Definitivamente, el guardameta es un jugador singular y solitario: se pasa la mayor parte de los partidos recluido en su área, lejos de la acción; se entrena aparte; no luce la misma camiseta que sus compañeros; y puede usar las manos en un deporte cuya esencia misma, por no hablar del nombre, es el juego con los pies.

Esta soledad resulta mucho más evidente al hablar de premios. En el palmarés del Balón de Oro de la FIFA, y de su antecesor, el Mejor Jugador Europeo, el puesto de arquero también es cosa de uno. Y es que en 57 ediciones, sólo uno ha recibido el codiciado galardón.

En 1963, Lev Yashin cosechó finalmente los frutos de años y años de éxitos bajo los tres palos, en especial en los lanzamientos desde el punto penal, de los que atajó 150 a lo largo de su trayectoria. "La sensación de ver a Yuri Gagarin volar en el espacio es sólo superada por el disfrute de parar un penal", explicó con humor la Araña Negra, en referencia al logro en solitario de su compatriota, el primer hombre en viajar al espacio (1961).

Además de su fórmula para abordar las grandes citas, que aún no sabemos si tomarnos en serio, "la clave es fumar un cigarrillo para calmar los nervios y después tomar un buen trago de alguna bebida fuerte para tonificar los músculos", el legendario cancerbero del Dynamo de Moscú creó escuela gracias a una motivación fuera de lo normal y a su feroz autocrítica. "¿Qué tipo de portero no se siente atormentado por el gol que ha concedido? ¡Debe estar atormentado!", aseveró el campeón olímpico en 1956 y de Europa en 1960 con la Unión Soviética. "Y si está tranquilo, es el fin. Poco importa lo que haya hecho en el pasado, ya no tiene futuro".

Cierto que tras recibir la distinción suprema, el porvenir de Yashin no le deparó ninguna otra recompensa individual de gran calado, aunque sí le reservó un lugar en la posteridad. Un gran arquero declaró en aquella época: "No ha habido más que dos guardametas de talla mundial. Uno fue Lev Yashin, el otro aquel chaval alemán que jugaba en Manchester". El alemán en cuestión era el emblemático Bert Trautmann, que militó en las filas del Manchester City de 1949 a 1964, y el autor de esta afirmación no fue otro que el propio Lev Yashin.

Consuelo para Zoff, no tanto para Viktor
Tras colgar las botas en 1970, el ruso tuvo que reconsiderar su aserción, porque en 1973 otro cancerbero se coló en el podium final. Dino Zoff quedó segundo después de 21 meses, o lo que es lo mismo 1.142 minutos, sin recibir ni un solo gol en contra con su selección. El vencedor en aquella edición fue Johan Cruyff, que conquistó para el Ajax su tercera Copa de Europa al derrotar en la final al Juventus de Zoff (1-0). Quizás el italiano podría haber unido su nombre al de Yashin si el resultado hubiese sido el mismo, pero a la inversa.

De todas formas, inscribió su nombre con letras de oro en la historia del fútbol al alzarse con la Copa Mundial, a la edad de 40 años, en 1982. Aquel año podía haber aspirado al Balón de Oro tras haber ganado su sexto Scudetto con la Vecchia Signora. No obstante, los laureles se los llevó su compañero Paolo Rossi, autor de seis goles en España 1982, por delante de Alain Giresse y Zbigniew Boniek, también del Juventus y delantero. Prueba fehaciente de que los atacantes son más proclives a llevarse la gloria.

Sin embargo, en 1976 el checo Ivo Viktor dio la vuelta a la tortilla. Mientras que el nombre de Antonin Panenka ha permanecido en la memoria colectiva por su legendario lanzamiento penal en la final de la Eurocopa de ese año, fue el meta checoslovaco el que quedó tercero en la pugna por el Balón de Oro. Como consolación, cabe destacar que el ganador no fue, por una vez, un delantero, sino un defensa, que además había caído en la final continental a manos de Viktor y los suyos: Franz Beckenbauer.

Un gran honor
El alemán Oliver Kahn igualó a Viktor en la tercera plaza, pero a diferencia del checo, e incluso de Zoff o Yashin, es el único que ha ocupado el podium en dos ocasiones, en 2001 y 2002. El segundo año también estuvo entre los tres mejores del premio al Jugador Mundial de la FIFA, creado en 1991, junto a Ronaldo y Zinedine Zidane. "Son dos jugadores magníficos que han demostrado su clase en repetidas ocasiones y que son capaces de dar la vuelta a un partido. Por eso, estar nominado para el galardón junto a semejantes figuras resulta incluso más halagador", comentó en su día el arquero de la Mannschaft. "Es un gran honor, es verdaderamente extraordinario, y más si tenemos en cuenta que para un guardameta es dos o tres veces más difícil ser elegido".

No será Gianluigi Buffon quien le lleve la contraria. El italiano se hizo un hueco entre artistas como Thierry Henry, Zidane, Ronaldinho o Samuel Eto’o para convertirse en el primer cancerbero en el podio del Balón de Oro. Fue en 2006. Su ejemplar trayectoria en la Copa Mundial le permitió subir hasta el segundo escalón, por detrás de su capitán, Fabio Cannavaro.

"No hay títulos sin un gran arquero", aseguró al micrófono de FIFA.com Oliver Kahn durante la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010. "Es prácticamente imposible ganar, a no ser que tengas un equipo tan extraordinariamente bueno que pueda compensar sus carencias. Por lo tanto, es una posición fundamental para decantar la balanza, ya sea a favor o en contra". En Sudáfrica, el de Alemania fue Manuel Neuer. Entonces mordió el polvo en semifinales, pero tres años después, el portero del Bayern de Múnich se acordó de las enseñanzas del maestro al adjudicarse el triplete: la Bundesliga, la Copa y la Liga de Campeones de la UEFA.

Un rendimiento que le ha hecho entrar a formar parte de los nominados al FIFA Ballon d'Or 2013. Pero, como prueba de que para los guardametas la competición es una carrera en solitario, Neuer es el único de los 23 aspirantes que lleva guantes.