Valbuena: "Hoy Francia es un equipo más solidario"
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Durante mucho tiempo, la trayectoria de Mathieu Valbuena se describió como un cuento de hadas. Fue rechazado por la cantera del Burdeos debido a su escasa estatura, y después pasó, en pocos meses, de la quinta división a la Liga de Campeones de la UEFA y, posteriormente, a la Copa Mundial de la FIFA™. Su gran salto se produjo en 2006, cuando fichó por el Olympique de Marsella, procedente del Libourne Saint-Seurin.

Lo que vino luego no fue un camino de rosas. Valbuena encadenó altibajos tanto en su club como en la selección. Con el equipo provenzal, se proclamó campeón de liga en 2010, y dos años más tarde vivió una temporada de pesadilla. En las filas de los Bleus, sigue siendo convocado, aunque pocas veces sea titular. No obstante, 2012/13 podría suponer el ejercicio de la consagración para este mediapunta de 28 años. El Marsella figura en la zona alta de la Ligue 1, y la selección francesa ha empezado con buen pie la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™. ¿Qué tienen en común ambas campañas? Un Valbuena en su mejor momento, y que ha concedido una entrevista a FIFA.com.

Mathieu, el Olympique de Marsella acaba de regresar a los terrenos de juego tras la pausa invernal. ¿Cuáles son los objetivos para lo que queda de temporada?
Lo más importante para nosotros es dar continuidad a lo que hicimos bien antes de la pausa. Queremos seguir en la misma línea, y mantener la regularidad en nuestro desempeño, algo que hasta el momento no hemos hecho. Aunque la primera vuelta haya sido buena, ahora hay que confirmarlo, porque antes de la pausa tuvimos dos reveses en casa, contra Lyon y Lorient. Hay que conservar la regularidad y el estado de ánimo que hemos tenido últimamente, y seremos aún mejores.

Aunque pocos lo esperaban, el Marsella figura en lo más alto de la clasificación, junto a París Saint-Germain y Lyon, con menos recursos y un plantel más reducido que en las temporadas anteriores. ¿Al equipo le conviene esa condición de invitado sorpresa?
Nos las hemos arreglado con lo que tenemos, y no nos ha ido muy mal. Nadie nos ha regalado los puntos. Es cierto que, al principio de la temporada, pocos habrían apostado por que estuviésemos tan arriba a estas alturas de la liga. Pero yo prefiero que se hable del PSG y del Lyon y que nos dejen ir a lo nuestro, sin prisa pero sin pausa. Aunque hayamos dejado escapar puntos tontamente, seguimos estando ahí, incluso hemos podido hacerlo mejor. No me gusta leer que no merecemos estar arriba. El Marsella es un club muy popular y muy exigente, que cada año se marca como obligación disputar la Liga de Campeones. El año pasado hicimos una temporada catastrófica, indigna del Marsella. Este año, estamos empeñados en acabar entre los tres primeros, y regresar a la Liga de Campeones. Si estamos ahí es porque lo merecemos.

¿Ya han hablado del título entre ustedes?
No hablamos de eso, porque todavía queda mucha liga, queda mucho camino por recorrer y quedan muchos puntos por sumar. Pero, como es lógico, en el club todo el mundo sueña con poder volver a ser campeones. Somos conscientes de que, al encadenar victorias y estar en lo más alto de la tabla, en Marsella surge enseguida el entusiasmo, y ya nos ven campeones. Y, al revés, cuando perdemos dos partidos pasa a ser un desastre. Por lo tanto, hay que mantener los pies en el suelo y saber que somos capaces de competir por el título, pero no entusiasmarnos demasiado, sobre todo al estar todavía tan lejos de la línea de meta. Sobre todo, lo que tenemos es que volver a la Liga de Campeones.

Usted juega en el Marsella desde 2006. ¿Recuerda su llegada, cuando unos días antes estaba en la categoría National y se entrenaba aún con amateurs?
Lo recuerdo como si fuese ayer. Me brillaban los ojos, me sentía un poco intimidado por ese mundo. Estaba con las estrellas que tan solo unos meses antes veía por televisión. Estaban Franck Ribéry, Djibril Cissé, Samir Nasri, Boudewijn Zenden. Todos internacionales. Es difícil hacerse un hueco en un grupo así. Pasé por novatadas, normales en un vestuario, claro, pero que también me curtieron. Yo venía de la división National, era alguien insignificante. Tenía que demostrar mi valía. Descubrí el fútbol profesional, un entorno bastante particular, en el que a veces cada uno tiene que arreglárselas solo, en el que todos quieren imponerse, y todavía más en Marsella. Era yo quien tenía que abrirme a ellos, y la mejor forma de hacerlo era dentro de la cancha.

Desde hace varias temporadas, usted es uno de los mejores futbolistas franceses, al mantener la regularidad en sus actuaciones y estadísticas. Sin embargo, existe la impresión de que todavía tiene que demostrarlo. ¿Esta situación le molesta?
Hace poco ha empezado a cambiar. Pero no se puede pretender que todos piensen lo mismo de uno y ser apreciado por todo el mundo. Trato de ser lo más regular posible con el equipo y con la selección, ser decisivo y ganar títulos. Puede que eso no cambie mi imagen, pero es lo que yo deseo. Conmigo hay exigencia. Por lo tanto, en algún aspecto, es algo positivo. Quiere decir que la gente sabe de lo que soy capaz, que tiene la impresión de que puedo hacerlo mejor. Esa exigencia me sirve para elevar el nivel de juego en cada partido y no conformarme con los logros.

En la selección francesa, usted suele rendir en los partidos importantes. Así ocurrió contra Alemania e Italia en 2012, en el partido de referencia de la etapa de Laurent Blanc en Bosnia-Herzegovina en 2010, contra Inglaterra en Wembley en 2010. Aun así, los seleccionadores que ha tenido nunca lo han considerado titular. ¿Cómo lo explica?
Ya lo sé, y será siempre así durante toda mi carrera. Tengo que demostrar más que los demás. Pero cuando se piensa que el listón está demasiado alto para mí, lo supero. Cuando se cree que estoy vencido, respondo. Son cosas que me motivan todavía más. No me lo explico, pero soy consciente de que tengo mucho menos crédito que algunos. Es así. Lo acepto, y eso hace que me alegre mucho más de mi éxito. Sé que no me van a hacer regalos. Al principio, me preocupaba, y me perjudicó preguntarme siempre “¿por qué yo?”. Pero lo he aceptado, y ahora me motiva todavía más.

Todos los entrenadores dicen que siempre tienen la puerta abierta. ¿Le pidió explicaciones a Raymond Domenech o a Laurent Blanc, con los que fue suplente en Sudáfrica 2010 y en la Eurocopa 2012?
Yo no soy de los que van a quejarse al entrenador. Para mí, el entrenador es un profesor que sabe más que yo y que me enseña cosas en el entrenamiento. Así que no adopté ese enfoque. En el Mundial, se trataba de un contexto particular, y yo era nuevo, así que resultaba un poco difícil reclamar nada. Pero en la Eurocopa 2012 había participado en los clasificatorios y en la preparación, y todo había ido bien. Me sorprendió, me decepcionó, incluso llegué a enfadarme, porque no lo comprendía. Pero preferí no hablar en caliente, para no lamentar lo que habría podido decir. Mi manera de responder fue el trabajo. Ahora la situación ha cambiado, me dan oportunidades con los Bleus. Me beneficia poder jugar con Didier Deschamps, que me conoce bien. En Italia [victoria de Francia por 1-2, con un gol de Valbuena] confió en mí. Ahora depende de mí mantener la regularidad para que sigan dándome oportunidades.

Usted estuvo en la Copa Mundial y en la Eurocopa 2012, y actualmente está participando en la competición preliminar de Brasil 2014. El equipo actual, con estos jugadores y este entrenador, ¿es el mejor de los tres?
En el Mundial, ¡había jugadores sensacionales! En mi opinión, es la selección francesa más potente de las tres que yo he conocido, y fue una de las mejores en Sudáfrica. Pero cuando los resultados no acompañan y hay tensión dentro de un plantel, es difícil explotar las cualidades. Se produjo el error del autobús [ndlr: los Bleus se declararon en huelga de entrenamiento, y se negaron a bajar de su autocar], y muchas peripecias que acabaron malográndolo. Ahora, el equipo no tiene esas mismas individualidades, pero existe un objetivo, que es estar en Brasil. Vemos a un equipo solidario de verdad, en el que jugamos los unos por los otros, con una meta común. Estamos en el buen camino, en cuanto a juego y estado de ánimo, y hay que seguir así.

Al regresar de Sudáfrica, ¿tuvo miedo de no volver a vestir los colores de la selección?
Claro, por todas las repercusiones que tuvo en Francia. Nosotros, al estar allí, estábamos un poco aislados de todo aquello. Cuando nos dimos cuenta de lo que había ocurrido en casa, me dije que habíamos cometido un error, y que quizás fuese a costarme mi futuro con la selección. No estoy seguro de que, en la misma situación, volviésemos a hacer la misma tontería. Esperamos enmendarlo en Brasil. Para cualquier jugador, será excepcional vivir un Mundial en este país que vive y respira a través del fútbol. Esta vez, no desperdiciaremos la ocasión.

En su grupo clasificatorio, ha tenido que enfrentarse a España, el país de sus raíces. ¿Ese encuentro tuvo un sabor especial?
Claro que sí. Toda mi familia es española, y desde siempre he apoyado a España. Estoy muy feliz de verlos en estos momentos, es una selección formidable. Cuando jugamos contra ellos, mis padres estaban en las gradas. Fue especial, sobre todo para mi padre, ver a su hijo jugar contra su país. Pero para mí, dentro del campo, mi único objetivo era ganarles.

Al ver el estilo de juego español, con jugadores pequeños, dinámicos, técnicos, ¿no piensa que es el juego perfecto para usted, y que nació en el lado equivocado de los Pirineos?
(Risas) Es cierto que el fútbol español es muy atractivo, de verdad. Por mis orígenes, admiro por naturaleza a España y su fútbol. Las características de los jugadores y el estilo de juego están hechos para mí. Es una liga que me atrae mucho.

Con el nuevo año, llega el momento de los buenos propósitos. ¿Qué le pide a 2013?
Salud, es lo más importante. Después, muchos éxitos deportivos, es decir, un sueño: volver a ser campeón de la liga francesa con el Olympique de Marsella. Y conseguir la clasificación directa para el Mundial.