La campaña inaugural del Waitakere United en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA se saldó con varias decepciones. Encontrarse con un marcador de dos goles en contra a los cuatro minutos de juego frente al Sepahan no fue el comienzo ideal, y los fallos individuales que permitieron a los iraníes imponerse por 3-1 dejaron un persistente mal sabor de boca.
Para el Waitakere, sin embargo, la experiencia de Japón 2007 resultó ser tan gratificante como corta, y en el club del oeste de Auckland todos tenían ganas de repetir. Su entrenador, Chris Milicich, lo resumió del siguiente modo: "Necesitamos más partidos a este nivel para poder subir continuamente el listón".
Tan sólo cinco meses más tarde, el principal equipo de Nueva Zelanda ha vuelto a ganarse el derecho a estar en la gran cita, tras conservar su título continental de Oceanía en una apasionante eliminatoria a doble partido con el Kossa FC, de las Islas Salomón. Aunque los Kiwis acudían a la final como grandes favoritos para revalidar la O-League, no lo tuvieron nada fácil frente a un adversario que contaba con jugadores de una gran calidad técnica, algunos de ellos curtidos en un torneo de la FIFA.
El hecho de que ese certamen fuese la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA, en Río de Janeiro, no resta valor a la presencia en la plantilla del Kossa de James Naka, una de las indiscutibles estrellas de aquella edición e ídolo nacional, quien ya había aterrorizado a las defensas contrarias durante la inesperada trayectoria del club hasta situarse en la final de la OFC. Escoltado por cuatro miembros del combinado salomonense que participó en Río de Janeiro 2007, Naka puso en aprietos al Waitakere en el choque de ida, disputado en Honiara.
Animado por un entregado público de 20.000 espectadores, y con una elevada temperatura a media tarde, el Kossa dominó en su feudo y venció 3-1, merced a un tanto de Naka y a dos de otro de los miembros de la selección de fútbol playa, Joe Luwi. Milicich admitió luego que el ambiente había afectado a sus hombres. "Muchos seguidores Kiwis no se dan cuenta de que cuando nuestros equipos juegan en las islas es un partido fuera de casa de verdad: 20.000 personas en silencio sepulcral cuando tu equipo hace algo, pero con un ruido ensordecedor si son los suyos".
El Kossa sucumbe a balón parado
En un intento de reproducir el recibimiento hostil que había
tenido en las Islas Salomón, el Waitakere adoptó la loable medida
de regalar las entradas, con el fin de atraer a sus hinchas Trusts
Stadium en la vuelta. 3.000 personas presenciaron un partido
marcado por la lluvia, en el que las condiciones climáticas
volvieron a ser importantes. Al principio los jugadores del Kossa
tuvieron problemas para correr en un terreno resbaladizo.
A los ocho minutos, los visitantes se vieron en desventaja en el casillero. La diana de Benjamin Totori estableció la pauta de un primer periodo dominado por la potencia y la buena condición física de los locales. La incapacidad del Kossa de plantar cara a los neozelandeses en las acciones a balón parado tendría consecuencias en el minuto 25, cuando Chris Bale introdujo en el fondo de la red un saque de esquina de Neil Sykes. Si bien los salomonenses regresaron con fuerza de los vestuarios, a falta de 18 minutos el tanteo global de la eliminatoria les fue desfavorable por vez primera, al anotar de cabeza Allan Pearce el 3-0, en un nuevo lanzamiento de Sykes.
Otros dos goles en los últimos 12 minutos, obra de Pearce y Jake Butlet, sentenciaron la contienda. Milicich, encantado, reflexionó sobre la misión cumplida. "Hicimos lo que habíamos planificado", dijo. " . Sabíamos que si nos limitábamos a jugar los goles llegarían".
Hay se sobrepone al dolor
Mientras el técnico del Kossa, Jacob Moli, asumía la derrota
con elegancia, refiriéndose al "fantástico recorrido" de
sus muchachos hasta la final, Milicich expresaba su deseo de
emprender otra aventura japonesa. "Ahora nos centraremos
totalmente en Japón, y en hacerlo mejor que la última vez",
indicó. "Vamos a ir con la mejor preparación posible, llevando
al mejor equipo que podamos, para intentar cumplir".
Es evidente que el Waitakere volverá a acudir como equipo más asequible de la competición, aunque no le faltará ánimo, si nos guiamos por el ejemplo de Danny Hay. Al capitán se le había diagnosticado una fractura de tobillo seis días antes del encuentro del domingo, pero se sometió, según sus propias palabras, "a no sé cuántas inyecciones" para poder estar en condiciones de saltar al campo una hora antes del saque inicial.
Fue sustituido a media hora de la conclusión, pero regresó al terreno de juego para levantar el trofeo. Con jugadores de tanto coraje y determinación en sus filas, Milicich tiene derecho a creer que sus pupilos pueden ser el orgullo del continente en su regreso a la prueba mundialista.
