Lógicamente, la competición de fútbol más antigua del mundo, que vio la luz en 1871, ha vivido a lo largo de su extensa historia un buen puñado de grandiosos y gloriosos momentos. Entre ellos, si pudiese hablar, la FA Cup se quedaría seguramente con un choque de los octavos de final de la edición de 1999 como uno de sus recuerdos más emotivos. El Arsenal salió vencedor del mismo, pero fue el propio fútbol el que celebró una bonita victoria.

El 23 de febrero de 1999, hace exactamente 15 años, los Gunners se enfrentaban al Sheffield United por segunda vez en diez días; algo que ocurre a menudo en la Copa de Inglaterra, cuyo reglamento prevé un encuentro de desempate en caso de firmarse tablas en la eliminatoria a partido único. No obstante, al término del primer choque, el marcador reflejaba un 2-1 para el cuadro londinense… Y lo que originó ese reencuentro no fue precisamente la “magia de la Copa”; todo lo contrario.

El resultado era de 1-1 el 13 de febrero en Highbury cuando Alan Kelly, el portero del Sheffield (que entonces militaba en segunda división), echó el balón fuera de banda para permitir que las asistencias acudiesen a atender a su compañero Lee Morris, que seguía tendido en el suelo por la jugada anterior en la otra punta del campo. Ray Parlour sacó de banda para los Gunners con la intención de devolver el balón al rival, como marca la cortesía en una situación semejante. Pero Nwankwo Kanu estaba en la trayectoria del balón y, sin comprender demasiado lo que estaba pasando, centró para Marc Overmars, quien, a su vez, también parecía claro que se había perdido algo, y empujó el balón a la portería vacía. Extraño debut el del nigeriano Kanu, recién llegado del Inter de Milán, y que se estrenaba en el fútbol inglés en aquella ocasión…

Un regusto amargo
Muy a su pesar en esa delicada situación, el árbitro Peter Jones dio validez al tanto, pues los Gunners no habían infringido ninguna regla del juego. Faltaban diez minutos por jugarse. Steve Bruce, entrenador de los Blades, estaba furioso en su banquillo y, por un momento, se planteó ordenar a sus jugadores que abandonasen el césped. Finalmente, el juego se reanudó y el partido acabó con tensión y, por parte de ambos bandos, con un regusto amargo. Demasiado amargo para la boca de Arsène Wenger, el entrenador del Arsenal, quien, tras el pitido final, propuso volver a jugar el encuentro en su totalidad. “Es lo único que puedo hacer; intento reparar un accidente”, justificó entonces el técnico francés, asegurando acto seguido que “Kanu, al igual que todo el equipo, está muy triste por este desenlace”.

Wenger sabía que a su equipo, defensor del título, inmerso en la lucha por ganar la liga y también en liza en Europa, le esperaba un calendario saturado. Sin embargo, movido por el Fair Play, cargó voluntariamente a sus hombres con un encuentro adicional, respondiendo de paso a las críticas de la época, que insistían en las tarjetas, las sanciones y el juego duro que, durante mucho tiempo, iban unidas indisolublemente a la reputación del equipo londinense. “El Arsenal no es así. Nosotros queremos ganar todos nuestros partidos, pero nadie ha hecho trampas deliberadamente”, aseguraba el entrenador galo a posteriori.

La Asociación Inglesa de Fútbol y la FIFA aceptaron la propuesta y la reedición del encuentro se disputó el 23 de febrero, para gran satisfacción de Bruce; aunque el técnico de los Blades no se imaginaba otra salida que no fuese volver a jugar el partido. “Creo que lo que se ha pasado por alto, lo cual es realmente triste, es que estábamos a 12 o 13 minutos de jugar un replay de todas formas”, recordaba el ex defensa del Manchester United entre los dos partidos. “Los jugadores lo dieron todo, y merecían ese segundo partido”. Y es que, aunque el francés Patrick Vieira había adelantado a los locales en el primer tiempo, el brasileño Marcelo empató luego e, incluso, el Sheffield había rematado al poste antes del desgraciado incidente.

Para la pequeña historia, el segundo partido se saldó también con un 2-1, sin ninguna controversia esta vez. Este 23 de febrero de 2014, 15 años después, Arsène Wenger sigue ocupando el banquillo de los Cañoneros, con los que ha engordado considerablemente su currículo; incluida una línea que menciona el premio al Fair Play de la UEFA, recibido aquel año por ese gesto de caballero.