No hay que dar muchas vueltas para ganar un partido de fútbol. Basta con marcar un gol más que el contrario. El problema se complica cuando se trata de encontrar la manera de poner en práctica ese principio. Los entrenadores son unánimes al respecto: alinear a muchos delanteros no garantiza una plétora de goles. Son la viveza y el buen entendimiento los que marcan la diferencia.
El mejor ejemplo se encuentra este año en España. Si bien al principio de la temporada se podía haber apostado por el poder de los pares de ases Eto'o-Ronaldinho y Van Nistelrooy-Raúl, ahora hay que mirar más al norte para descubrir la pareja de ataque que está arruinando las defensas del país. El Racing de Santander ha encontrado la solución perfecta para sacudir las mallas contrarias asociando al gigante serbio Nikola Zigic (2.02 m) con el menudo ex internacional español Pedro Munitis (1.67 m).
Tan atípica como eficaz, la sociedad santanderina funciona a las mil maravillas y lleva ya inscritos 13 goles en liga (9 de ellos del serbio). "Son dos jugadores cuyas cualidades se complementan a la perfección", señalaba Gregorio Manzano, técnico del Mallorca, antes de recibir en su feudo al Racing el pasado diciembre. "En el juego aéreo, en el uno contra uno, y sin conocerse, ya hacen maravillas". Cuatro meses más tarde, ambos arietes dan la impresión de haber jugado juntos toda la vida. Zigic aprovecha los movimientos de Munitis para ensartar sus goles. Y viceversa: cuando el serbio no marca, acapara la atención de los defensas y abre espacios para la embestida de sus compañeros, sobre todo del santanderino.
Siguiendo la estela de su impar dúo, el Racing ha trocado su tradicional traje de aspirante a la permanencia por el de pretendiente a los puestos europeos. A ocho jornadas del final del campeonato, los racinguistas ocupan el séptimo puesto de la tabla. Si mantiene esa altura al final del ciclo, habrá batido su propio récord, un octavo puesto que data de 1936. Pero una pareja ofensiva como ésa tampoco se ve muy a menudo.
Los seguidores del Manchester United, por su parte, pueden jactarse de haber visto campar por sus fueros a grandes delanteros, desde George Best a Wayne Rooney, pasando por Mark Hugues o Cristiano Ronaldo. Sin embargo, en su rica historia, los Diablos Rojos raras veces conocieron a una pareja de delanteros centros tan eficiente y bien avenida como el dúo compuesto por Andy Cole y Dwight Yorke en la temporada 1998-1999. Autores entrambos de 35 goles en la División de Honor inglesa, los dos colegas martirizaron igualmente a las zagas europeas, y al término del ejercicio levantaron tres trofeos: la Liga de Campeones, la Liga nacional, y la Copa de Inglaterra.
Cuadrados mágicos
Aunque no hay duda de que el dúo siempre ha estado de moda en todo el planeta fútbol, el cuarteto goza asimismo de buena reputación. Por ejemplo, cuando la selección de Hungría era considerada como la mejor del mundo, antes de su derrota en la final de la Copa Mundial de la FIFA 1954 ante Alemania, se lo debía principalmente a un cuadrilátero de vanguardia rebosante de talento. Zoltan Czibor, Nandor Hidegkuti y Sandor Kocsis eran los lugartenientes del "Comandante Galopante", Ferenc Puskas.
Entre los cuatro, escribieron las páginas más bellas del balompié húngaro, mientras cosechaban el título de campeón olímpico en 1952, accedían a la final de la Copa Mundial y, sobre todo, se granjeaban el reconocimiento universal de todos los amantes del buen juego. Hungría no volvió a conocer semejante apogeo, pero tres de los cuatro vértices de su línea ofensiva hicieron durante muchos años las delicias del Real Madrid (Puskas) y del Barcelona (Czibor y Kocsis). Hidegkuti, en cambio, pasó toda su carrera en clubes húngaros.
La tornadiza magia, sin embargo, abandonó a la selección magiar a finales de los cincuenta, y se fijó treinta años después en el equipo de Francia. Durante la Copa Mundial 1982, el seleccionador galo Michel Hidalgo alineó a cuatro centrocampistas de talante ofensivo (Michel Platini, Alain Giresse, Jean Tigana, Bernard Genghini), sin saber que estaba revolucionando el fútbol de los tricolores. Es cierto que los Bleus cayeron en semifinales de la competición, pero lo trascendental fue el nacimiento del Cuadrado Mágico. Dos años más tarde, Luis Fernandez sustituyó a Genghini, y la fórmula surtió efecto. Los Bleus se adjudicaron la Eurocopa de 1984 antes de subir dos años después al tercer podio del torneo mundialista en México.
Por ironías del destino, ni la generación dorada de la Hungría de Puskas ni el cuarteto de artistas de la Francia de Platini conquistaron la Copa Mundial. La banda de Zinedine Zidane repararía ese error de la historia en 1998 para mayor gloria de Francia, pero Hungría sigue esperando.
Una máquina de hacer goles
Si con cuatro jugadores de mentalidad atacante la apuesta es arriesgada, qué decir entonces del club argentino River Plate, que en los años cuarenta revolucionó el deporte rey al alinear un quinteto de vocación ofensiva. En junio de 1942, en un partido disputado frente al Platense, saltaron al césped por primera vez los Millonarios Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Angel Labruna y Félix Loustau. Eran cinco arietes de impresión, dotados de una técnica impecable, y de una pericia extrema de cara a la portería. El espectáculo que dieron aquel día fue tal que el periodista de la revista deportiva El Gráfico Eduardo Borocoto afirmó haber visto jugar a "una máquina".
Con el entrenador Renato Cesarini al mando, los cinco solistas de "La Máquina" formaron una orquesta que marcó el compás del fútbol argentino durante casi un decenio. Los clímax de la sinfonía de los Millonarios fueron los títulos de campeón de liga en 1942 y 1945. En los dos años que median entre esas fechas, quedaron subcampeones. Labruna, el artillero jefe de esta prolífica formación, hizo 102 dianas vistiendo los colores de River. Pedernera, Loustau, Muñoz y Moreno marcaron respectivamente 66, 41, 39 y 28.
No contenta con hacer soñar a sus propios seguidores, "La Máquina" sedujo a sus más acérrimos adversarios. Así, por ejemplo, a la conclusión de un encuentro disputado en 1942 contra el eterno rival, Boca Juniors, el mediocampista de Boca Ernesto Lazati no pudo contener su admiración: "Se puede jugar contra la 'La Máquina' con la intención de ganar. Pero, como apasionado del fútbol, preferiría ver el partido desde la grada para disfrutar del juego".
A imagen de "La Máquina" argentina, son numerosas las estrategias de ataque que han saltado a los titulares al tiempo que hacían soñar a los espectadores. Pero la palma de las combinaciones audaces se la lleva sin duda Rinus Michels, entrenador del Ajax de Amsterdam y de la selección de Holanda. Fallecido en 2005, el técnico holandés pasará a la historia como el inventor del "Fútbol Total", un sistema de juego en el que todo el mundo defiende y todo el mundo ataca.