Además de protagonizar el cuento de hadas de la UEFA EURO 2016, Islandia dejó la banda sonora más memorable del torneo.

Llamado “el aplauso islandés”, “el trueno” o, más comúnmente, “el aplauso vikingo”, fue un alarde visualmente espectacular y ruidoso de sincronización, como recordará cualquiera que viese sus partidos.

Como las actuaciones de su selección, el espectáculo ofrecido por los hinchas islandeses se debió en gran medida a la unidad y a saber cobrar impulso, con pausas —primero largas y luego cada vez más cortas— entre los aplausos y los cánticos de “¡Huh!”.

Islandia se estrenaba en la Eurocopa, tras convertirse en la nación más pequeña de la historia en lograr la clasificación para un gran torneo, por lo que algunos pensaron que este cántico era una tradición de muchos años que por fin se presentaba ante el mundo. Pero nada más lejos de la realidad, como explica el veterano defensor Kari Arnason.

“Fue algo totalmente nuevo, todos lo vimos por primera vez en la Eurocopa. Yo nunca había lo había oído mencionar”, dice a FIFA.com. “¡Pero fue algo fenomenal! Hay que felicitar a quien lo inventase, no cabe duda. Transmitió una imagen fantástica, como su sonido, y se convirtió en algo que uno desea vivir. Por supuesto, después de los partidos íbamos junto a los hinchas para hacerlo también, sobre todo si habíamos ganado. Fueron momentos muy especiales”.

Los orígenes

Y dado que, al menos en el caso de Islandia, este cántico surgió de forma repentina y espectacular en Francia, es inevitable que nos hagamos una pregunta. ¿De dónde procede? ¿Es el aplauso vikingo un guiño al papel de esos legendarios exploradores en la historia del país? Una vez más, todo apunta a que la respuesta es negativa.

“En realidad no se trata de algo vikingo”, declaró a The Telegraph Kristinn Hallur Jonsson, tesorero de la peña Tolfan. “Se tomó de unos hinchas escoceses, y está más relacionado con los espartanos de la película 300 que con los vikingos”.

Por lo que parece, los seguidores del Motherwell escocés fueron la inspiración, al hacerlo durante un partido de la UEFA Europa League frente al Stjarnan islandés en 2014, mientras que los gritos sincronizados de “¡Huh!” son atribuibles a 300. Aun así, al margen de su historia, la exhibición nos dejó imágenes y sonidos imponentes. Podría considerarse enaltecedor o intimidante, en función de la perspectiva. Un periodista portugués llegó a escribir: “No nos crucemos con Islandia, su cántico vikingo es aterrador”.

No obstante, fue, por encima de todo, una muestra de unidad. Y el aplauso vikingo que resonó en el Estadio de Francia el 3 de julio resultó más conmovedor si cabe. En esa ocasión, después de que su equipo perdiese por un inapelable 5-2 a manos de los anfitriones, la emoción era palpable cuando los hinchas celebraron el final de una aventura memorable alabando por última vez a sus héroes matagigantes. Los jugadores, a pesar de hallarse agotados física y anímicamente, no tardaron en incorporarse a la ceremonia, mientras que los aficionados franceses dejaron más que clara su admiración por esa apasionante muestra de lealtad.

Hace poco, como no podía ser menos, llegó otro reconocimiento: los hinchas islandeses, para gran alegría de Arnason, fueron elegidos candidatos a la edición inaugural del Premio a la afición de la FIFA. “Me encantó oír la noticia”, confiesa. “Los aficionados se lo merecen, porque estuvieron fantásticos durante la Eurocopa, nos dieron un impulso adicional”.

Se ha hablado mucho de la escala del apoyo brindado por Islandia a su selección nacional en Francia, puesto que se calcula que casi un 10% de la población del país, de apenas 323.000 habitantes, viajó para asistir a ese choque de cuartos de final ante el conjunto anfitrión de la Eurocopa. Incluso con el enorme incremento de las cifras de seguidores, la conexión entre estos y los jugadores siguió siendo auténtica y muy personal.

“Yo miraba a las gradas y sabía que casi todos mis familiares y amigos de la infancia, quizás un 90%, estaban allí. Eso fue algo especial. En cualquier parte del público hacia la que mirásemos, había alguien a quien conocíamos, o al menos reconocíamos alguna cara”, describe Arnason.

“Todos mis amigos, que fueron al torneo como hinchas, dijeron que había sido el mejor verano de sus vidas. Aunque es algo que los jugadores, sin duda, recordarán para siempre y contarán a sus nietos, después de hablar con mis amigos, ¡creo que los hinchas seguramente se divirtieron todavía más que nosotros! Fue una experiencia fantástica para todos, y estoy convencido de que Islandia, tanto a través de los jugadores como de los hinchas, causó una gran impresión ante todo el mundo”.