Cássio, una espera que ha valido la pena
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Hubo una época en la que el Corinthians anunciaba los grandes fichajes haciendo sonar una estridente sirena en su sede. Pero esa costumbre fue abandonada ya hace años, y cuando el club presentó a Cássio Ramos, a principios de enero, apenas se vio agitación en el Parque São Jorge. Para un plantel campeón de Brasil, aquel refuerzo no parecía gran cosa.

Al fin y al cabo, el guardameta acababa de realizar cuatro temporadas bastante discretas en los Países Bajos, sin disponer apenas de minutos de juego con el PSV Eindhoven. A sus 24 años, estaba pasando desapercibido, y atravesaba un momento poco alentador en una carrera que había empezado en el Grêmio e incluido una buena participación en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2007. 

Sin embargo, cuatro meses después, este arquero oriundo de Rio Grande do Sul, de 1,95 m de estatura, salió del anonimato. Y todo gracias a una parada: un sutil toque con el guante izquierdo en el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa Libertadores, contra el Vasco da Gama. Lo suficiente para desviar el balón de rumbo, evitar a su afición un nuevo trauma y certificar que ya estaba preparado. A partir de ahí, se convirtió en titular indiscutible con el Corinthians.

“Lo que pasó después fue muy divertido. Los hinchas del Corinthians vinieron a darme las gracias, algunos hasta querían besarme la mano. Otros buscaban una foto, pero yo tenía que mostrar la mano izquierda”, recuerda Cássio a FIFA.com, sonriendo. “Cuando hice esa atajada, parecía que había sido un gol. Aquel partido fue la clave para que el equipo ganase la Libertadores. Fue el duelo más equilibrado. Era como una partida de ajedrez, en la que nadie podía fallar. Si hubiese recibido un gol en aquel momento, creo que el equipo no habría podido remontar. Quedaba muy poco tiempo para empatar y remontar. Así que yo tenía que estar alerta y preparado para todo”.

Cambio de actitud
Estar listo para actuar, concentrado, no siempre resulta fácil. Cássio fichó por el PSV a finales de 2007, y nunca llegó a encadenar una secuencia de partidos con el club. En la temporada 2008-2009 fue cedido al Sparta de Rotterdam, donde consiguió jugar de manera regular. Pero el regreso a Eindhoven significó también una vuelta a la suplencia. “En Holanda, por supuesto, hubo momentos en los que pensé: ¿seré lo bastante bueno?”, afirma. “Me preguntaba si era mala suerte o algo parecido. Hasta le pregunté al entrenador por qué no tenía oportunidades. Aún hoy estoy esperando la respuesta”.

Así, explica que, en su última campaña, consciente de que difícilmente cambiaría el panorama, decidió que necesitaba un cambio de actitud. “En la recta final antes de venir, me di cuenta de que tenía que empezar a trabajar por mí. Debía trabajar el aspecto psicológico, y todavía más el técnico. Allí hay pocos entrenamientos, solo una vez al día. Entonces, iba al gimnasio del edificio donde vivía y hacía una sesión adicional. Solo quería estar listo”.

Hasta muchos meses después, no sabría si había valido la pena. Pero esa fase de entrenamientos duros le proporcionó la confianza necesaria para pedir la rescisión de su contrato con el PSV e inmediatamente después acertar al fichar por el Corinthians, que no suele ser el lugar más fácil para volver a empezar de cero.

Un secreto
Fue presentado en enero, aunque eso no significaba que la titularidad fuese a ser automáticamente suya. Cássio tuvo que mantener el ritmo de los entrenamientos de Eindhoven, algo que el cuerpo técnico no pasó por alto y valoró mucho, ya que no disminuía su entrega ni siquiera al quedarse fuera de la alineación. 

Cássio logró un puesto en el once tras la eliminación del equipo en el Campeonato Paulista. Hizo su aparición en el inicio de las eliminatorias de la Copa Libertadores. ¿Presión? “Tenía mucha confianza, estaba entrenándome muy bien, física y técnicamente. Muchos pensaban que era una barbaridad ponerme, por así decirlo. El nivel de exigencia sería grande, y yo lo sabía, pero estaba preparado”, confiesa. En ocho encuentros en el torneo únicamente recibió dos tantos. Fortaleció todavía más la retaguardia menos goleada de la Copa Libertadores y entró en la lista de candidatos a defender la meta de la Seleção. “Aquí el plantel ayuda mucho, los compañeros siempre me han transmitido mucha confianza. Uno hace el trabajo del otro”.

Después de conquistar la Copa Libertadores y aliviar la situación del equipo en el Brasileirão el entrenador, Tite, empezó a planificar la dosificación de algunos de sus campeones, con el fin de tenerlos a punto para la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2012. Considerando su trayectoria, no es ninguna sorpresa que el arquero pidiese ser excluido de las rotaciones. “Ya lo había hablado con él, también porque no había jugado mucho. Tal vez podría llegarse a un acuerdo, pero sin quedarme fuera del equipo”, señaló Cássio, ansioso por continuar en el campo antes de viajar a Japón, aunque eso suponga recibir más goles. “No me gusta recibir goles, pero es importante para mi progresión”. Ya está cansado de descansar y estar parado. Y ahora nadie se atreverá a cuestionar que sabe lo que hay que hacer para progresar.