La Copa Mundial de Clubes de la FIFA que transcurre en Japón, en la que muchísimos seguidores nipones están animando apasionadamente a los mejores equipos de Europa y Sudamérica, es un evento de primer nivel en el calendario deportivo del país.

Más allá de los próximos encuentros, en los que participarán equipos de talla mundial como el AC Milan y el Boca Juniors, o incluso el preferido del público local, el Urawa Red Diamonds, los espectadores han acudido en gran número para animar a conjuntos menos conocidos en los dos primeros partidos del certamen. Los aficionados japoneses se han propuesto disfrutar al máximo de la ocasión, volcándose para dar la bienvenida a formaciones de todo el planeta en esta fiesta del deporte rey.

Programada para sólo una semana después de que se cerrase el telón de la campaña de liga nacional, la Copa Mundial de Clubes de la FIFA representa la guinda perfecta a un apasionante año de fútbol. Organizar el torneo en esta época contribuye a trasladar la emoción y el ímpetu del campeonato japonés a la competición mundialista de clubes. Este año es la tercera vez que se celebra en Japón con el formato actual, y su reconocimiento en los círculos futbolísticos de todo el globo continúa aumentando. La combinación de estos dos factores ha provocado un fuerte aumento en la venta de entradas.

Este incremento pudo verse claramente ya en el duelo inicial, que enfrentó el viernes por la noche al Sepahan iraní con el Waitakere United neozelandés, y que congregó la impresionante cifra de 25.000 espectadores. A muchos de los asistentes les hubiera gustado que sus equipos predilectos de la liga japonesa pudieran saltar al campo, y esperaban que sucediese algún día. El Sepahan, en concreto, dispuso de un apoyo considerable, ya que, después de competir con el Urawa Reds y el Kawasaki Frontale japoneses en la Liga de Campeones de la AFC de este año, jugadores como Moharram Navidkia son ahora nombres muy conocidos entre los aficionados asiáticos.

A modo de ilustración de este aspecto, FIFA.com se fijó en una pareja nipona que llevaba los colores de los iraníes, finalistas derrotados de la prueba continental. "Los vimos en la final de la Liga de Campeones asiática contra el Urawa, y ahora sentimos una cierta afinidad hacia ellos. También es más interesante cuando uno se decanta por alguien, así que hoy hemos decidido animar al Sepahan", explicaron.

Otro partidario del Sepahan vestía una camiseta roja que decía "Venganza contra los Reds", y se mostró encantado de explicar el razonamiento que hay detrás de esa frase: "No es que yo sea anti-Reds de ninguna manera. Simplemente sé que el Sepahan quiere desquitarse a toda costa de su derrota contra el Urawa, así que me gustaría que ganase (contra el Waitakere) y volviese a enfrentarse a los Reds".

El menos conocido y humilde Waitakere United, mientras tanto, daba la impresión de no tener casi ningún apoyo entre los locales en vísperas del partido, aunque la feroz resistencia que opuso en la segunda parte provocó el ruidoso respaldo de las gradas, sobre todo de la gente situada detrás de la meta de los Kiwis. "Sólo son jugadores amateurs, y su espíritu de lucha me inspiró", dijo una chica alabando a los correosos neozelandeses. A la conclusión del choque, el entrenador Chris Milicich y sus pupilos manifestaron su gratitud por el tremendo entusiasmo del público.

La exaltación se prolongó hasta el domingo por la tarde, cuando 35.000 espectadores contemplaron la segunda cita del torneo, en la que el Étoile Sportive du Sahel tunecino se medía con el Pachuca mexicano. Junto a un grupo de hinchas que habían viajado desde Latinoamérica, varios japoneses que estudiaron en México también acudieron a respaldar a los Tuzos. "Cuando supimos que un equipo mexicano iba a venir, todos decidimos ir a animarlo", indicó uno de ellos. Entre otros seguidores del Pachuca estaba un hombre que después de una visita a México se convirtió en ferviente admirador del tipo de fútbol, muy técnico, que se practica en el país.

El Étoile, por otra parte, contó con el sostén de un grupo de animados jóvenes. Cantando continuamente "¡El equipo número uno de África!" en japonés, su fervor contagió a otros espectadores próximos, quienes también se encontraron en el bando de los campeones africanos.

El espíritu y la pasión de los últimos días continúan aumentando, y se trasladarán sin duda a los partidos que restan. Una cosa es segura, cuando el equipo número uno del mundo alce el trofeo el domingo 16 de diciembre en Yokohama, tiene garantizados unos festejos muy especiales.