Aurelio Vidmar, entrenador del club australiano Adelaida United, debe de estar examinando en estos momentos las elevadas probabilidades de clasificar a su equipo para la final de la Liga de Campeones asiática y la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Seguro que no ha tenido mucho tiempo para contemplar con detenimiento la singular trayectoria que ha seguido con su club.

El Adelaida afrontará el miércoles el partido de vuelta de su semifinal de la Liga de Campeones asiática contra el Bunyodkor uzbeko. Con la ventaja de 3-0 que consiguieron los rojillos en el encuentro de ida, Vidmar tiene muchas razones para estar confiado pero, como es prudente, no se fía. "Nos dieron muchos argumentos en el partido de ida para concluir que son un equipo muy bueno, y capaz de hacer muchos goles", declaraba hace poco a FIFA.com en una entrevista en exclusiva. "Hemos visto los que marcaron contra el Saipa [el rival del Bunyodkor en cuartos de final], y sabemos que, cuando se lanzan al ataque, la grada los apoya con fuerza".

Vidmar tomó las riendas del Adelaida en circunstancias turbulentas. Tras el aplastante 6-0 en la gran final de la liga australiana en 2007 y la subsiguiente marcha del carismático y veterano entrenador John Kosmina, su segundo de a bordo asumió el mando general de la escuadra justo antes de la campaña del Adelaida en la Liga de Campeones asiática de 2007. "Fue una buena base empezar primero por la competición internacional", analizaba Vidmar, "porque no tuve tiempo de pensar en ello. Simplemente tuve que entrar y echar a correr".

Un diestro gestor de recursos humanos
Vidmar había aprendido muchas lecciones de su maestro, sin embargo. "En términos de dirección del personal, Kossie era brillante", recuerda. "Me enseñó lo importante que es no dejar de hablar con los jugadores, cultivar ese hábito. Hay que captar lo que están pensando".

Aunque el Adelaida tuvo un meritorio desempeño durante su primera campaña asiática, no logró acceder a la ronda eliminatoria. Este año, sin embargo, ha sabido aprovechar al máximo su experiencia anterior para dar una campanada tras otra. "El primer año siempre andas un poco a ciegas", explicó Vidmar. "Viajamos a todos esos países de los que no sabíamos mucho, y estuvimos un tanto aprensivos. Después los jugadores se dieron cuenta de que sólo había otros 11 tipos en el campo, muy buenos eso sí, pero que no pasaba nada si se metían de lleno en el partido".

Al Adelaide no le han pillado desprevenido esta vez. El triunfo agregado de 2-1 sobre el coloso japonés Kashima Antlers en cuartos de final ya causó un gran revuelo, pero pocos esperaban el 3-0 sobre el lujoso Bunyodkor, que cuenta con la leyenda brasileña Rivaldo en sus filas, en el primer cruce de semifinales. "Lo bueno es que, cuanto más lejos hemos llegado, mejor hemos sabido mantener los pies sobre el suelo", explicaba Vidmar, para luego añadir que la necesidad de seguir luchando al mismo tiempo en la liga australiana ha alejado a sus hombres del peligro de la autocomplacencia. "Es difícil pelear en dos frentes, y no hemos tenido mucho tiempo de pararnos a pensar en ello, de exaltarnos".

Vidmar, ex delantero estrella de los Socceroos, ha adquirido reputación de entrenador fuera de serie en un plazo asombrosamente breve. ¿Por dónde cree que va a seguir su carrera como técnico a partir de ahora? "Éste es sólo mi segundo año como primer entrenador, y me encantaría seguir aquí durante mucho tiempo. Siento una gran pasión por el fútbol y por mi trabajo, y estoy seguro de que cometeré algunos errores por el camino, pero aprenderé de ellos".