Cuando Miguel Ángel Russo comenzó su carrera de entrenador allá por 1989, dirigir a un equipo de grande de la Argentina y jugar la Copa Intercontinental era un sueño. Hoy, 18 años más tarde, está a punto de hacerlo realidad. Detrás de aquella primera experiencia al frente del Club Atlético Lanús en la segunda división del fútbol argentino, a esta de ser el conductor del Boca Junios que ganó la Copa Libertadores 2007 y jugará la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en Japón, hay una historia. Y toda buena historia, merece ser contada...

Bilardista de pura cepa
Russo nació en Lanús el 9 de abril de 1956. Como jugador, fue un batallador volante central que hizo sus 13 años de carrera en Estudiantes de La Plata, el club de sus amores. En 1983 logró el primero de sus dos títulos bajo la conducción de Carlos Bilardo, la persona que lo macaría en su futura profesión.

Una anécdota habla por sí sola. Tras aquel logro, Bilardo dejó Estudiantes para hacerse cargo de la selección argentina. Russo, si bien fue importante en las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA México 1986, que terminaría ganando la Albiceleste, fue desafectado por el conductor antes de viajar. "Me llamó y al darme la noticia nos pusimos a llorar. Pero me dijo una frase clave: 'Me vas a entender cuando seas técnico'. En aquel momento me dolió, pero la verdad, cuando cambié de lugar comprendí cosas que me ayudaron en mi carrera", cuenta el conductor xeneize a FIFA.com sin muestras de remordimiento.

Russo dejó el fútbol en 1988 y un año más tarde, comenzó a desandar su nueva carrera sin saltearse etapas. En Argentina dirigió en el fútbol de ascenso y en Primera División; en Sudamérica, llevó a la Universidad de Chile a las semifinales de la Libertadores en 1996; en Europa probó suerte en el Salamanca; pero fue luego de su paso por el Morelia de México que volvió a su país y dio el salto de calidad, ganando su primer título en la máxima categoría con Vélez Sarsfield en 2005.

A esta altura, Russo ya era considerado un bilardista de pura cepa, cultor del trabajo a destajo y líder de bajo perfil. Y a eso apuntó Boca cuando le ofreció el cargo, a fines de 2006, para reemplazar a Alfio Basile, quien se iba a la selección dejando al ya de por sí difícil banco azul y oro con cinco títulos en cinco torneos disputados. Siete meses más tarde, el entrenador alzaba la Copa Libertadores en Brasil.

Boca siempre es... Boca
Mientras cuenta los días para su viaje a Japón, Boca pelea el Torneo Apertura, donde es escolta de Lanús a tres puntos con nueve por jugar. A pesar de esto, el equipo de Russo recibe numerosas críticas. "En la vorágine del fútbol argentino, uno se olvida de que Boca es campeón de América y va a jugar el Mundial de Clubes. Acá todo es muy exigente y no viene mal recordarlo", recalca el orientador.

Luego, sin que el tono pausado de su voz disimule el peso de sus palabras, completa: "Este es el lugar más exigente del país. Acá las victorias duran muy poco y las derrotas son cargas pesadas. Yo trato de ir equilibrado por el medio. Boca es infinito, siempre hay que ganar algo más. Eso es lo lindo: en esta etapa de mi vida me agarra con fuerza".

De hecho, el entrenador sabe que el título en Japón lo colocaría en una vidriera junto a entrenadores de la talla de Juan Carlos Lorenzo y Carlos Bianchi "Uno no busca igualarse con nadie, pero los parámetros altos están ahí. Boca es la cuarta vez que viaja Japón en ocho años, y eso tiene un condimento especial. No es nuevo para el club, es la consecuencia de ser un equipo muy ganador a nivel local e internacional".

¿Cuál es el secreto? "Trabajo y mística ganadora. ¿Qué significa? La mística se siente, se palpa, se huele, se saborea... Cuesta explicarse con palabras, pero está y se transmite en todo lo que forma parte del club. Pasa por los jugadores, los dirigentes y la gente. La camiseta tiene un peso que a algunos los fortifica, mientras que a otros se le caen los hombros. Por todo esto Boca siempre convive con el rol de candidato".

De hecho, muchos analistas lo ponen de antemano en el partido decisivo ante el Milan. Russo, sin embargo, tiene en claro su objetivo. "Jugar la final. No será fácil, pero iremos partido a partido. Si primero es Pachuca, Pachuca. Y si luego viene el Milan, Milan. Sabemos de su poderío así como ellos saben del poderío de Boca. Nos respetan", afirma el entrenador con convicción. ¿No querrán los italianos saldar la cuenta pendiente por la Intercontinental perdida en 2003? "Si desean revancha o no será cuestión de ellos. Nosotros vamos por lo nuestro".