Una lesión de rodilla mantiene en estos momentos a Hamit Altintop en el dique seco. "Todavía tendré que esperar un poco más, pero confío en regresar pronto a las canchas", señala en su entrevista exclusiva con FIFA.com. Unas declaraciones que, sin duda, alimentan las esperanzas de los aficionados de verle marcar de nuevo goles de ensueño. Como aquel contra Kazajstán en un choque clasificatorio para la Eurocopa de la UEFA 2012, en el que el jugador turco, que ya ha cumplido 32 años, enganchó en el borde del área una potente volea a la salida de un córner y puso el esférico en la mismísima escuadra.

Altintop, que acumula 84 partidos con la selección de Turquía, fue condecorado por aquel gol con el Premio Puskás de la FIFA al mejor tanto del 2010. Así que, ¿quién mejor que él para charlar sobre los candidatos que acaban de darse a conocer para la distinción de este año? El centrocampista del Galatasaray de Estambul habló distendidamente sobre aquel gol, sus favoritos para el 2015 y el significado del Premio Puskás.

Hamit, hace unos días se publicó la lista de candidatos al Premio Puskás. ¿Tiene ya un favorito?
He visto los goles, y todos son excepcionales. La vaselina del inglés David Ball es formidable, el gol de Philippe Mexès se asemeja mucho al mío del 2010... Pero el tanto de Marcel Ndjeng del Paderborn también es extraordinario. En cualquier caso, mi favorito es el de vaselina. ¡Golpea el balón como si nada!

En 2010, usted recibió este premio gracias a un espectacular disparo desde la frontal del área en un partido con Turquía. ¿Recuerda todavía cómo fue?
Sí. Fue en un encuentro clasificatorio a las órdenes de Guus Hiddink. Éramos un equipo nuevo, con un seleccionador que acababa de llegar, y el choque en Kazajstán era importantísimo para nosotros. Empezamos bien y acabamos ganando 0-3. Reconozco que cerré los ojos al chutar, justo al golpear la pelota. Cuando los volví a abrir, el balón ya estaba dentro. No sabía por dónde había entrado. Solamente al verlo después por televisión comprobé que había entrado por la escuadra derecha.

¿Está diciendo que marcó el gol sin mirar?
(Ríe) Sí, salté un poco para enganchar la pelota. Realmente, cuando saltas para cabecear el balón también cierras los ojos, pero aquí chuté con tanta potencia que cerré los ojos para concentrar todas mis fuerzas en ese trallazo.

¿Cuándo vio su diana con tranquilidad por primera vez? ¿Se dio cuenta entonces del golazo que había marcado?
De eso me di cuenta posteriormente. Enseguida me comentaron que había sido un gran gol, pero en ese momento el triunfo era mucho más importante. Me alegré de haber contribuido a él con mi tanto. Eso sí, cuando me enteré que estaba nominado al mejor gol del año, volví a verlo. Entonces pensé: “No está nada mal”. Después, cuando fue elegido en la gala, todo adquirió una dimensión muy distinta a nivel personal. Sobre todo, cuando recibes el trofeo y todo el mundo te recuerda la acción. Fue un gol bonito, pero el resto de candidatos también eran fantásticos. No me habría importado que hubiera ganado otro, pero lógicamente me alegré mucho.

¿Era una jugada ensayada o fue algo improvisado?
Creo que las cosas más bonitas ocurren cuando se improvisan y se toma la iniciativa. Así fue también en este caso. Dada mi técnica de disparo, soy de los que siempre se quedan en la frontal del área. Acecho por esa zona y, de vez en cuando, se producen goles de bella factura, como en la Liga de Campeones contra el Schalke. Es algo que disfruto mucho.

¿Qué importancia tiene esta distinción para usted? Al fin y al cabo, figura en una lista de ilustres como Neymar, Zlatan Ibrahimovic o James Rodríguez...
Es un gran honor. Mucha gente desconoce cuánto trabajo entraña el día a día de los futbolistas, porque piensan que entrenamos dos o tres horas al día, que luego jugamos 90 minutos y ya está. Pero en nuestra profesión entran en juego la alimentación, la disciplina, el descanso que hay que darle al cuerpo, el esfuerzo después de una lesión y durante toda la rehabilitación... Por lo tanto, estos premios son importantes para el espíritu y tienen una enorme importancia. 

El hecho de que el Premio Puskás sea un galardón en el que los aficionados participan activamente, ¿lo hace más especial si cabe?
En el fútbol, el éxito colectivo es esencial. Los hinchas son responsables en gran medida de que nuestro deporte sea tan interesante y esté tan demandado. Dar una alegría a tu gente o hacerla feliz tiene mucho valor. En los últimos años, la conexión entre el fútbol y los aficionados se ha visto un tanto deteriorada, porque ahora lo que priman son los resultados. El éxito le ha robado el protagonismo a la personalidad. De lo que se trata es de interactuar. De interactuar con tu afición. Por eso es magnífico que tengan voz y voto en este premio.

¿Guarda el trofeo en un lugar especial?
He de reconocer que todavía está en casa de mi madre, en Gelsenkirchen. Cuando me fui de Múnich, mi hogar volvió a ser Gelsenkirchen, por eso continúa allí, en mi habitación. Pero quiero traérmelo pronto a Estambul, porque ahora es aquí donde vivo, donde conocí a mi mujer, donde me casé y donde me siento estupendamente.

¿Qué se le pasó por la cabeza cuando vio a Andrei Sidelnikov, el arquero al que le marcó el gol, acercarle el trofeo?
En primer lugar, me alegré muchísimo de ser el ganador. Me pareció un gesto maravilloso que fuera él quien me entregara el premio. Creo que fue un momento precioso. No tuvo ningún problema en darme el trofeo él mismo. La ambición y la obsesión por ganar están muy bien, pero fuera del terreno de juego debemos ser buenas personas por encima de todo y valorar la importancia de compartir. Fue un instante que recordaré toda la vida. Desafortunadamente, luego casi no tuvimos tiempo de hablar entre nosotros.

¿Ha sido su gol más bonito y el más importante?
Fue un gol bonito, pero no ha sido el más importante. La diana con el Galatasaray en octavos de final de la Liga de Campeones contra el Schalke fue importante para mí. Igual que el que marqué con el Schalke, también en Liga de Campeones, contra el AC Milan. Anoté el 2-2 desde 30 metros. Esos dos goles fueron mucho más importantes.

En su opinión, ¿cuál ha sido el mejor gol en la historia del fútbol?
(Ríe) El primero que se me ocurre es uno un poco polémico de Maradona con la mano. Un jugador de 1,65 m de estatura salta para darle de cabeza y marca. ¡No, era broma! El libre directo de Roberto Carlos contra Francia, golpeando el balón con el exterior de la bota, fue fantástico. Esto es precisamente lo que hace que el fútbol sea tan fascinante. Es un disparo que si lo ensayas mil veces, sólo metes uno. Y el tanto de Zidane en la Liga de Campeones [ndlr: en la final contra el Bayer Leverkusen], ese en el que el balón cae del cielo y marca de volea, también fue soberbio. Fueron dos grandes futbolistas y dos goles importantes. Es lo que marca las diferencias.

En 2010, Lionel Messi fue distinguido por segunda vez como mejor jugador del planeta. ¿Cree que será él quien vuelva a recibir este año el Balón de Oro?
Creo que ha perdido algunas opciones a raíz de la lesión. Pero cuando juega es asombroso. Esta temporada no sólo ha marcado goles, sino que, en mi opinión, ha mejorado su juego aún más. En cualquier caso, creo que Cristiano [ndlr: Ronaldo] está un peldaño por encima de Messi, porque no ha sufrido ninguna lesión.

En turco, Altintop significa "balón de oro". ¿Podría decirse que el talento le viene desde la cuna? ¿Ha sido todo cosa del destino?
Creo que Dios quiso que nosotros [ndlr: Hamit y Halil, su hermano gemelo, que juega actualmente en el Augsburgo alemán] emprendiéramos este camino. De lo contrario, jamás habríamos podido conseguirlo. Yo siempre digo que hay muchos jóvenes que sueñan con ser futbolistas, y me he cruzado con muchos que tenían más talento que mi hermano y que yo. Pero nosotros nos esforzamos un montón y siempre creímos que era algo bonito. Nuestro objetivo nunca fue ser profesionales. Nosotros solamente pensábamos en aprovechar al máximo cada situación. El fútbol nos ha dado infinidad de cosas a nivel mental y espiritual, y nos ha complacido. Pero ni en nuestros mejores sueños imaginamos que llegaríamos tan lejos.