Milán, capital de Lombardía, se ha acostumbrado a vibrar con las hazañas de sus dos buques insignia: el AC Milan, campeón de Europa en 2007, y el Inter de Milán, nacido de una escisión del primero y vigente campeón de Italia. El AC Milan, fundado en los albores del siglo XX, tardó unos cincuenta años en instalarse en la cima de Europa. Desde entonces, nunca ha vuelto a bajarse de allí.

Tras erigirse en el club de las clases populares en sus inicios, puede que el Milan se haya ido "aburguesando" con el paso de los años, pero sin perder ni un ápice de su eficacia. Su centro de entrenamiento de Milanello, cercano a Varese, es hoy uno de los mejor equipados de Europa. Como contrapartida, los dos clubes milaneses, hermanos y enemigos, comparten la "catedral" del estadio Giuseppe Meazza, al que todos los italianos siguen llamando San Siro.

Las figuras extranjeras han desempeñado un papel importante en los momentos gloriosos del AC Milan, como el célebre trío sueco Gren-Nordahl-Liedholm (apodado GRE-NO-LI), el brasileño José Altafini o el uruguayo Juan Schiaffino, que hicieron las delicias del Milan en los años 50.

Pero también encontramos grandes personalidades italianas asociadas a los momentos de gloria del club. El AC Milan ha sabido hacerse con los servicios de los más grandes estrategas del Calcio (Nereo Rocco, Arrigo Sacchi, Cesare Maldini, Alberto Zaccheroni, Giovanni Trapattoni, Fabio Capello, Carlo Ancelotti), que han sabido transmitir a sus jugadores su mensaje táctico igual de bien que su amor por los colores rossoneri.

Por tanto, no es casualidad que tres de los futbolistas italianos más grandes de todos los tiempos estén relacionados con la historia de este club. El primero, Gianni Rivera, dejó su huella en el fútbol italiano con su elegancia, su habilidad técnica y su extraordinaria visión de juego. Durante 19 años, el nombre de este número 10 estuvo estrechamente ligado al del Milan, con el que metió 128 goles en 501 partidos oficiales.

En homenaje a Franco Baresi, defensa ejemplar, el club lombardo decidió en julio de 1997 que el número 6 no volviera a asignarse a nadie más. "¿Por qué habría tenido que pensar por un solo instante en mi carrera dejar el Milan por otro club? Ya estaba jugando en el mejor equipo del mundo", explicó Baresi con una sonrisa, aludiendo a sus 713 partidos oficiales con la camiseta del Milan. Desde su retirada deportiva, ocupa el puesto de Vcepresidente encargado de las categorías menores.

El tercero es, naturalmente, el incombustible Paolo Maldini, tan elegante como Rivera y tan eficaz como Baresi, y el yerno ideal para miles de italianas. A sus 38 años, el hijo de Cesare no cesa de levantar trofeos de la Liga de Campeones. Tras su última victoria en 2007, 23 años después de su debut en la Serie A italiana, reconoció: "Es como si fuera la primera vez".

La historia del Milan, de sus 17 títulos de liga y de sus múltiples campañas europeas y mundiales, se lee así a través de las actuaciones y el carisma de estos símbolos del fútbol italiano.

Solo contra tres clubes ingleses
El conjunto lombardo, obligado a pasar por la ronda preliminar, tuvo que luchar muchos meses antes de adjudicarse su séptimo título europeo. En primer lugar, hubo que volver a movilizar a sus internacionales (todavía en una nube tras su título mundial) para deshacerse en agosto del Estrella Roja de Belgrado (1-0 en casa y 1-2 fuera). La fase de grupos (AEK de Atenas, Lille, Anderlecht) confirmó los problemas para los milanistas, con un balance de 3 victorias, 1 empate y 2 derrotas. Pero lo importante era clasificarse.

En octavos de final, contra el Celtic de Glasgow, también hubo que sudar (0-0 y 1-0), pero a continuación los pupilos de Carlo Ancelotti no dejaron de ir a más. En cuartos de final, el Bayern de Múich creía haber encarrilado la eliminatoria en la ida, con un valioso empate en Milán (2-2), pero el equipo rossonero se impuso a lo grande en la vuelta, en el Allianz Arena (0-2).

El Milan, el único equipo latino en semifinales, frente a tres clubes de la Premier League inglesa, tuvo que superar primero el escollo del Manchester United, que venía de hacer volar en pedazos al Roma (7-1). Sin embargo, el brasileño Kaká, autor de dos dianas en Old Trafford, encarrilaba la eliminatoria, aun cuando el Manchester se imponía sobre la bocina (3-2). En la vuelta, Kaká marcaba su 10º gol (lo que le convertía en el máximo goleador de la competición), y el Milan ganaba sin problemas por 3-0.

En la final, para la revancha contra el Liverpool (que en 2005 había remontado un 3-0 en contra antes de imponerse en los lanzamientos de penal), Ancelotti confió las llaves de la delantera al instintivo ariete Filippo Inzaghi, que se destapó con un magistral par de dianas. Ello bastó para deshacerse (2-1) de los Reds, que fueron a toparse con la defensa más experimentada de Europa. Así, el capitán Paolo Maldini pudo alzar su quinta Liga de Campeones, una gesta que será difícil de igualar.

Un brasileño sucede a otro
Como es lógico, Kaká, el genial media punta del Milan, se proclamó mejor jugador y máximo goleador del certamen. De este modo sucedió a su compatriota Ronaldinho, que hizo lo propio la temporada anterior con el Barcelona.

Esta campaña, Kaká ha participado en todas las jugadas importantes. Fue el autor del gol de la trabajada clasificación contra el Celtic de Glasgow y quien hizo temblar al Bayern en la ida, provocando y transformando el penal "suicida" del 2-1. Pero, sobre todo, en el "Teatro de los Sueños" de Old Trafford, dio una auténtica exhibición: un control orientado lleno de visión de juego en el primer gol y una auténtica genialidad de prestidigitador en el segundo, donde se deshizo de tres defensas. En el partido de vuelta, rizó el rizo al abrir el marcador con un zurdazo cruzado y raso (era su 10º tanto, a una media de 0.79 por partido).

Por último, en la final, Kaká volvió a estar una vez más en el origen de los dos goles de "Pippo" Inzaghi, con una actuación digna de los más grandes.

Y Ancelotti dejó de fumar...
Tras ganar dos veces la Copa de Europa como jugador milanista, Carlo Ancelotti se adjudicó esta temporada su segundo cetro europeo como entrenador, siempre con el Milan. "Lo que he conseguido aquí ha sido porque en Milán tengo la sensación de estar como en casa. He llevado esta camiseta como jugador y he ganado trofeos prestigiosos defendiendo sus colores. Mi relación y mis sentimientos en relación al Milan son muy intensos", explicó.

Sin embargo, a principios de la temporada, el Milan ofrecía un fútbol un poco titubeante y el nombre de Ancelotti solía aparecer constantemente en los debates. "Nunca me sentí amenazado. Se consiguió mantener la armonía a pesar de los problemas".

Finalmente, la decisión táctica de utilizar a Kaká más en punta, por detrás de un único delantero, resultó determinante. Por otra parte, Ancelotti supo sacar de nuevo el máximo partido a sus jugadores y tomar la decisión acertada en el momento adecuado; como en la final, donde, en el último momento, prefirió a Inzaghi en detrimento de Alberto Gilardino.

Pero ahora empieza lo más difícil para Ancelotti, que había prometido que, en caso de victoria, dejaría de fumar. "Va a ser duro, pero lo conseguiré", afirmó con convicción.

Un poco de historia
El 16 de diciembre de 1899, el "Milan Cricket and Foot-Ball Club" fue fundado en Milán por dos ingleses: Herbert Kilpin y Alfred Edwards. Este último, vicecónsul británico en Milán y muy conocido en los mundillos de la capital lombarda, fue el primer Presidente de un club que, en sus inicios, constaba de una sección de críquet y otra de fútbol.

El Milan, afiliado a la Asociación Italiana de Fútbol en 1900, conquistó su primer título nacional en 1901. Sin embargo, en 1908, después de sumar dos nuevos títulos, unos disidentes en desacuerdo con "la influencia inglesa" del club fundaron el Football Club Internazionale di Milano (Inter de Milán), una escisión que dejaría debilitado al AC Milan durante muchos años. En efecto, el equipo tendría que esperar hasta 1951 para ganar su cuarta liga.

En 1938, el régimen fascista ordenó a todos los clubes del país que italianizaran sus nombres, y así fue como vio la luz el Associazione Calcio di Milan (AC Milan).

En la década de 1950, bajo la batuta del célebre trío de delanteros suecos GRE-NO-LI (Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm) y del uruguayo Juan Alberto Schiaffino, el equipo vivió sus primeros grandes momentos de gloria, al adjudicarse cuatro títulos.

Pero fue en los años 1960/70 cuando el Milan explotó de veras en el firmamento del fútbol mundial bajo la dirección de Nereo Rocco, un entrenador emblemático que pudo apoyarse en una plantilla de lujo (con el "golden boy" Gianni Rivera, José Altafini, Cesare Maldini o Giovanni Trapattoni).

El 20 de febrero de 1986, el nuevo Presidente del club, Silvio Berlusconi, le hizo subir un nuevo peldaño con la confección de una plantilla excepcional, que gozaba del capitán Franco Baresi, Paolo Maldini (ya estaba ahí), Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta, Roberto Donadoni (actual seleccionador italiano), Carlo Ancelotti (actual entrenador de los campeones de Europa) y de un tridente ofensivo con Pietro Paolo Virdis, Marco van Basten y Ruud Gullit. Todo ello, con un técnico desconocido en el banquillo que iba a ganarlo todo con el AC Milan: Arrigo Sacchi.

Desde entonces, Fabio Capello, en la década de 1990, y luego Carlo Ancelotti, a partir de 2001, han mantenido siempre al Milan en su posición de grande de Europa, como reflejan sus dos finales disputadas en la Liga de Campeones las tres últimas temporadas.