Pocos días antes de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, que se disputará en Japón del 7 al 16 de diciembre, FIFA.com ha entrevistado a Ricardo Izecson dos Santos Leite, el mediapunta brasileño del Milan, de 25 años de edad.
¿No les dice nada el nombre? Bueno, algo similar ocurría con Edson Arantes Do Nascimento, a quien todos eternizaron con el apodo de Pelé. En este caso que nos ocupa, los aficionados al fútbol deberían empezar a aprenderse de memoria toda la retahíla: Ricardo Izecson dos Santos Leite. Resulta muy útil para dárselas de entendido sobre la vida y milagros de uno de los futbolistas más grandes del mundo en la actualidad, que acaba de ganar el Balón de Oro 2007 y figura entre los tres finalistas para llevarse el premio al Jugador Mundial de la FIFA 2007.
FIFA.com se lo presenta a continuación porque ha tenido la oportunidad de entrevistar a Kaká. Al verlo ahí sentado, lo primero que llama la atención es el contraste entre esa estampa inmóvil y elegante y la progresión imparable del jugador, su capacidad para levantar pasiones en todo el mundo con su velocidad y su potencia. Inmediatamente se agolpan en la mente las imágenes de sus goles espectaculares y decisivos, en especial los diez que marcó durante la pasada edición de la Liga de Campeones de la UEFA, tres en la semifinal contra el Manchester United inglés. Con ellos consiguió el título de máximo goleador del campeonato europeo y con ellos contribuyó a que el equipo rossonero conquistara la copa más importante de Europa, el único pasaporte posible para Japón 2007.
Por la sensatez con la que responde a nuestras preguntas, por sus inteligentes razonamientos y por lo lejos que éstos se encuentran de los lugares comunes en los que suelen caer los futbolistas, descubrimos que tenemos delante a un muchacho y a un campeón como hay pocos, perfectamente integrado en el lugar y en el tiempo que le han tocado vivir.
Señor Kaká, la aventura japonesa está a punto de comenzar.
¿Qué espera de ella?
No puedo ocultarlo. Tengo unas ganas locas de ganar el
Mundial de Clubes. Sobre todo porque se trata de mi segunda
oportunidad, después de la primera en el año 2003, de participar en
esta competición, que ahora tiene un nuevo formato. No me he
olvidado de aquella derrota ante Boca Juniors. Este año, mis
compañeros y yo llegamos con una motivación enorme, dispuestos a
que todo nos salga a pedir de boca. Sé positivamente que estaremos
a la altura.
Al hablar del pasado, inmediatamente ha nombrado a Boca. Si
mira hacia el futuro, ¿ve otra final contra los
argentinos?
Cada cosa a su tiempo. Primero tenemos que disputar la
semifinal, si bien no sabemos todavía quién será nuestro rival. Yo
opino que sería muy bonito, aunque arriesgado, enfrentarnos en
nuestro primer partido a los anfitriones, a los japoneses. Como
juegan en territorio propio, contarán con el aliento y el apoyo de
una gran hinchada; y la verdad es que a mí me encanta exhibirme en
un estadio lleno y ante un público volcado y entusiasta, aunque sea
el campo y el público del rival.
Regresemos un momento al Boca. Parece un buen augurio que
el apodo del club argentino sea Xeneizes (que en italiano significa
'genoveses'). Este año en el campeonato de liga italiano,
el Milan se ha mostrado intratable contra los equipos genoveses. Y
eso a pesar de que, en otras ocasiones, no ha brillado
tanto...
¡Esperemos que el juego de palabras nos traiga suerte! En
efecto, en Génova, contra el Genoa y el Sampdoria, hemos jugados
dos partidos estupendos que se han saldado con victorias
contundentes. En la liga todavía no hemos alcanzado la regularidad,
pero en las últimas semanas hemos crecido. Estoy convencido de que
llegaremos a Japón en excelentes condiciones. Si de verdad nos
cruzamos al final con los argentinos, tendremos que emular el mejor
rendimiento que hayamos ofrecido esta temporada, especialmente con
un fútbol resolutivo, pero al mismo tiempo técnico y creativo. Y lo
mismo valdrá tanto para enfrentarnos a los tunecinos como a los
mexicanos.
El Milan, a partir de la semifinal del jueves 13 de
diciembre, jugará en el Estadio Internacional de Yokohama. Un
recinto que usted conoce bien...
Es cierto. En ese estadio conquisté con Brasil en
2002 el título de campeón del mundo, después de derrotar a Alemania
en la gran final. Un día que no olvidaré jamás y que espero revivir
en Sudáfrica en el año 2010.
Además, la Copa Mundial de la FIFA se jugará en 2014 en su
Brasil natal...
Para entonces habré cumplido ya 32 años, y tengo esperanzas
de contribuir a que mi país se quite por fin la espina de una de
las derrotas más dolorosas de la historia del fútbol, a manos de
Uruguay en 1950. Pero antes que eso, hay otras competiciones que
quiero intentar ganar. Además de la Copa del Mundo de 2010, tengo
muchas ganas de conseguir la victoria en los Juegos Olímpicos de
Pekín, porque a la Selecão le falta la medalla de oro olímpica. Y
todo eso sin olvidar la Copa Confederaciones de 2009.
A propósito, en las últimas tres ediciones de la Copa
Mundial de Clubes han triunfado equipos brasileños. Sin embargo,
este año no compite ningún club de su patria.
Lo que en realidad debería usted decir es que, este
año, con un equipo argentino como principal rival y con tantos
brasileños en el Milan, intentaremos hacer nosotros lo que los
clubes de mi país han hecho en los últimos años. Algún que otro
equipo de los que participan en este campeonato alineará también a
jugadores brasileños, pero está claro que el Milan, con Cafú,
Emerson, Ronaldo, Dida y los demás, me siento como si formara parte
de una selección nacional en miniatura.
Si el Milan llega a la final, el Presidente Berlusconi
tiene planeado ir a Japón y pasar allí cuatro días. Es una prueba
clara de la importancia que tiene para el club ganar esta
competición. ¿Se siente preparado para espolear a sus compañeros
hacia la victoria?
La expectación crece un poco más cada día. Sólo con fijarme
en el coraje de Gattuso o en el empuje y la voluntad que le pone
Maldini, me doy cuenta de que vamos a conseguirlo. Somos un grupo
compacto, un vestuario formado por auténticos campeones, que tienen
experiencia y que ya han conquistado todo lo conquistable. No hay
envidias. Desde que llegué, hace ya cuatro años, nunca he tenido ni
el más mínimo problema. Creo que me he integrado bien y sé que
desempeño una labor muy importante sobre el terreno de juego. Por
otro lado, soy consciente de que el que gana es siempre el
colectivo, casi nunca las individualidades.
Una victoria en Japón podría ser considerada, incluso por
lo que respecta a usted en particular, la clausura de un ciclo
fantástico. Díganos, ¿se ve en el futuro lejos de la ciudad de
Milán?
Tengo un contrato con el Milan para bastante tiempo
todavía y me encuentro bien en este club. Pertenezco a una entidad
que me ha permitido hacer realidad mis sueños, dentro de pocos
meses mi mujer dará a luz a nuestro hijo, aquí me siento apreciado
y me encuentro rodeado de compatriotas brasileños, con los que
formamos una comunidad pequeña, pero muy unida. Si quiere que le
diga la verdad, actualmente ni siquiera se me pasaría por la cabeza
la posibilidad de marcharme de aquí, a pesar de que en el fútbol
pocas veces está uno seguro de nada. En Italia, para hablar de
cosas menos trascendentes, se come estupendamente. Mi plato
preferido es la pasta y me cuesta mucho imaginar platos de pasta
tan buenos en ningún otro sitio...
¿Y cómo ve, en un futuro al parecer lejano, su regreso a
Brasil, un país que está experimentando una lenta recuperación
económica?
Sería estupendo tener la oportunidad en años venideros. En
Brasil hay muchísimos jugadores, y todos quieren venir a Europa,
porque aquí se disputan los campeonatos más prestigiosos y ricos.
Sin embargo, me parece que harán falta muchos años para cambiar el
estado de cosas actual.
En resumen, ¿qué significa para usted la Copa Mundial de
Clubes?
En Brasil, cualquier futbolista aprende pronto que el Mundial
de Clubes es el trofeo más importante: se gana la Copa Libertadores
para poder participar en la Intercontinental. Sin embargo, en
Europa es justo al revés. El objetivo máximo es ganar la Liga de
Campeones, y el Mundial de Clubes es un extra. No obstante, por
muchos motivos, la tendencia no será la misma este año. En el Milan
hay jugadores, como Maldini, que están a punto de dejar el fútbol;
y otros que, al igual que yo, nunca han ganado este trofeo. También
hay varios que, como Ronaldo, han estado de baja durante algún
tiempo y, por lo tanto, tienen muchas ganas de lucirse bajo los
focos. En resumen, estamos concentrados al máximo. ¡Queremos ganar
esta Copa!
