El oficio de entrenador le viene muy pequeño. “No hay suficiente gasto físico”, sostiene Bixente Lizarazu, quien nunca deja pasar una ocasión de satisfacer su pasión por los deportes extremos. Tras haber colgado las botas en 2006, el ex lateral izquierdo de la selección de Francia y del Bayern de Múnich prefirió pasarse a los medios de comunicación, y hoy se realiza personal y profesionalmente en la radio (RTL), la televisión (TF1) y la prensa escrita (L’Équipe). 

Por tanto, Lizarazu ha podido ver como un observador privilegiado cómo su amigo Zinédine Zidane optaba por ejercer como entrenador, con el éxito que todos sabemos. Con el veredicto del premio The Best al Entrenador de la FIFA 2016 a la vuelta de la esquina, el vasco-francés analiza para FIFA.com la metamorfosis de Zizou.

Bixente Lizarazu, hace unos años, ¿se imaginaba que Zidane se convertiría en entrenador?
Alguien como Didier Deschamps, cuando era jugador, ya era entrenador en su forma de pensar. Zizou no lo era necesariamente, pero cada uno tiene su método. Él se dijo a sí mismo que entrenar era la mejor manera de volver al fútbol y, a continuación, hizo todo lo que pudo para comprender el oficio. Ahí es donde él es excepcional: en la determinación que pone en hacer algo cuando lo ha decidido. La gente que no le conoce no se da cuenta de hasta qué punto es alguien resuelto, más allá de su talento. Y lo hace con mucha humildad, paso a paso. Se sacó el título, observó, escuchó y, en su momento, decidió que estaba preparado. ¡Y lo fabuloso es que ganó la Liga de Campeones en unos meses! Y también está esa racha de partidos sin perder. Está batiendo todos los récords de precocidad.

¿Cómo se explica semejante precocidad?
Zizou no es un hombre de pinceladas aisladas. Su carrera se desarrolla a largo plazo, con una cierta constancia en los momentos culminantes. Tuvo un montón de grandes momentos con la selección de Francia y el Real Madrid, y toda su carrera es increíble. Ha empezado muy fuerte como entrenador, pero en mi opinión, también ahí va a mantenerse a largo plazo. Ganar la Liga de Campeones es algo muy difícil, incluso para un entrenador experimentado.  

¿Y cómo explica usted que Zidane, que era más bien callado cuando era jugador, se haya transformado en un líder?
Creo que ha destapado nuevos talentos que no necesitaba explotar cuando era jugador. Entonces le bastaba con ser bueno sobre el terreno de juego y hacer jugar bien a sus compañeros. No necesitaba entablar comunicación porque se comunicaba muy bien con sus pies. Viéndolo desde fuera ahora, me parece increíble su forma de comunicar. Con los medios de comunicación se muestra claro y muy cómodo, y se nota que tiene la aprobación de todos los jugadores. También percibo hasta qué punto tiene tacto con Cristiano Ronaldo. Es todo lo contrario de Rafa Benítez, que le soltó una pulla cuando llegó. No son cosas que debas hacer con tu mejor jugador, que te mete 50 goles por temporada…

¿Le sorprendió verle aceptar tan pronto entrenar a un equipo como el Madrid?
No, porque todo lo que le pasa son cosas extraordinarias. En la final del Mundial, marcó dos goles de cabeza; en la final de la Liga de Campeones de 2002, metió por la escuadra un remate de volea increíble… Sólo le ocurren cosas así. ¡Hay una continuidad! Cuando se quiere entrenar a un club, es importante conocerlo bien. Es lo que ocurre con el Madrid, donde conoce a los directivos, y a todos en los que puede apoyarse o no. Aprendió todo eso en diferentes cometidos, siendo sucesivamente ayudante de José Mourinho, asesor del presidente, entrenador del filial… También adquirió confianza siendo el ayudante de Carlo Ancelotti, cuando su papel era hablar con los jugadores. Desempeñó muchísimas funciones antes de convertirse en entrenador, ¡así que se conocía de memoria todos los engranajes de la casa! Todo eso es muy importante para evitar las trampas. 

¿Qué clase de entrenador es en el día a día, a su modo de ver? 
No puedo responder a eso porque no estoy con él a diario. Pero lo que sí puedo decir es que  me marcó especialmente un momento en la final de la Liga de Campeones contra el Atlético, cuando se veía a Zizou y a Ronaldo dialogar sonriendo antes de la tanda de penales. La fuerza de los grandes jugadores reside en estar tranquilos, relajados y confiados en los grandes momentos. Haber vivido momentos de intensa presión como jugador y tener esa experiencia es algo que no tiene precio. También eso es lo que le hace fuerte como entrenador. A veces, cuando veo a algunos técnicos demasiado excitados y nerviosos al borde del campo, me digo que es contraproducente. En una final, no hay necesidad de meter una presión y un nerviosismo adicionales. Zidane sabe decir las palabras que hacen falta.  

En su opinión, ¿cuáles son las bazas de Zidane frente a Fernando Santos y Claudio Ranieri en pos del premio The Best al Entrenador de la FIFA 2016?
Los tres no presentan los mismos argumentos. Zizou ganó la Liga de Campeones a los cinco meses y eso es una gesta tremenda incluso con el Madrid, que tiene grandes jugadores pero hay que dirigirlos... También se puede conceder mucho mérito a Fernando Santos, que no tenía necesariamente el mejor equipo, pero que lo guió hasta el título. Lo que hizo Claudio Ranieri con el Leicester tiene un poco menos de valor para mí porque no es a nivel europeo, ¡pero de todas formas es fabuloso haber ganado la liga por delante de todos los equipos grandes! Es difícil comparar todo eso, pero mi corazón se inclina por Zizou. ¿Soy objetivo? ¡No lo sé! (risas)       

¿No está por llegar lo más difícil para él?
Lo más difícil siempre está por venir, porque durar es lo más complicado que hay. Él lo sabe y lo ha demostrado durante su carrera, en que siempre ha sabido progresar e ir pasando etapas. No dejó de jugar al fútbol tras haber ganado el Mundial en 1998. Cuando se alcanza el Everest, permanecer en lo más alto es complicado porque hay muchos que quieren quitarte el puesto.