Nobuhisa Yamada, capitán del Urawa Red Diamonds, está dispuesto a ganar su particular carrera contrarreloj y participar en plena forma en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. El mediocampista japonés ha hablado con FIFA.com sobre los altibajos de esta temporada, del club de Saitama y del campeonato mundial de diciembre.

El pasado 14 de noviembre, el estadio Saitama 2002, hogar del Urawa Red Diamonds, se vino abajo. Las gradas se transformaron en un inmenso mar rojo, con un estallido de júbilo y color, en el preciso instante en el que el club conquistó el título de la Liga de Campeones asiática por primera vez en su historia. Entre las muchas imágenes imborrables de aquel día, quedará para siempre en el recuerdo de los aficionados el momento en el que el veterano capitán y mediocampista, Nobuhisa Yamada, se abrazó a sus extasiados compañeros de equipo tras el pitido final y alzó el trofeo para dedicárselo a aquella marea roja de hinchas que manifestaban su agradecimiento a voz en grito, con un estruendo ensordecedor.

No tenía nada de raro que Nobuhisa Yamada levantara un trofeo. El capitán ya había hecho ese gesto en varias ocasiones durante los últimos años: cuando el club triunfó en la edición inaugural de la Copa Nabisco en 2003, o cuando conquistó los títulos del campeonato de liga en 2006 y de la Copa del Emperador en 2005 y 2006. Sin embargo, aquella ocasión era especial porque Yamada debía esperar su turno para alzar el codiciado premio, después de haber presenciado el encuentro desde el banquillo.

El interior derecho no pudo participar en aquella final contra el Sepahan iraní por culpa del desgarro muscular que sufrió en el partido de liga contra el Nagoya del 28 de octubre. Lo peor fue que la lesión, que obligaba al jugador a pasar de cuatro a cinco semanas de baja, se produjo unos días después de que Yamada y sus compañeros se impusieran heroicamente al Seongnam Ilhwa coreano en la semifinal de la Liga de Campeones.

Yamada nació el 10 de septiembre de 1975 en Fujieda, prefectura de Shizuoka, uno de los centros futbolísticos más importantes del país. Estudió en la prestigiosa escuela de fútbol Higashi de Fujieda y fichó por el Urawa en 1994. Desde entonces, ha vivido muchos altibajos con el equipo de Saitama, pero nunca antes, en más de 500 partidos disputados con el club, había sufrido una lesión grave. De hecho, la resistencia del mediocampista era tal que se había granjeado la fama de "hombre de hierro" entre los aficionados.

El equipo pugnaba por conquistar a la vez el título nacional y el continental, lo que implicaba un calendario de partidos realmente agotador; sin embargo, la única eventualidad que nadie había previsto era precisamente la pérdida de su inquebrantable capitán. Yamada ha explicado a FIFA.com los sacrificios que exigía aquella batalla con dos frentes: "Era la primera vez que debíamos armonizar los rigores de la competición nacional con los de la internacional. Por lo tanto, la fatiga acumulada hizo mella en todos los jugadores. Además del calendario apretado, los desplazamientos eran agotadores y los partidos muy difíciles de sobrellevar. A pesar de todo, nos proclamamos campeones de Asia porque estábamos muy motivados y jamás nos dimos por vencidos".

Al recordar aquella final contra el Sepahan iraní, el jugador comentó: "Me sentó fatal perderme el partido más importante, pero me puse contentísimo cuando el equipo conquistó el título. La formación actual del Urawa es capaz de conseguir buenos resultados incluso sin la presencia de algunos de sus miembros. También en el partido de vuelta mostramos una excelente capacidad de recuperación, a pesar de que, después del descanso, nos vimos obligados a replegarnos. Debo admitir que me puse muy nervioso y sólo me calmé un poco cuando marcamos aquel (segundo) gol".

Hasta este año, ningún equipo japonés había conseguido superar la fase de grupos de la Liga de Campeones asiática desde que en 2002 la competición adoptó su formato actual. Obviamente, la clasificación del Urawa y de su compatriota, Kawasaki Frontale, para la fase eliminatoria esta temporada despertó grandes expectativas. Osieck, el entrenador del equipo rojo, había inculcado a sus hombres la idea de que debían concentrarse exclusivamente en el partido más inmediato. Por eso, tan sólo cuando los Diamantes Rojos de Urawa derrotaron a los coreanos en semifinales, se convenció Yamada de que el título asiático estaba totalmente al alcance del equipo. "En la Liga de Campeones, nuestro partido más complicado fue el que disputamos contra el Seongnam Ilhwa. Así que, después de ganar ese choque, estábamos totalmente resueltos a adjudicarnos el título".

Después de su fundación, el Urawa fue hundiéndose en los abismos de la tabla del campeonato nacional hasta tocar fondo en 1999 y sufrir el oprobio del descenso a la segunda categoría. Yamada, que vivió aquella "edad oscura" del Urawa, se emociona cuando piensa en lo mucho que ha avanzado el club desde entonces. "Estoy convencido de que este equipo se encuentra al máximo de sus facultades, pero mis mejores días pertenecen al pasado, por desgracia", aseguró con la modestia que lo caracteriza. "Cada uno de nuestros jugadores es un superdotado. Aunque todos ellos poseen un ego bastante grande, juegan juntos y muy unidos por el bien del equipo".

Al veterano futbolista de 32 años de edad, famoso por su humildad y su escasa propensión a exhibir sus emociones, le preguntamos de qué manera ha contribuido su labor como capitán a la cohesión del equipo y a los éxitos conseguidos. Comedido como siempre, el curtido capitán contestó: "Yo no he hecho nada especial. Ha sucedido de forma natural". Y añadió: "Participar en una Copa Mundial de Clubes de la FIFA constituye un punto de arranque muy importante para el equipo. No es una meta final, sino un principio. Hay que aprovechar al máximo este empujón y seguir así el año que viene y también al otro".

Cuando era niño, presenció como espectador la victoria del Juventus de Michel Platini contra Argentinos Juniors en la tanda de penales en la final de la Copa Intercontinental (Toyota) de 1985. "Me encantaría que ganáramos nuestro primer choque para enfrentarnos al Milán. Tengo muchas ganas de comprobar hasta dónde podemos llegar", aseguró Yamada, gran admirador del fútbol italiano. "Sólo he visto jugar al Milán desde la perspectiva de un aficionado, y nunca lo he contemplado ni analizado como posible rival. A decir verdad, todavía no he conseguido digerir la idea, pero, por la posición que ocupo en el campo, puede que me toque marcar a (Paolo) Maldini. Estoy deseándolo. Enfrentarte a un futbolista de su calibre no es algo que te pase cada día".

También los hinchas del Urawa Red Diamonds están muy ilusionados ante la perspectiva de ver a Yamada frente a frente contra esas luminarias del fútbol mundial. Los seguidores del equipo rezan por la total recuperación de su héroe. A los miles y miles de hinchas rojos que abarrotarán el estadio de Saitama en diciembre les embargará la emoción por el solo hecho de ver a su emblemático capitán sobre el terreno de juego de un escenario mundial, una gesta que les recordará lo lejos que ha llegado su club.