Mikic, el más japonés de los croatas
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La Copa Mundial Sub-20 de la FIFA de 1999 en Nigeria sirvió, cuándo no, para descubrir a los nuevos talentos de la época. Iker Casillas y Xavi, por ejemplo, celebraron allí su primer título importante con la selección española. Desde Sudamérica,  Ronaldinho y Diego Forlán daban sus primeros pasos en el fútbol internacional mientras que Rafael Márquez, Ashley Cole y Shinji Ono, con distinta suerte, hacían lo propio con sus respectivas selecciones.

Lo que pocos saben es que en ese mismo torneo, con la camiseta de Croacia, ya empezaba a destacarse un lateral derecho de nítido perfil brasileño: Mihael Mikic. El jugador que supo pasar por Dinamo Zagreb y FC Kaiserslautern, entre otros, es actualmente un delantero más en cada ataque del Sanfrecce Hiroshima y ha sido reconocido por sus colegas como uno de los mejores en lo que va de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA.

Tal vez por eso, pese a la derrota de los suyos ante Al Ahly en los cuartos de final, el croata de 32 años se muestre satisfecho ante el micrófono de FIFA.com: “El clima en el vestuario es de desilusión, pero también de orgullo. Fuimos los mejores en el campo y creamos muchas chances, sólo nos faltó acertar el último pase. Especialmente yo, debí haber estado más fino”, analiza con llamativa autocrítica.

Su sonrisa contrasta con un tremendo hematoma en el ojo izquierdo, recuerdo obtenido en el primer partido ante Auckland City en Yokohama. Allí, en el encuentro inaugural, Mikic fue señalado por sus rivales como la clave para el 1-0 final a favor de Sanfrecce. “Siempre jugué de la misma forma. Cuando atacamos tengo que estar en la línea de la defensa contraria, pero cuando defendemos tengo que estar pegado a la propia. ¡Hay que correr muchísimo! Disfruto hacerlo, pero es muy difícil”, reconoce quien, pese a la tranquilidad de haber hecho un buen trabajo, todavía lamenta la suerte de su equipo en el certamen. “El sueño era llegar a la semifinal y trabajamos mucho para lograrlo, pero la vida continúa. Ahora tenemos que pensar en ganar el próximo partido, dejar la bandera del fútbol japonés en alto y después sí, marcharnos de vacaciones”.

Mikic, que lleva ya cuatro años en Japón, sabe que el choque con Ulsan no será uno más en la temporada.  “Enfrentaremos a un equipo coreano, ¡y ya conocen la rivalidad que existe entre su fútbol y el japonés! Eso lo vuelve aún más importante. Queremos demostrar al mundo que tenemos un mejor fútbol que ellos. Será un partido duro, pues ellos juegan fuerte y un poco sucio, ¡tendré que cuidar mi otro ojo!”, advierte entre risas antes de confirmar: “Para nosotros no es lo mismo terminar quintos o sextos, por lo que estamos muy motivados”.  

Un croata suelto en Japón
Las palabras brotan con naturalidad de la boca de Mikic, un futbolista tan voluntarioso como sincero. Por eso, no sorprende su confesión respecto a su relación con el fútbol nipón. “Cuando llegué no esperaba este nivel, y me sigo sorprendiendo día a día. Cada año crece un poco más, y estoy muy feliz por formar parte de eso”.

Mientras sueña con terminar su carrera con la camiseta del Sanfrecce, este admirador de Ryan Giggs asegura que la vida en Japón "es hermosa. El pueblo es muy amable y siempre está dispuesto a ayudar. Creo que la gente no se hace una idea del estilo de vida que hay ni de lo bueno que es su fútbol. La afición es un tema aparte, siempre apoya y nunca genera problemas. Es parte de la hermosa estructura que se ha conformado aquí”, completa.

Mikic, que curiosamente nunca ha sido citado para la selección mayor de su país (“no me pregunto por qué ni pretendo mirar hacia atrás, hoy soy el hincha número uno del equipo”), espera formarse como entrenador una vez que termine su carrera. Aunque antes, claro, tiene algunos sueños por cumplir: “Quiero conseguir dos títulos más para convertirme en el croata con más campeonatos en la historia. Llevo 15, pero Darío Simic tiene 16. Necesito uno más… y después otro”, se ilusiona entre risas.

Una vez alcanzado ese objetivo, quien apoya ahora al Chelsea en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA completará su formación como entrenador para dedicarse de lleno al trabajo desde el banquillo. Así, espera, podrá seguir colaborando con el fútbol del país en el que vive con su esposa y sus dos hijas… ¿japonesas? “No, no… nacieron en Croacia", precisa. Aunque aclara en la despedida: "Ambas fueron encargadas aquí, ¡podríamos decir que son mitad japonesas!”.