Una victoria para los mártires
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Realmente, ¿qué puede representar esta nueva Liga de Campeones africana para el Al Ahly? Esa pregunta han debido de hacérsela numerosos aficionados al fútbol en África, tras la enésima victoria del grande egipcio en la máxima competición continental. FIFA.com ha aprovechado la ocasión para desvelarte los entresijos de este éxito, quizás el más importante en la gloriosa historia de los Diablos Rojos.

Ningún club africano ha ganado siquiera la mitad de títulos que el Al Ahly, ya sea a escala continental o nacional. El conjunto cairota, que celebró su centenario hace cinco años, posee más de un centenar de trofeos en su palmarés, lo que lo convierte en uno de los más laureados del mundo. Es más, el Al Ahly fue designado mejor club africano del siglo XX por la FIFA. Los Diablos Rojos vienen de conquistar su séptima Liga de Campeones africana, y los años en los que no han alcanzado las semifinales de dicha competición durante la última década se cuentan con los dedos de una mano. Sin embargo, esta última victoria tiene un sabor especial para el club y para todos sus aficionados.

El pasado febrero, Al Ahly se enfrentó a la mayor catástrofe que jamás ha conocido el fútbol africano e incluso mundial: 72 de sus seguidores encontraron la muerte en el estadio de Puerto Said. El deporte egipcio en su conjunto se quedó traumatizado por el suceso, y la liga nacional fue suspendida hasta nueva orden.

Esta tragedia tuvo repercusiones psicológicas importantes para los jugadores. Algunos llegaron a plantearse incluso la retirada, como Mohamed Aboutrika y Mohamed Barakat. Desde esa fecha, los Diablos Rojos no entablaron ni un solo partido en el ámbito nacional, exceptuando la Supercopa, que se adjudicaron a puerta cerrada frente al ENPPI. La plantilla necesitó un par de meses para recobrar el ánimo y reencontrarse a sí misma. Algunas personas pidieron que el club se retirase de todas las competiciones, en señal de luto. Finalmente, los jugadores retomaron los entrenamientos y se conjuraron para ganar la competición continental más prestigiosa, con el fin de dedicarle el triunfo a los mártires de Puerto Said. 

Un camino tortuoso
Sin embargo, tras su primer partido, a domicilio contra el Ethiopian Coffee, el equipo egipcio estuvo a punto de ser excluido de la competición por no haber ofrecido las garantías de seguridad exigidas por la CAF. Unas horas antes del comienzo del choque de vuelta, se decidió finalmente que Al Ahly disputaría todos sus encuentros en casa a puerta cerrada, perdiendo así el valioso apoyo de sus aficionados. Esa decisión no impidió que los Diablos Rojos se merendasen sin problemas a su rival (3-0), en un encuentro que dominaron de cabo a rabo.

El cuadro capitalino doblegó en la siguiente eliminatoria al Stade Malien. Sin embargo, mientras se preparaba para la fase de grupos, registró la marcha del mítico entrenador portugués Manuel José, contrariado por la ausencia de competiciones nacionales. Le sustituyó su antiguo ayudante Hossam Al Badri, que venía de ganar meses antes la liga sudanesa con el Al Merreikh.

Los problemas, no obstante, no se habían terminado para Al Ahly. La subsiguiente lesión del delantero internacional Emad Motaeb obligó al entrenador a remodelar su ataque. Para más inri, la interrupción de las competiciones nacionales tuvo un impacto negativo en las cuentas de uno de los clubes más ricos del continente, que se encontró con la imposibilidad de fichar a un delantero digno de sus ambiciones. Por si fuera poco, la estrella del equipo, Mohamed Aboutrika, se negó a disputar la Supercopa frente al ENPPI. Su decisión fue criticada por varios de sus compañeros, y Aboutrika fue sancionado por la directiva. 

Aun sin el concurso de su mejor jugador, Al Ahly prosiguió su andadura triunfal hasta la final del certamen continental. El conjunto cairota se impuso a doble partido por un global de 3-2 frente al Espérance de Túnez. El mérito recayó en el capitán Hossam Ghali, en los sorprendentes centrocampistas Abdallah Al Saied y Walid Soliman, en el delantero Mohamed Nagy ‘Gedo’ y en el suplente El Sayed Hamdi, autor del gol del empate en Alejandría y de una asistencia en tierras tunecinas. Así, la plantilla del Al Ahly demostró que podía prescindir de cualquier individualidad.

Durante los instantes de locura que siguieron a la conquista de este título tan peleado, Aboutrika no se olvidó de cumplir su promesa: “Esta copa va dedicada a los mártires de Puerto Said. Se lo debemos, ¡a ellos y a sus familiares!”.

Una tragedia humana, la interrupción de la liga nacional, la falta de ingresos, problemas al máximo nivel, la marcha del entrenador, partidos a puerta cerrada, lesiones… todos esos contratiempos no pudieron con los jugadores del Al Ahly. Los Diablos Rojos dieron todo lo que tenían dentro para cumplir su promesa y ganar el título más importante en la historia del club: la Liga de Campeones africana 2012.