A lo largo de sus 102 años de historia, Boca Juniors ha forjado una identidad emparentada con el fervor, la garra y la inquebrantable búsqueda de la victoria. Por eso, a nadie debe extrañarle que la mayoría de sus ídolos históricos hayan reunido ese tipo de condiciones. En la actualidad, el abanderado que conlleva todos esos atributos no es otro que Claudio Morel Rodríguez (29 años), el paraguayo que llegó al club a mediados de 2004 y que, en apenas tres años, se convirtió en uno de los más mimados por la exigente afición Xeneize.

A horas de enfrentarse con el AC Milan por el cetro mundial de clubes, el jugador de la selección paraguaya dialogó en Yokohama junto a FIFA.com. Su relación especial con la hinchada de Boca, las claves para anular a Kaká en la gran final y un sueño latente: darle la victoria a los suyos con uno de sus tiros libres.

"Nada se compara con esta posibilidad. Nada de lo que hayamos ganado antes está a la altura de un Mundial de Clubes. Esto es algo especial, ojalá podamos ganar esa final el domingo y llevar la copa a Argentina", explica en su primera declaración referida al partido más importante de su carrera. ¿La razón? Muy simple: "No hay nada como enfrentarse al poderoso, uno de los mejores clubes del mundo con todas sus estrellas. Si ganamos, seremos los mejores del mundo. ¿Hay algo mejor que eso?".

Operativo Kaká
La situación es clara. Muchas de las opciones de Boca en la gran final del domingo dependerán del trabajo defensivo sobre el brasileño Kaká, quien ya demostró toda su valía en el primer partido contra Urawa Red Diamonds. Y allí, como siempre, deberá entrar en acción Morel Rodríguez.

"Kaká puede hacer daño con espacios. Por eso habrá que estarle encima y no dejarlo jugar. A esa clase de futbolistas les molesta eso", reconoce quien, además, esperaba más de los italianos en su primer partido: "Pensé que iban a ser algo más que eso. Ojalá que el domingo salgan a jugar un partido abierto. Es un gran equipo, no se desespera y maneja bien el balón, pero nosotros estamos a la altura de este torneo y por algo estamos en la final".

Pero a no confundirse. No sólo de marca y sudor se caracteriza este admirador de Roberto Carlos y Oscar Ruggeri. En la ofensiva, su pegada puede ser desequilibrante a la hora de ejecutar tiros libres. "Sería un sueño hermoso ganar el Mundial de Clubes con un gol mío. Pero tengo que ser realista: con tal de ganar, me da lo mismo quién meta el gol", confiesa.

Lo cierto es que, posibilidades concretas al margen, un tanto decisivo en este partido le abrirá la puerta grande a la galería de los ídolos del club. Incluso cuando él se niegue a admitirlo: "Me siento mimado por la gente, pero no un ídolo. Esa es una palabra muy grande. Creo que el público me demuestra su afecto porque soy la clase de jugador que deja todo en la cancha y que nunca baja los brazos cuando las cosas no salen bien". Sin dudas, la actitud necesaria para afrontar al Milan en el partido decisivo. Sólo así, Morel podrá cumplir su anhelo más profundo: "Quiero ganar y llevarle la Copa a mis hijos Axel, Eliel y mi mujer. Los extraño mucho, pero el sacrificio vale la pena". Como manda la historia de Boca.