“Tibia y peroné” es posiblemente una de las frases más temidas en el mundo del deporte. Una ecuación de seis sílabas y 12 letras que, en boca de un médico, acarrea un único resultado: malas noticias.

A sus 56 años, Jorge Sampaoli puede dar cuenta de ello. Pues fue una fractura de ambos huesos la que cortó su carrera antes de debutar incluso en primera división. “El zurdo no paraba de llorar”, cuentan quienes conocieron al argentino por aquel entonces.

Tenía 19 años, rabia y muchos sueños por perseguir. Sueños que lo llevaron a pelear desde otro lugar, el banquillo de entrenador, en condiciones más que particulares. Sin una carrera profesional que lo sustente, el oriundo de Casilda debió trabajar como cajero de un banco y empleado de un registro civil para financiar su pasión como técnico amateur. Forjó su carrera en ligas menores, peleó contra los prejuicios y la falta de experiencia en el fútbol grande. Y ganó.

Hoy, el flamante entrenador campeón de América goza de un lugar en la élite, fue nominado para la Gala del Balón de Oro 2015 -junto a Luis Enrique y Pep Guardiola- y replantea su futuro luego de dejar la Roja. “Nunca escuché a los que me decían que no podía”, cuenta en diálogo exclusivo a FIFA.com el primer y único entrenador sudamericano en alcanzar la Gala del Balón de Oro por su trabajo en aquel continente.

Jorge, ¿por qué es tan difícil ser reconocido internacionalmente cuando se trabaja en el fútbol sudamericano?
Está relacionado con la cantidad de votantes de cada región: Asia, África… hay un montón de lugares que se vinculan mucho más con el fútbol europeo. Les queda muy lejos la posibilidad de analizar nuestro fútbol. A lo mejor, ganando un Mundial de Clubes contra el Barcelona uno puede generar una posibilidad de que la gente de Europa, Asia o África se fije en uno. Lo que logramos con Chile fue muy importante, incluso las giras en las que jugamos buenos partidos contra Inglaterra, Alemania, Brasil o España. Eso ayudó a que la gente se fije en nosotros.

A diferencia de otros entrenadores reconocidos en el mundo, usted no ha tenido una carrera como futbolista profesional. ¿Cómo logró imponer su idea en un ámbito tan prejuicioso?
Lo manejé todo desde otro lado. Sabía de mis posibilidades cuando me lancé al objetivo de trabajar en el fútbol internacional, pero también sabía que contaba con poco crédito. Por eso traté, estratégicamente, de ‘colonizar’ un poquito la mente de los jugadores: haciéndoles saber que soy una persona vinculada al fútbol 24 horas por día. Aunque no haya compartido vestuario de primera división, lo hice en el amateurismo. Logré transmitir esa esencia que hoy está alejada del fútbol, y me permitió escalar posiciones. Hoy soy un entrenador que se sujeta en la fundamentación de lo que tiene que ver solamente con conocer el fútbol.

¿De allí la frase que lleva tatuada en su brazo izquierdo? (NdR: “No escucho y sigo porque mucho de lo que está prohibido me hace vivir, extraída de la canción ‘Prohibido’ de la banda argentina Callejeros).
Claro. Si hubiese escuchado lo que decían, no habría salido a enfrentar a todos los ex jugadores que iban a ser entrenadores. Yo, obviamente, tenía muy pocas posibilidades contra todo lo que es la estructura del fútbol. Pero no escuché e intenté llegarles a presidentes y dirigentes de otra manera. Si hubiese escuchado lo que se decía me habría quedado en Casilda trabajando en un banco. Pero la rebeldía tiene que ver con eso: no creer en lo que te prohíben, no ser sometido. En los equipos donde estuvimos pensamos que la rebeldía era parte de la estructura. Esa frase me quedó grabada. Por eso me la tatué.

Habla del manejo de vestuario pero, ¿cómo se convive con futbolistas tan jóvenes, exitosos y de orígenes tan diversos?
Aprendiendo a compartir cada situación de cada uno, sin generalizar porque, como dice, son todos distintos. Intentando hacerles entender que más allá de las tentaciones que puedan tener, hay otra tentación paralela: el fútbol. Jugar, divertirse y pasarla bien. En ese contexto de comparación intentamos, no competir con las tentaciones, pero hacerles entender que ser protagonista, no temerle a la derrota y no ser menos que nadie es también algo tentador. En Chile se adhirieron rápido al mensaje y, más allá de que puedan tener sensaciones distintas fuera del campo, dentro se jugaron la vida.

Y desde lo futbolístico, ¿qué le aportó Sampaoli al Chile que terminó convirtiéndose en campeón de América?
Algunos matices que venían del Bielsismo estructurado. Cuando ingresamos nosotros intentamos ser tan directos, agresivos y ofensivos como era Marcelo (Bielsa), pero debíamos agregarle un poco de control. Empezamos a defendernos mucho más con la pelota y eso generó que el equipo encontrara la seguridad de protagonizar cada partido sometiendo al rival. Así generamos un compromiso y una adhesión desmedida que nos permitió ser competitivos contra cualquiera.

Ya han pasado tres meses desde su salida del cargo. ¿En qué ocupa su tiempo ahora?
Miro partidos. Es difícil de llevar porque estuve mucho tiempo vinculado a la actividad de forma ininterrumpida. Pero estoy viendo mucho fútbol, hablando con gente, analizando ligas. Más allá de no tener un equipo para competir, nos mantenemos informados de cara a lo que traiga el futuro.

¿Qué es lo que más lo inquieta en un momento así?
Lo que menos me gusta es la incertidumbre. El no saber dónde voy a estar o con qué me voy a tener que vincular en el futuro próximo. Mi nombre suena como parte de distintos rumores pero uno tiene en claro que esos comentarios no son concretos. La verdad es que no sé dónde voy a ir, pero espero que se produzca la mejor opción.

Después de todo lo que ha pasado en su vida, ¿se imagina dirigiendo algún día a la selección argentina?
No lo sé, no depende de mí. Cualquier entrenador argentino que esté dirigiendo cualquier proyecto deportivo en el mundo, si es llamado por la selección, no puede decir que no. Es lo máximo para cualquiera. Uno tiene que estar ilusionado siempre, pero tiene que ser coherente: hay procesos que están en marcha, hay tiempos… uno nunca sabe. Pero si me llegara a tocar, no le podría decir que no.