Laszlo Bölöni es un orfebre, capaz de hacer brillar todo lo que se le pone entre las manos. Y en sus comienzos, incluso entre los pies… Como jugador, formó parte de aquel gran equipo del Steaua de Bucarest que reinó en el Viejo Continente en 1986, al imponerse al FC Barcelona en la final de la Copa de Europa. Asimismo, vistió la camiseta de Rumanía en 108 ocasiones, incluida una participación en la Eurocopa 1984.

Pero sobre todo, el ex centrocampista tiene talento en las manos. Por cierto, habría podido utilizarlas para tratar a pacientes, tras haber cursado estudios de odontología, pero prefirió usarlas para forjar talentos. Así, descubrió y lanzó la carrera de un tal Cristiano Ronaldo cuando entrenaba al Sporting de Lisboa; club al que, de paso, llevó a ganar en 2002 su última liga portuguesa hasta la fecha...

A unos días de designar al ganador del premio The Best al Jugador de la FIFA 2017, el actual entrenador del Royal Amberes belga cuenta a FIFA.com cómo dio a conocer al que podría adjudicarse el próximo 23 de octubre su segundo galardón consecutivo en los The Best FIFA Football Awards™.

Señor Bölöni, durante todos sus años de trayectoria en los banquillos, ha dirigido a muchísimos jugadores de gran talento; y especialmente a un tal Cristiano Ronaldo. ¿Notó inmediatamente que tenía algo especial?
Lo vi una sola vez, en un partido amistoso entre los sub-16 y los sub-18 del club, y decidí enseguida que, en cuanto pudiese, lo traería cerca de mí. Ese momento llegó cuando la selección de Portugal jugaba dos partidos, y tuve que completar mi plantilla con jóvenes para compensar la marcha de mis internacionales. Convoqué a ese chico joven de 16 años, pero no pensaba en quedarme con él definitivamente. Sin embargo, cuando vi el primer entrenamiento, decidí enseguida que ya nunca lo soltaría.

¿Se acuerda de esa conversación en la que le anunció que se quedaría con los jugadores profesionales? 
Por entonces estaba empezando un poco a hablar portugués, y ya no me acuerdo de si necesitaba un traductor para nuestra conversación. Pero no era demasiado difícil hablar con él. No necesitaba decirle muchas cosas: ¡estaba tan sonriente y tan orgulloso de entrenarse con los profesionales…! Simplemente le dije al director técnico, Carlos Freitas, que me lo quedaba. Él me miró y me preguntó: "¿Definitivamente? ¿Sabes que no puede jugar en la liga?". No lo sabía, pero dije que sí, para que se entrenase y jugase los partidos amistosos con nosotros.

¿Qué le aportó usted, como su primer entrenador? ¿Cuál ha sido su contribución en su éxito? 
Lo primero es que soy un poco severo. Me gusta utilizar la expresión "Prefiero dar un beso a mis hijos mientras duermen". Cuando están a mi lado soy bastante severo pero los beso cuando no lo ven. Con Cristiano hice lo mismo. Era bastante severo, y fue así como el primer mensaje que empezó a comprender fue el de no exagerar, y no dar simplemente espectáculo. La eficacia debe anteponerse, pese a todas sus cualidades. A veces, basta con un simple cambio de ritmo, y no hay que hacer cinco, seis o siete bicicletas. Le enseñé un juego mucho más eficaz que el regate.

¿Era ya el mismo tipo de jugador, con las mismas cualidades que hoy?
Entonces jugaba de delantero centro; pero yo le eché a la banda, porque jugar entre dos defensas centrales de 90 kilos para un niño de 16 o 17 años era demasiado duro. Además, podía expresar mejor sus cualidades por la banda, sin perder su eficacia. Para mi gran satisfacción, cuando llegó al Manchester United, Alex Ferguson hizo lo mismo. Hoy tiene libertad, va donde quiere; pero entonces, creo que cambiar su posición era lo correcto. Como era demasiado joven y el reglamento le prohibía jugar con el primer equipo, le preparamos un programa especial de musculación y de explosividad para resistir a los contactos y, parafraseando a Aimé Jacquet, "muscular su juego". Él comprendió entonces que lo importante no era solamente esa técnica que los portugueses adoran, y por la que a veces pecan de exceso. Al impulsarle hacia la liga profesional, le permití encontrarse con grandes jugadores, y eso facilitó su desarrollo.

Por tanto, de todos los trofeos y los cuatro Balones de Oro que ha ganado, ¿le corresponderían a usted algunas pepitas?
Tal vez, ¡pero yo no espero estrictamente nada de él, ni de cualquiera de mis jugadores! Yo también fui jugador, y sé bien, sobre todo cuando eres delantero, que se debe tener un egoísmo innato. Lo comprendo perfectamente. No espero ningún reconocimiento; ya he recibido muchísimas recompensas. Mi nombre circula a veces próximo al suyo; me invitó a una ceremonia del Balón de Oro; su familia y su madre han expresado su gratitud… ¡así que ya he recibido mucho!

En el debate Lionel Messi-Cristiano Ronaldo, ¿se inclina forzosamente un poco más por Ronaldo, o consigue ser objetivo?
Evidentemente, no puedo ser objetivo al 100 por ciento. Pero son dos jugadores de un nivel fenomenal, como ha conocido muy pocos este planeta. Quizá Maradona, Pelé, Cruyff, Puskas, Di Stéfano… Pero no muchos; diez como mucho. Messi es único en su estilo, y Ronaldo único en el suyo. Mi corazón me empuja naturalmente hacia Ronaldo, pero tengo el máximo respeto por Messi.

¿Le gustaría volver a entrenarlo hoy? 
No, por la sencilla razón de que, segurísimo, yo no lograré entrenar algún día al Real Madrid. Y espero que Ronaldo no tome la decisión hacia el final de su trayectoria de regresar a un nivel que no es el suyo desde hace muchísimo tiempo. Y un nivel, sin faltarle al respeto a ningún equipo, que sólo podría perjudicarle. Creo que debe, y que va a concluir su carrera en el Real Madrid.