Los seguidores de un club de fútbol se identifican con sus colores, su historia, su estadio y, a veces, con un apodo original. FIFA.com te propone realizar una vuelta al mundo en tres etapas, en busca de esos motes a menudo tan sorprendentes. El próximo lunes, volveremos con los sobrenombres de las selecciones nacionales y, una semana después, nos ocuparemos de los adjudicados a los jugadores.
La cuna del fútbol, Inglaterra, también es lógicamente la cuna de los apodos. Desde la elite hasta las divisiones inferiores, no hay equipo que no reciba su mote. Como no podía ser de otra forma, muchos de ellos se refieren al color de la camiseta. Sobre los terrenos de juego ingleses podemos encontrar todo un arco iris: los Reds (rojos) del Liverpool, los Blues (azules) del Chelsea, los Whites (blancos) del Leeds o los Skyblues (celestes) del Coventry.
Otros, más originales, han adoptado nombres de animales también inspirados en sus colores. Así, los jugadores del Newcastle, con su camiseta blanca y negra, reciben el sobrenombre de Magpies (urracas), mientras que los del Watford, con su uniforme amarillo y negro, son los Hornets (avispones) de la Premiership. Como los nombres de animales abundan en los clubes del Reino Unido, a veces asistimos a enfrentamientos zoológicos de lo más simpáticos. Un partido Leicester - Sheffield Wednesday se convierte siempre en una pelea de zorros (Foxes) contra búhos (Owls), mientras los gatos negros (Black Cats) de Sunderland les sacan las uñas a los lobos (Wolves) de Wolverhampton. Y, como el fútbol es así, resulta que muy a menudo el pez chico se come al grande.
Otros apodos están estrechamente ligados a la historia de la entidad, especialmente en el caso de clubes británicos nacidos en fábricas o empresas. Los dos ejemplos más claros se encuentran en Londres: el nombre Hammers (martillos) que reciben los del West Ham tiene su origen en los talleres de la empresa de construcción naval Thames Iron Works, donde las planchas de metal se manipulaban con ayuda de martillos; el de los Gunners (cañoneros) del Arsenal proviene de la fábrica de armamento, la Royal Arsenal Woolwich, donde trabajaban los obreros que fundaron el equipo a finales del siglo XIX. Hoy en día, en su emblema figura un cañón, y Thierry Henry enciende la mecha cada vez que marca un gol para el club londinense.
Los hinchas del Everton de la ciudad de Liverpool pueden vanagloriarse de poseer el apelativo más "dulce" del fútbol inglés. Los Toffees (como los caramelos) deben su nombre a la tienda de golosinas que se encuentra cerca del estadio de Goodison Park. Según la leyenda, cuando el equipo jugaba en casa, la propietaria de la tienda, la señorita Noblett, regalaba caramelos a los espectadores, que los disfrutaban una vez instalados en las gradas. Para terminar, debemos apuntar que el sobrenombre inglés más conocido en todo mundo, el de los Red Devils (diablos rojos) del Manchester United, se le ocurrió a Matt Busby después de ver en acción al Salford, un equipo de rugby.
Submarinos, colchones y galaxias
Los clubes españoles son más tradicionales en lo que respecta a sus apodos, que principalmente también vienen dictados por la lógica de los colores. Así se comprende fácilmente de dónde viene el nombre del Betis, los Verdiblancos , o el del Villarreal, el Submarino Amarillo . Sin embargo, para descifrar el apelativo del Atlético de Madrid hay que ser un poco más sutil. Conocidos por todo el mundo como los Colchoneros, los madrileños lucen desde siempre los colores blanco y rojo, asociados tradicionalmente en España a las antiguas fundas de colchón.
Otra originalidad de los clubes ibéricos es que, con frecuencia, reciben denominaciones temporales, relacionadas con un periodo determinado de su historia. Por ejemplo, el FC Barcelona es y será siempre el equipoblaugrana , pero las formaciones alineadas por Johan Cruyff en la década de 1990, o por Frank Rijkaard desde 2003, se han ganado el sobrenombre de Dream Team (equipo de ensueño) por la calidad de sus integrantes y su buen juego.
Del mismo modo, el Real Madrid, ganador de nueve Copas de Europa, siempre ha estado asociado al color blanco (Casa Blanca, Merengues ), pero la constelación de estrellas fichada bajo la presidencia de Florentino Pérez (Luis Figo, Zinédine Zidane, Ronaldo, Michael Owen, David Beckham, Roberto Carlos, Raúl o Robinho) hizo que los madridistas fueran conocidos en el mundo del fútbol como los Galácticos . Una anécdota que recuerda a la de otro Real, el Real Zaragoza, que durante la década de 1960 cambió durante diez años su apodo deBlanquillos por el de Magníficos, tras sus éxitos en la Copa del Rey (vencedor en 1964 y 1966, finalista en 1963 y 1965) y en la Copa de Ferias, la antecesora de la Copa de la UEFA (campeón en 1964 y finalista en 1966).
A la inversa, el espectáculo ofrecido sobre el césped, o fuera de él, puede acarrear la adjudicación de un apelativo poco deseable. En los años noventa, el Bayern de Múnich fue en ocasiones rebautizado como "FC Hollywood", mientras que el juego poco espectacular del Arsenal en la década de los ochenta le valió el triste título de Boring Arsenal (tedioso Arsenal). Pero los dos colosos hicieron olvidar rápidamente estos apodos cargados de ironía.
Sobrenombres elegidos y sobrenombres soportados
A veces, los nombres más originales nacen de las grandes rivalidades. Así, algunos clubes tienen un apelativo reivindicado por su propia afición y otro utilizado por los seguidores de los equipos rivales. Los mejores ejemplos se dan en Argentina donde, según muchos apasionados del fútbol, se disputa el derbi más "caliente" del mundo: River Plate - Boca Juniors. Los incondicionales del River se autodenominan Millonarios , un apodo aparecido en los años treinta cuando el club pagó con oro el fichaje del delantero Barnabé Ferreyra. Por su parte, los hinchas del Boca se llaman a sí mismos Xeneizes (genoveses) en referencia al origen italiano de los inmigrantes que fundaron el club.
Pero, cuando llega el superclásico de Buenos Aires, los calificativos que se oyen en las tribunas adoptan formas "más calientes". En boca de sus rivales, los Millonarios y los Xeneizes se convierten respectivamente en Gallinas y Bosteros (porque en el lugar donde ahora se levanta cancha de fútbol del club había antiguamente una fábrica de ladrillos, en la que se utilizaba bosta de caballo como materia prima). Ésta es una práctica que caldea los campos de fútbol de todo el país. Por ejemplo, en el derbi de Rosario, entre el Rosario Central y el Newell's Old Boys, los Canallas se enfrentan a los Leprosos…
Sin embargo, en Brasil, los apelativos de los clubes son mucho más amables y, a veces, de tan ingenuos, parecen cursis. O Timão (el equipazo) del Corinthians dedica el fino mote de Bambis a los jugadores de su eterno antagonista, el Tricolor del São Paulo; mientras que las hinchadas rivales llaman Papos (bocazas) a los del Juventude, porque, según dicen, hablan mucho pero hacen poco sobre el terreno de juego.
Desde los históricos a los francamente divertidos, los apodos de los clubes son muy variados. Los sobrenombres que reciben las selecciones nacionales también nos tienen reservadas muchas anécdotas interesantes. Descúbrelas en FIFA.com, el próximo lunes 5 de febrero en el siguiente capítulo de esta serie