Imaginemos una situación en la que jugar al fútbol suponga un acto de rebeldía, una declaración de libertad personal: es exactamente la que viven muchas jóvenes de Camboya, donde está mal visto que practiquen cualquier deporte. Un grupo llamado Mighty Girls ("Chicas Poderosas"), que forma parte de la organización comunitaria orientada al fútbol SALT Academy (Sports and Leadership Training, “Formación deportiva y de liderazgo”), con sede en Battambang, procura cambiarla y brindar seguridad y confianza a una juventud menesterosa.

Linda Choeun recibió insultos cuando empezó a jugar al fútbol, a los 15 años, y acabó siendo expulsada de su hogar. Un viaje a Sudáfrica durante la Copa Mundial de la FIFA 2010™ para asistir al Festival Football for Hope, le permitió iniciar una nueva vida, y la inclusión en el programa de Mighty Girls le ofreció un nuevo rumbo. Ahora tiene 22 años, estudia inglés en la universidad y trabaja a tiempo completo para contribuir a la organización que le ha ayudado.

“SALT y Mighty Girls me proporcionaron educación y habilidades para la vida, así que he sido una gran beneficiaria. He podido convertirme en líder, árbitra, entrenadora y maestra para chicas que han atravesado situaciones similares. He tenido la ocasión de viajar a otros países para aprender cosas nuevas y ayudar a la organización a progresar”, explica Choeun acerca de su trayectoria.

Este proceso consistente en ayudar a jóvenes en situaciones de riesgo, ejercer de tutoras suyas y lograr que ellas mismas puedan echar una mano a otras es el objetivo de Sam Schweingruber, quien fundó SALT en 2006. “Queremos que las chicas crezcan y jueguen en primer lugar, luego que tengan una oportunidad de trabajar, y así sucesivamente. Les queda un largo camino por recorrer, y necesitan apoyo, de modo que hay que tener paciencia. Mi sueño es que SALT Academy llegue a estar gestionada u organizada y apoyada en todos los niveles básicamente por tituladas de Mighty Girls”, señala este maestro y entrenador nacido en Suiza.

Schweingruber considera la progresión de Choeun un ejemplo de lo que puede ocurrir para mejorar las bases de la igualdad de género y el combate contra la pobreza en el país del sudeste de Asia. “[Linda] es un modelo, un ejemplo de cómo queremos que salgan las cosas. Pero somos perfectamente conscientes de que esto no es más que un paso, y de que todos nuestros chicos y chicas necesitan mucho más apoyo para llegar a adquirir una base sólida. Sólo entonces podrán desarrollar las cualidades que les ayudarán a contribuir a un cambio en Camboya”.

Un progreso lento pero constante
Para Schweingruber, Mighty Girls forma parte de un largo proceso de desarrollo del fútbol como instrumento de ayuda social en Camboya. Él ha sido jugador y entrenador, y ha ganado dos títulos de liga con el Phnom Penh Crown. El programa más importante de SALT es una liga de fútbol que combina los entrenamientos con talleres de habilidades para la vida, formación profesional y participación comunitaria. Pero el trabajo en el desarrollo de las mujeres ha adquirido una significación especial para él y para la organización.

“En 2007 les pregunté a mis voluntarios y al personal qué les parecería tener algunos equipos femeninos en la liga, para empezar a jugar, a modo de diversión, y su reacción me hizo entender que trabajar con las chicas era algo fundamental para que mi misión en Camboya siguiese siendo importante. No tardé en dejar de entrenar a chicos, y ya llevo muchos años trabajando únicamente con chicas”, afirma Schweingruber, que luego organizaría y dirigiría a las selecciones nacionales camboyanas femeninas de distintas categorías. Las jugadoras de Mighty Girls se convirtieron en puntales de esos equipos, aunque el desarrollo haya sido lento.

Aun así, SALT y Mighty Girls siguen avanzando, y ofrecen refugio a más de treinta chicas, entre ellas unas doce que viven en un hogar comunitario y reciben comidas y educación adicional, además del entrenamiento futbolístico y la preparación para la vida. La propia Choeun, un ejemplo de éxito, se inspira en las muchachas que la rodean. “Las Mighty Girls son modelos que ayudan a cambiar la mentalidad de los padres y de la sociedad acerca de las niñas. Cada vez veo a más niñas en Camboya participar en el fútbol y en la educación. Es un gran cambio”.

A todas luces, Schweingruber sabe que todavía queda mucho trabajo por delante, pero sus progresos invitan al optimismo. “En las categorías juveniles, hay muchísimas jugadoras interesadas y hay más partidos, pero para conseguir que alcance un nivel más serio se necesitan clubes interesados y una liga. [Fuera de las canchas] hemos visto cómo nuestras jóvenes líderes tienen cada vez más confianza y entienden mucho mejor el mundo, sus problemas y el potencial de desarrollo del fútbol”, concluye.