Los seguidores del AC Milan aseguran orgullosos que el suyo es mucho más que un club. El Milan es como una gran familia, en la que, por encima de todo, se respeta la jerarquía y se venera la tradición. Año tras año, llegan a San Siro astros del fútbol procedentes de todos los rincones del mundo, dispuestos a exhibir sus cualidades enfundados en la famosa camiseta rojinegra y a escribir un nuevo capítulo en la historia de esta venerable institución italiana.
En algunos casos gloriosos, a estos invaluables servidores se
les ha animado a permanecer en la entidad para seguir cumpliendo
con la principal misión
rossonera: ganar trofeos y hacer las delicias del público.
Franco Baresi, Alessandro Costacurta y Mauro Tassotti son algunos
ejemplos ilustres, pero el más famoso de todos es un hombre que fue
compañero de equipo de este trío de ases, Carlo Ancelotti, quien
desde noviembre de 2001 ocupa el cargo más prestigioso y más
precario del club.
"Nuestro objetivo principal"
Carlo Ancelotti nació hace 48 años en la provincia
italiana de Reggio Emilia y triunfó en el mundo del fútbol con el
primer gran Milan de la era Berlusconi. En sólo tres años, de 1986
a 1989, con sus dotes y la contundencia con que robaba balones en
el centro del campo, contribuyó a la conquista del título de la
Serie A, de la Copa de Europa y de la Copa Intercontinental
(Toyota).
Ancelotti sumó un nuevo trofeo a su palmarés en 1989,
precisamente en un partido correspondiente a la Copa
Intercontinental, en el que el Milan se impuso por 1-0 al Atlético
Nacional colombiano. El decisivo mediocampista no pudo estar
presente al año siguiente debido a una lesión cuando su equipo
revalidó el título intercontinental en Japón con una victoria
contra el Olimpia de Paraguay.
En 2003, ya como entrenador de los rossoneri, conoció la derrota a manos del Boca Juniors en la final de esa misma competición. Ahora, 18 años después de aquella última victoria del Milan en el campeonato, el técnico está deseando encumbrarse en la prueba reina del fútbol de clubes. En esta entrevista en exclusiva que ha concedido a FIFA.com, Ancelotti asegura: "Nuestro éxito se basa en que trabajamos todos juntos. Para nosotros y para la comunidad, este trofeo representa el objetivo principal de la temporada".
El Milan, el club de los campeones
Como bien explica el entrenador, tres generaciones
de futbolistas sobresalientes aspiran a conquistar este trofeo para
el Milan: "Desde Maldini, que aunque no juegue es el alma y el
corazón de este equipo, hasta Ronaldo, que nos ayudó inmensamente
el año pasado, y creo que puede aportar mucho en Tokio. Luego está
Kaká, un futbolista de cualidades técnicas y atléticas fuera de
serie, que ha madurado muchísimo desde que llegó a Milán. Es un
jugador muy completo, capaz de desequilibrar un partido de muchas
maneras. Sus compañeros lo tienen muy bien considerado porque ven
en él a un deportista excepcional que es uno más del grupo, que se
entrega en cuerpo y alma al colectivo".
"Todo eso sin olvidar a jugadores del calibre de [Andrea]
Pirlo, [Gennaro] Gattuso, [Clarence] Seedorf, [Alessandro] Nesta y
[Filippo] Inzaghi. Junto a todos estos futbolistas estupendos, por
supuesto, ahora tenemos a un chaval que ya ha ganado un campeonato
mundial de clubes, [Alexandre] Pato. Lamentablemente, no estará con
nosotros en Japón. No podrá jugar con nosotros hasta el 4 de enero,
porque no nos ha sido posible inscribirlo antes del cierre del
mercado estival de fichajes".
Aunque el formato de la competición es totalmente nuevo, los
retos que esperan al técnico son muy parecidos a los que tuvo que
enfrentarse en ediciones pasadas del certamen mundial: "Lo que
más me preocupa es el jetlag, porque nos durará varios días. Luego
está el tema de los entrenamientos, que no serán muy intensivos,
debido a que estos partidos importantes están encajados justo en
medio de la temporada normal. En este aspecto, nuestros rivales nos
llevan ventaja, dado que podrán concentrarse exclusivamente en cada
uno de sus choques".
Boca no es el único peligro
El Milan no quiere dejar nada al azar y ha
estudiado minuciosamente a sus rivales. "Como la gente
infravalora a los equipos menos famosos, ya está dando por
descontado que Milan y Boca disputarán la final, pero tenemos que
andarnos con pies de plomo; no hay que confiarse", advierte
Ancelotti.
"El Pachuca de México puede llegar lejos, y también el Etoile. Los tunecinos eliminaron al Al Ahly, un equipo que el año pasado estuvo a punto de meterse en la final y alcanzó el tercer puesto". En cuanto al resultado del partido de cuartos entre el Urawa Red Diamonds y el Sepahan de Irán o bien el Waitakere neozelandés, Ancelotti parece bastante seguro de cuál de los tres se presentará a la cita con el Milan en semifinales: "Hemos estudiado en vídeo al Boca y al Pachuca y, además, enviamos a un observador a la final de la Liga de Campeones asiática. Para nosotros, los japoneses son los favoritos. Jugarán en casa y, encima, no tendrán el problema del jetlag. Además, su fútbol es de primera, gracias a que los dirige un alemán y a que tienen a varios brasileños en sus filas".
Está claro que, aunque no deja de repetir que Boca Juniors no
será el único peligro que les espera, sabe muy bien que el grande
de Buenos Aires les pondrá las cosas muy difíciles. "Conozco
demasiado bien a los equipos argentinos", asegura con
resignación. "Perdí contra uno en la semifinal del Mundial de
Italia 1990 y contra otro en el año 2003 en la final de la Copa
Intercontinental, en Tokio, y las dos veces a los penales.
Colectivamente, son agresivos y salen a ganar, aparte de que tienen
unas cualidades técnicas maravillosas".
¿Interesado en los
azzurri?
Una victoria en Tokio podría espolear a Ancelotti a
buscar nuevos desafíos, aunque el entrenador no quiera admitirlo
abiertamente: "Espero que no, porque me gustaría acabar mi
carrera de clubes en el Milan y todavía no me he planteado el
retiro. Esta profesión te expone a demasiadas emociones, desde la
euforia y la alegría hasta la angustia y la tristeza, y te brinda
algunas experiencias que no tienen precio. Es un trabajo que te
pone al límite, y a mí me apasiona".
Dado el respeto que toda Italia le profesa, ¿contemplaría la
posibilidad de entrenar a la selección nacional de su país cuando
abandone San Siro? "Convertirme en seleccionador, aunque no
necesariamente de Italia, podría ser una de mis metas",
responde. "Pero no inmediata. Espero cumplirla algún día;
parece una experiencia estimulante".
Roberto Donadoni y Marco van Basten, antiguos compañeros de
equipo de Ancelotti, ya han asumido la responsabilidad de dirigir a
los combinados nacionales de sus respectivos países. Otros ex
jugadores del Milan que colgaron las botas mucho tiempo después que
ellos, como es el caso de Frank Rijkaard, están acumulando un éxito
tras otro como entrenadores de clubes. La pregunta parece obligada:
¿cree Ancelotti que algún miembro del equipo actual podría seguir
los pasos de sus insignes predecesores?
"Si quiere que le diga la verdad, no creo que haya muchos", responde tajantemente. "Me viene a la mente Andrea Pirlo, por lo equilibrado que es y la sensatez con que resuelve cualquier situación. Quizás también Pippo Inzaghi, por su pasión y su visión táctica del juego. En cualquier caso, por el momento los necesito sobre el césped, porque todos queremos que el Milan se convierta en campeón del mundo del fútbol de clubes".
