Subcampeón del mundo en 2002, ganador de dos Copas de Alemania, casi 300 partidos disputados en la Bundesliga y 43 encuentros internacionales. Éste es el bagaje del delantero Gerald Asamoah, quien, por si fuera poco, también fue partícipe del legendario “cuento de verano” que escribió la selección alemana en la Copa Mundial de la FIFA 2006™, de la que fue anfitriona y en la que se aupó al tercer puesto.

Unos meses después de colgar las botas, Asamoah, de 37 años, protagonizó otro momento estelar en la Gala del FIFA Ballon d’Or 2015, donde recogió el Premio Fair Play de la FIFA en representación de todas las asociaciones y clubes de fútbol del planeta que prestan ayuda a los refugiados. Al término del evento, FIFA.com dialogó en exclusiva con el ex artillero.

Gerald, ¿qué significa para usted haber venido a Zúrich?
Se trata al fin y al cabo de involucrarse en asuntos que deberían ser completamente normales: acoger con los brazos abiertos a personas que necesitan ayuda. Yo experimenté en primera persona lo que significa llegar a un país extranjero y que te acepten, por eso no dudé un segundo en comprometerme con esta causa. Lógicamente, es un honor para mí recibir esta distinción en representación de todas aquellas personas que luchan por defender estos valores.

¿De qué manera le ayudó a usted el fútbol?
El fútbol tiene el poder de unir a las personas. Independientemente de su origen, cualquiera lo conoce y puede practicarlo. Y en cuanto empiezas a jugar, enseguida tienes un objetivo común: ganar. Cuando yo llegué a Alemania procedente de Ghana con 12 años, el fútbol me ayudó muchísimo, porque enseguida me permitió ponerme en contacto con otra gente. Naturalmente, por un lado tenía a mi familia, pero gracias al fútbol conocí directamente una cultura nueva y me sentí aceptado de inmediato por mis nuevos compañeros. Por eso siempre le estaré muy agradecido a este deporte, y tengo muy claro que sin él no habría podido llegar adonde estoy ahora.

¿Por qué es tan importante en este tipo de situaciones vincularse a una entidad deportiva lo antes posible?
En aquel entonces yo no hablaba alemán. Por eso también quisiera decir que lo primero que hay que hacer es buscar un club deportivo. Allí siempre encuentras una buena base para empezar a dar los primeros pasos: desde aprender un idioma y hacer ejercicio hasta lograr la integración, pasando por las metas y los triunfos colectivos. Además, practicar un deporte siempre es mejor que quedarse en casa viendo la televisión. A mí el fútbol me ayudó considerablemente a valerme por mí mismo y a aprender a tomar mis propias decisiones, porque en la cancha no te queda otra.

¿Qué recuerdos guarda de sus primeros días en Alemania?
Mi padre era un refugiado al que acogieron de maravilla. Yo poseía el permiso de residencia, pero aun así Alemania era un país nuevo para mí. Como ya he dicho, no hablaba nada de alemán. De hecho, ni siquiera sabía lo que era el frío. Uno ha de estar preparado para asimilar todas esas novedades. Y, cómo no, necesita a su lado personas que le ayuden. Hay un jugador al que conocí nada más llegar, en sexto curso, con el que años más tarde llegué a jugar en el Schalke 04 y en la selección alemana. No es otro que Fabian Ernst, que me ayudó un montón. Sin él no habría logrado quizá dar el gran salto ni habría llegado a dominar así de bien el alemán.

¿Ha vivido la discriminación en sus carnes?
¡Sí, en muchas ocasiones! Y yo siempre me decía a mí mismo que si no plantaba cara, no cambiaría las cosas. En mi caso, tuve la suerte de ser el primer futbolista africano de raza negra en vestir la camiseta de Alemania. Me llegaron multitud de reacciones negativas, pero yo me mantuve firme. Siempre fui un ejemplo. Aquellos que por desgracia discriminan, es a los que más cuesta llegar. Sin embargo, a los jóvenes que no tienen prejuicios es a quienes debemos enseñar que todos somos iguales, independientemente de nuestro color de piel. Yo siempre he procurado transmitir esa idea.

¿Podría exponernos algunas de esas experiencias?
El problema fue agudizándose conforme aumentaba mi popularidad. Lo peor llegó tras el Mundial de 2006. Cuando acabó el torneo, reconozco que yo tenía la impresión de que por fin me habían aceptado completamente y que de verdad era uno más. A fin de cuentas, habíamos firmado un muy buen papel en el Mundial. No obstante, varias semanas después, volví a jugar con el Schalke y volvieron a silbarme y a gritarme "negro" en los estadios. ¡Y eran los mismos que me habían animado cuando jugaba con Alemania apenas un mes antes! Aquello me dolió muchísimo. Fue un paso atrás que me dejó el ánimo por los suelos.

¿Qué pesó más entonces: el orgullo por ser el primer jugador de origen africano en vestir los colores del combinado alemán o la tristeza por seguir viviendo episodios racistas?
Predominó el orgullo por haber hecho algo importante, por haber demostrado que puedes representar a Alemania independientemente de cuál sea tu origen. No fue fácil tomar la decisión de ir por este camino, porque sabía que sería complicado, si bien el plan original no era ni mucho menos querer reivindicar nada. En aquel momento fue sencillamente cuestión de intuición, porque yo me sentía muy a gusto en este país. Para mí era importante que la gente a mi alrededor siempre me había aceptado tal y como era. Eso sí, cuando uno repasa hoy día los futbolistas que son internacionales con Alemania y descubre los orígenes tan distintos que tienen, puede que dé la impresión de que yo sí derribé una barrera. ¡Y eso me llena de orgullo!

¿En qué medida está usted involucrado actualmente en prestar ayuda a los refugiados?
Estoy muy metido en este movimiento. Hoy en día, existen multitud de campamentos. También en el Schalke hacemos mucho por llegar a estas personas. ¡El fútbol une! No importa de dónde vengan, gracias al balón son capaces de olvidar sus problemas por un rato. Hay que demostrar a todas y cada una de estas personas que son uno más entre nosotros. Por eso insisto: el fútbol es muy importante. El fútbol ha derribado muchas barreras. El año 2016, y los que están por venir, serán difíciles. Pese a todo, hay que luchar para que el fútbol, así como sus asociaciones y sus clubes se comprometan a hacer algo en pos del bienestar de la gente. Yo trabajo activamente para el Schalke a este respecto. Tenemos, por ejemplo, una caja en la que recolectamos donativos para repartirlos después a los refugiados. Además, los invitamos constantemente a visitar nuestras instalaciones. Éstas son algunas de las acciones en las que participo. Y en el Schalke nos hemos posicionado claramente en el debate actual con la campaña “#stehtauf” (“levantaos”).

¿Recuerda todavía lo que sintió en su primer partido internacional con Alemania?
¡Fue increíble! Y encima marqué mi primer gol con la selección el día del debut [ndlr: un amistoso contra Eslovaquia disputado el 29 de mayo de 2001]. En un primer momento, no daba crédito, ni siquiera sabía qué hacer. Aquella noche no pude dormir, porque todavía no me creía lo que había pasado ese día.