El año 2014 será uno de los capítulos destacados de la biografía de Sergio Ramos. El sevillano, que acumula diez temporadas con la camiseta del Real Madrid, logró un reconocimiento sin precedentes al erigirse en pieza clave del conjunto blanco, con el que anotó goles fundamentales para levantar tanto la décima Champions League como la Copa Mundial de Clubes de la FIFA.

No obstante, semejante alegría -sumada a su estreno en la paternidad- contrastó con una Copa Mundial de la FIFA™ decepcionante para la selección española. Sobre el que ha considerado “el mejor año de su vida”, las causas del tropezón de la Roja en Brasil y lo que se viene de cara a 2015 habló en exclusiva junto a FIFA.com.

Sergio, 2014 parece haber sido un año particular en su carrera. ¿Podemos señalarlo como el mejor?
Sí, yo creo que sí. Ha sido un año muy completo tanto en lo profesional como en lo personal. Un año fabuloso lleno de energía positiva, de objetivos cumplidos y sueños. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Ser padre, que es una sensación única, alcanzar una estabilidad familiar y en casa muy buena. Y sobre todo conseguir triunfos y títulos con tu equipo. Ha sido un año increíble para mí.

Imaginamos que La Décima con el Real Madrid ocupa un lugar especial en su consideración. ¿Cuánto pesaba la falta de ese título?
Después de diez temporadas en el Real Madrid, pude ganar todos los títulos… pero me faltaba ese. Es un plus para seleccionar a 2014 como mi mejor año. En el Real Madrid siempre se hablaba de eso como una obsesión, era prácticamente una obligación que llegara ese día. Hacía muchos años que la gente no veía esa Copa en casa, teníamos ganas de reivindicarnos y poner al club donde realmente se merece como institución y como equipo. Y en lo personal, con ese plus de contribución que tuve tanto en la semifinal como en la final (ndr: marcó goles en ambas instancias), añadir ese título a mi currículum es especial. Uno de los mejores momentos de mi vida.

Curiosamente, ese momento tan dulce con el Real Madrid no se vio reflejado con la selección española. A la inversa que en los últimos años.
Hombre, está claro que siempre es bueno saber diferenciar, no mezclar… pero hubiese sido una locura si también hubiese salido un Mundial espléndido. Es cierto que ha sido un año de mucha intensidad, de partidos con mucho desgaste y quizás no llegamos en el mejor momento a Brasil. También es obvio que llevábamos muchos años ganando, y no se puede estar siempre consiguiendo victorias y títulos. Hemos disfrutado de un momento único, de una quinta de futbolistas extraordinarios. Hemos sido campeones del mundo y bicampeones de Europa. A ver ahí quién lo puede igualar. Pero el fútbol es un juego y tarde o temprano llegaría ese día que nos tocaría perder, quedar eliminados. Ahora hay que pensar de nuevo en el futuro, en un grupo nuevo de jugadores con mucha ambición e ilusión de volver a competir, tener un equipo que cree que se puede ganar.

¿Siguió viendo el Mundial después de la eliminación?
Hombre. yo soy amante del fútbol. Me gusta y por lo tanto mi persona me obliga a ver a los mejores jugadores en un evento como la Copa del Mundo. Obviamente te da rabia. Y alegría, en parte, por los compañeros que seguían allí defendiendo la camiseta de otras selecciones. Pero sí, quedé un poco dolido, con tristeza y rabia de estar en casa y ya no allí.

¿Fue Alemania justa campeona?
Para mí sí. Podría haber pasado de todo, en una final puede ganar uno u otro. Argentina también era candidata y favorita desde el principio. Pero Alemania lleva bastantes años siendo semifinalista, mostrando una filosofía de juego y una unión como equipo únicas, desde mi forma de expresar y entender el fútbol. Fueron justos merecedores del título, tienen jugadores de una talla enorme. Y no sólo en la Bundesliga, sino también cuando forman la selección.

Hay quienes piensan que la Alemania de 2014 no hubiese existido sin la influencia táctica de la España que ganó todo previamente. ¿Coincide?
No lo sé. Cuando una selección tiene cosas positivas, los otros equipos intentan absorber cosas que les puedan venir bien para el futuro. En ese sentido, habiendo formado parte por tantos años de esa quinta de jugadores de la selección, creo que hemos marcado una época y hemos dejado un sello de identidad. Ese fútbol sólo lo practicaba España. A todos los niveles la gente disfrutaba viendo cómo jugábamos. Quizás haya selecciones que hayan absorbido algún mensaje, algún concepto táctico, algunas cosillas que les hayan ido fenomenales. Con Alemania nos cruzábamos prácticamente siempre, son entre comillas los que más lo han sufrido, por lo que quizás sí sean los que más hayan aprendido.

Volviendo al plano personal, este año se le ha destacado mucho por su aporte goleador. ¿Lo considera una contradicción teniendo en cuenta que su tarea principal pasa por defender?
Los defensas vivimos con ello: se nos reconoce menos el trabajo. Nunca se suele hablar de lo bien que defiendes, o que has mantenido la portería a cero. Al final y al cabo lo que llama la atención es el resultado, quién mete los goles. Eso es lo que reclama la pasta y lo que mueve hoy día al fútbol (ríe). En mi caso, de cara al gol, he tenido la gran suerte de poder aportar en semifinal y final de Champions y del Mundial de Clubes. Pero como defensa tengo que decir que el equipo lo componen once, no es sólo quién celebra y marca el gol. Se precisa de la ayuda defensiva y del centro de campo porque es un deporte colectivo y uno, por mucho que quiera, no puede hacer nada solo.

Eso nos lleva a otro punto, que es el ego de los futbolistas. ¿Cómo se convive en un vestuario con tantas estrellas?
La base es el respeto. Obviamente es un vestuario muy complicado cuando hay gente de culturas bien diferentes, lenguas, países… es una mezcla de todo que hay que saber manejar muy bien. En ese sentido nosotros, desde la humildad y el respeto, siempre intentamos hacer la vida más fácil, la integración lo más rápido posible al compañero que llega. Una gran importancia la tiene (Carlo) Ancelotti: ha sido futbolista, conoce realmente al jugador que llega de afuera, entiende los problemas que puede llegar a tener.

¿Qué otros atributos tiene Ancelotti?
Se fija si el jugador se ubica, si se abre o no con cualquier compañero. Él es un entrenador que te coge, habla contigo, te facilita todo lo posible tanto en lo profesional como en lo humano. Esa es la clave del éxito, por eso es un grandísimo entrenador. Para mí, de los dos mejores que he tenido a lo largo de mi carrera. Y por encima de todo es buena persona, un plus a la hora de tratar con el futbolista.

Ancelotti, ¿y el otro?
Hombre, es difícil. Luis Aragonés, Joaquín Caparros, quien realmente confió en mí cuando no era nadie... He tenido grandísimos entrenadores. Pero entre los tres seguro está Ancelotti.