Claudio Ranieri no para de recibir buenas noticias. Contra todo pronóstico, su equipo, el Leicester, se coronó, por primera vez, campeón de la Premier League inglesa en la temporada 2015/2016, en una historia que cautivó al mundo entero. Terminó 2016 asegurando el pase a octavos de final de la Liga de Campeones de la UEFA. Y arrancó el año nuevo nuevo llevándose el primer premio The Best al Entrenador de la FIFA de Fútbol Masculino superando, nada menos, que a Zinedine Zidane y Fernando Santos.

El italiano de 65 años analizó su particular cuento de hadas de 2016 en exclusiva con FIFA.com, con la misma mezcla de entusiasmo y sabiduría que muestra en el banquillo de su equipo.

¿Cómo se siente al ser el mejor entrenador del año?
Es un sentimiento maravilloso. Debo agradecer a mi presidente, a mis jugadores y a nuestros aficionados. Si estoy aquí ahora es porque ellos me han apoyado. Ellos han logrado algo increíble esta temporada. Pero ya comienza otro desafío: seguir mi pasión, mantenerme hambriento por conseguir más objetivos y dejar atrás lo conseguido.

¿Cuál fue la clave, en su opinión, del título de liga del Leicester?
Es difícil encontrar un punto en particular. Todo fue perfecto. Es difícil de explicar la química en el vestidor, fue mágica, es algo que nunca me había pasado. Y en el plano futbolístico aprovechamos un poco las circunstancias. Nosotros jugamos bien, pero también coincidió que ninguno de los otros equipos grandes estuvo realmente en su nivel. Es raro decir algo así cuando ganas una liga con 10 puntos de ventaja, pero es la verdad.

¿Cuándo sintió que el sueño podía hacerse realidad de verdad?
Desde el punto de vista emocional puedo decir que hubo dos momentos. El primero cuando le ganamos al Manchester City 3-1 en Manchester. ¡Nuestra actuación fue increíble! Y el segundo, cuando perdimos en febrero contra el Arsenal al minuto 95. Ahí pensé: “si necesitaron cinco minutos de compensación para ganarnos, quiere decir que estamos haciendo algo bien”. Ésa es la parte emocional, pero soy un hombre pragmático así que, en ese sentido, sólo me lo creí cuando tuvimos el trofeo en las manos.

¿Cómo manejó el vestidor durante la temporada? ¿Fue difícil?
Intentaba bajar la presión constantemente. La idea, con mi equipo de trabajo, era transmitir a los jugadores que tenían que disfrutar el momento y, aunque sólo perdimos tres veces, cada vez que sucedió yo les decía: “no se preocupen, sigan trabajando y disfrutando. Vamos a ganar de nuevo el próximo partido”. Había que ir paso a paso y estar concentrados. Suena a cliché, pero si quieres ganar algo sólo puedes pensar en el siguiente partido, no más adelante.

¿Qué fue lo que más le emocionó del título?
Lo que me ponía más feliz era ver a los aficionados felices, leer las cartas que nos llegaban de todas partes del mundo. Eso me enseñó que no se trataba sólo de deporte, sino que podíamos tocar las emociones de la gente en otros ámbitos. La gente decía: “si el Leicester ganó la Premier, cualquiera puede luchar por algo bueno en la vida, aunque las posibilidades sean pequeñas”.

Hablando de posibilidades pequeñas, el icono del Leicester, Gary Lineker, prometió que si el equipo ganaba el título, aparecería en ropa interior en televisión. ¡Y lo cumplió! ¿Han hablado al respecto?
¡Sí, sí, varias veces y ahora nos reímos! (risas) Pero la verdad es que lo entiendo. Las casas de apuestas nos ponían con probabilidades de 5000 a 1. ¡Era más factible que una nave espacial aterrizara en Piccadilly Circus!

En un fútbol europeo que parece monopolizado por algunos equipos, ¿será posible repetir algo como lo que hicieron usted y sus jugadores?
La vida es impredecible, pero si todo el mundo dice que la historia del Leicester fue un cuento de hadas eso quiere decir que quizá sólo en cincuenta años volveremos a ver algo así. En la actualidad el dinero compra a los mejores jugadores y, al final, el equipo que tiene a la mejor plantilla tiene más posibilidades, ésa es la realidad. Pero bueno, nosotros mostramos que no sólo los ricos pueden ganar, así que quizá sea algo que no sólo pase una vez en la vida, por eso digo cincuenta años (risas).

Después del título, la vida no ha sido tan fácil. ¿A qué atribuye la baja de juego de su equipo en la temporada actual?
No ha sido fácil, pero la suerte ha jugado también. La temporada pasada cada vez que nuestros rivales tenían una oportunidad la fallaban, ¡ahora entran todas! Pero también es verdad que quizá no llegamos tan concentrados para la Premier League porque pensábamos que podríamos recuperarnos sin problema después de cada derrota. En la Liga de Campeones fue distinto. Era un torneo nuevo para nosotros, más corto, y eso nos ayudó a enfocarnos. Pero en estos últimos partidos de liga he notado una diferencia importante y creo que estamos de regreso. No para pelear por el título, pero para hacer una buena temporada.

Quizá puedan de nuevo sorprender al mundo y ganar la Champions este año…
No… El año pasado Leicester mostró que todo es posible pero… pero… seamos serios (risas).

Durante la entrevista ha mencionado algunas veces a la suerte, ¿siente que es indispensable en el fútbol?
¡Muchísimo! Necesitas suerte en cada situación. Puedes trabajar duro, hacer todo perfecto, pero si te falta fortuna… Claro, no puedes sentarte bajo un árbol y decir, ‘¡suerte, ven a mí!’ (risas). Si la quieres, tienes que luchar por ella.

Suerte, resultados, inteligencia… ¿cuál es realmente la fórmula para tener éxito como entrenador de élite?
Puedo hablar de mi caso. Tengo muchísima pasión y creo que soy bueno para transmitirla a mis jugadores. Quizá sea que tengo una llave para entrar en la mente de los futbolistas. Por supuesto, no de todos, y cuando no sucede, lo sufro, porque siento que no es su culpa sino mía. Para mí, ésa es la clave, porque cuando estás en un nivel alto, mostrar a los jugadores cuánto amas el juego y convencerlos de hacer lo mismo es fundamental. ¡Pero quizá haya que hacerle esa pregunta a los jugadores para saber realmente qué es lo que quieren!