirarlo cuando, en pleno partido, el brasileño controla un despeje en largo de su guardameta… con la espalda? Ya sea para él mismo, como contra el Espanyol en la temporada 2003/2004, o para un compañero, como ante el Sevilla unas semanas más tarde, Ronaldinho conjuga elegancia con eficacia. Este nuevo gesto lleva ahora el nombre de su creador: "espaldinha".
Otro toque genial del campeón del mundo de 2002 es su ya célebre "flip-flap", o "elástico", una desconcertante gambeta en la que encadena el exterior y el interior del pie a una velocidad ultrarrápida. 'Ronie' es modesto, y no quiere atribuirse la paternidad de esta acción fantástica. "Vi a Roberto Rivelino hacerlo primero", reconoce. "Pero la primera vez me salió de forma natural. Para que sea perfecto, el balón no debe despegarse del pie. Hay que estar en una situación de uno contra uno contra el defensa y tener espacio suficiente para salir". ¿Fácil, no?
Otra brasileño ilustre, Roberto Carlos, ha imprimido a los tiros libres su particular sello. La potencia de su pierna imprime una velocidad a los balones inigualable, con lo que ha creado un estilo propio.
Made in Marsella
En Francia, desde hace casi 15 años, el talento tiene un nombre: Zinédine Zidane. Tanto en sus sucesivos clubes como con la camiseta de los Bleus, el mejor jugador de la Copa Mundial de la FIFA 2006 multiplicó los pases milimétricos, los goles antológicos y las filigranas.
Pero, además de sus proezas en las dos finales mundialistas que disputó, la acción con la que se asociará siempre al marsellés es su famosa "ruleta", un ingenioso regate que consiste en eliminar al contrincante sin perder velocidad efectuando una rotación por encima de la pelota. Es una jugada en la que 'Zizou' se convirtió en maestro, y que los aficionados franceses bautizaron cariñosamente como "la ruleta marsellesa", en referencia a la ciudad natal del futbolista recién retirado.
En Marsella también vio la luz una expresión que pasó a la posteridad en el vocabulario del fútbol. A finales de los años 80 y principios de los 90, el delantero del Olympique de Marsella y de la selección francesa Jean-Pierre Papin marcó innumerables goles desde posiciones increíbles. Y lo hizo tan bien que las chilenas en los campos franceses se llaman ahora "papinades"…
Pocos aficionados colombianos habrán olvidado la acrobática y arriesgada maniobra con la que su ídolo, el portero René Higuita rechazó un disparo del inglés Jamie Redknapp mediante El Escorpión. En aquel partido entre selecciones disputado el 7 de septiembre de 1995, el guardameta lanzó su cuerpo hacia adelante y estando en el aire, levantó los ambos pies por detrás de su cuerpo para golpear el balón con la suela de las botas.
La volea mágica de Marco van Basten, el salto de la rana de Cuauhtémoc Blanco, las piernas de algodón de Bruce Grobelaar o el autopase de tacón de Fernando Redondo son otros ejemplos del genio creativo de los grandes. Sin embargo, algunos hubieran preferido no figurar en esta lista de inventores. En la final de la Eurocopa 1984, el portero español Luis Arconada dejó que un lanzamiento de falta de Michel Platini se le colase por debajo de la barriga, dando así la victoria a los Bleus. Más de veinte años más tarde, se sigue llamando "arconada" a cada error de este tipo…
A veces, un gesto basta para entrar en la historia...