El Urawa Red Diamonds alzó este miércoles el trofeo de la Liga de Campeones asiática tras imponerse al Sepahan por 2-0 en el choque de vuelta. El conjunto nipón se adelantó por mediación de Yuichiro Nagai en el primer tiempo, antes de que un cabezazo de Yuki Abe en la segunda mitad estableciera el 3-1 definitivo en el global de la eliminatoria.

Dicho resultado otorga al flamante campeón asiático un pase privilegiado para la Copa Mundial de Clubes de la FIFA que se celebra el próximo mes en Japón, mientras que el subcampeón, el Sepahan, tendrá que enfrentarse al campeón de Oceanía, Waitakere United. El ganador de ese encuentro, que se juega el 7 de diciembre, se medirá tres días más tarde al Urawa en los cuartos de final de la competición.

Este miércoles, con el equipo visitante visiblemente amedrentado por los 59.000 espectadores en las gradas del estadio de Saitama, el Urawa no tardó en intentar aprovechar un despiste en defensa en los primeros compases. Marcus Tulio Tanaka saltó más alto que nadie en el área para rematar una falta sacada por Robson Ponte en el minuto 7, pero el testarazo del defensa central lo sacó con una acrobática estirada Abbas Mohammadi.

El portero internacional iraní, sin embargo, no podía mantener a raya a los Reds por sí solo e, indefenso, no pudo impedirles que se pusieran por delante cuando se llevaban 22 minutos. Un pase al hueco de Ponte fue desviado hacia la portería del Sepahan, y Jaba Mujiri no logró despejar el peligro. Nagai recogió el balón suelto y lo remachó con potencia y por alto al fondo de la red.

Una vaselina muy osada
La situación fue de mal en peor para el Sepahan al cumplirse la media hora de juego. Su entrenador, Luka Bonacic, se vio obligado a realizar un cambio en la punta de ataque, y sacó a Mahmoud Karimi por el lesionado Emad Mohammed. Sin embargo, mientras Karimi luchaba en vano para cambiar el rumbo del partido, fue el equipo local el que más cerca estuvo de marcar antes del descanso. El delantero brasileño Washington probó fortuna desde la línea medular con una vaselina llena de intención que se fue rozando el larguero.

Tras el descanso, los iraníes amenazaron brevemente con igualar la eliminatoria y, en el minuto 50, Karimi cedió el balón a Moharram Navidkia en la frontal del área con un precioso taconazo. Sin embargo, el disparo del capitán del Sepahan se marchó como una exhalación junto al poste derecho, y su equipo no tardó en perder la iniciativa.

A los dos minutos, de hecho, Washington pudo haber sentenciado la contienda, pero se demoró demasiado en apretar el gatillo y enseguida se vio rodeado por tres defensas. El propio Washington desperdició otra ocasión clamorosa al cumplirse la hora de juego, aunque el mérito hay que concedérselo a Mohammadi, por rechazar magníficamente la volea a bocajarro del brasileño.

Sin embargo, en ese tramo del encuentro, la suerte del Sepahan se estaba acabando. A los 71 minutos de juego, Washington bajó de cabeza un centro desde la izquierda hacia Nagai, cuyo disparo con la derecha fue despejado por Mohammadi. Muy atento al rechace estaba Abe, para cabecear a gol el 2-0. A partir de ese momento, el equipo local se replegó para defender con éxito su cómoda renta de dos goles, aferrándose a una victoria que dio al fútbol japonés el primer título de su historia en la joven Liga de Campeones de la AFC.