Maaloul, el clarividente
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Nabil Maaloul ya figuraba en el libro de oro del Espérance Sportive de Túnez por sus hazañas como jugador. Ahora, sin embargo, ocupa su primera página tras haber conducido al equipo a un triplete histórico, al ir haciéndose sucesivamente con la liga tunecina, la Copa de Túnez y la Liga de Campeones africana. Un rendimiento que ni siquiera sus aficionados más optimistas habrían podido imaginar a comienzos de año. Y eso es precisamente en lo que marca la diferencia Maaloul con respecto a los demás fieles seguidores de los Sangre y Oro. Él lo había previsto todo…

“Ya lo dije en mi primera rueda de prensa, antes de mi primer partido con el Espérance”, recordó a FIFA.com unos días antes del estreno de sus discípulos en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. “Mi objetivo primordial era ganar la Liga de Campeones. Los dos años anteriores, el Espérance conquistó la liga y jugó –y perdió– una final de la Liga de Campeones. Me dije a mí mismo que, por el club, por la afición y por el presidente, el objetivo era hacerlo mejor. Es decir, ganar la Liga de Campeones”.

En cambio, lo que el técnico tunecino no vio venir es que se beneficiaría de un giro del destino; o más bien de la historia. “La revolución de Túnez nos ayudó muchísimo, porque la liga se interrumpió durante dos meses”, explicó en referencia a los profundos cambios experimentados por el país a comienzos de año. “Estaba convencido de que íbamos a ser protagonistas, porque hicimos una preparación de base muy buena que iba a permitirnos ir a más y no bajar el pistón en eficacia hasta el mes de diciembre”.

A la altura de sus ambiciones
Mientras la tensión decaía en las calles al cabo de ese periodo movido, en el Estadio Olímpico de Rades, por el contrario, alcanzó su punto culminante en julio cuando el Espérance recibió al poderoso Al Ahly egipcio, cuatro veces campeón de África desde que arrancó el nuevo milenio. “Ese partido fue un detonante, y me reafirmó en mi convicción de que íbamos a levantar la copa [continental]”, señaló el que fuera ayudante de Roger Lemerre cuando Túnez conquistó la Copa Africana de Naciones 2004. “Acabábamos de ganar la Copa de Túnez, pero resultaba difícil recuperar la concentración después de la euforia con la que se vivió ese triunfo. Además, tenía la baja de muchos jugadores; lesionados, sancionados o no inscritos para la competición. Para un equipo como el Espérance, ya es difícil de por sí jugar sin uno o dos titulares, ¡y ahí me faltaban cuatro o cinco! Pero mis jugadores me confirmaron que estaban a la altura de nuestras ambiciones”.

Curiosamente, esos jugadores son prácticamente los mismos que, un año antes, habían sido arrollados por el TP Mazembe en la final del certamen (5-0 y 1-1). Entre las lágrimas de 2010 y las escenas de júbilo del pasado noviembre, el principal cambio que se aprecia está en el banquillo. “La plantilla se parece mucho a la del año pasado y, aun así, algunos jugadores que no brillaron en las temporadas anteriores acaban de rubricar un año excepcional. Es una muestra de que han progresado y han sabido sacar lo mejor de sus cualidades”, confirmó Maaloul, antes de atreverse a esbozar una explicación. “Yo fui jugador, y sé lo que sienten, lo que debo decirles, cómo animarlos. Además, siempre he encontrado las palabras necesarias para conseguir que mantengan los pies en el suelo”.

Sin embargo, el técnico del Taraji no utilizó muchas palabras para motivar a sus pupilos antes de la final, que tenía reservado un billete a Japón para el vencedor. “La reunión anterior al partido fue la más corta de mi carrera”, recuerda el ex jugador del Espérance, que concluyó su etapa de futbolista defendiendo los colores del gran rival, el Club Africain. “Estuvimos reunidos solamente 7 u 8 minutos, porque ya había preparado ese partido individualmente con cada uno de mis jugadores. Sabía que estaban preparados y que honrarían a su club”.

Historias que contar
Una vez más, Maaloul había leído anticipadamente el guión: 0-0 en la ida, en el campo del Wydad de Casablanca, y victoria por 1-0 en la vuelta. Pero por una vez, el entrenador magrebí recurrió al pasado para predecir el futuro. “Les dije a los chicos que iban a entrar en la historia del fútbol tunecino y en la del Espérance. Les hice ver que generaciones grandiosas del club no habían conseguido ese triplete histórico, y que ellos iban a ser la primera generación del Espérance en participar en una Copa Mundial de Clubes. Y que eso era algo muy importante”, recalcó el entrenador de 49 años. “Ahora no podéis daros cuenta –seguí diciéndoles–, pero cuando tengáis mi edad, cuando haya concluido vuestra carrera, lo recordaréis con nostalgia y estaréis orgullosos de contar lo que conseguisteis”.

Así pues, dentro de unos años, los Oussama Darragi, Youssek Msakni, Harrison Afful y Mejdi Traoui, entre otros, podrán narrar historias tan admirables como su andadura en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2011, que iniciarán en los cuartos de final contra el Al Sadd qatarí este domingo 11 de diciembre. En caso de victoria, obtendrán el derecho a enfrentarse al FC Barcelona. Sin embargo, en este caso, las dotes de adivino de Maaloul no alcanzan tan lejos.

“Si consiguiésemos llegar a semifinales y jugar un partido honroso contra el Barcelona, sería grandioso para el equipo, para mí y para la historia del club”, anunció, antes de abandonar el condicional para volver al presente de indicativo. “Ahora hay que mantener los pies en el suelo: primero el Al Sadd; y luego ya pasará lo que tenga que pasar”.

“En todo caso, espero al menos poder dejar huella en este club”, concluyó el hombre que ya ha permitido al Espérance apuntarse la mejor temporada de su historia. Parace que su deseo ya se ha cumplido.