La multiplicación del Corinthians
© Getty Images

Es un guión ya habitual en el estadio de Pacaembu: el jugador que está arriba regresa corriendo tras un balón que se haya escapado y se arroja al césped para recuperarlo. Sabe que escuchará un rugido del público, como si fuese un gol. Ya sea en una pugna directa con un adversario o lanzándose a interceptar el esférico, es el tipo de jugada que se ha convertido en característica de los buenos tiempos del Corinthians, y que tanto aprecian sus fieles seguidores. El equipo tratará de repetirla muchas veces este domingo contra el Chelsea, en la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2012. 

A las órdenes de Tite, esa clase de entrega ha dejado de ser esporádica: ahora imprime movimiento al equipo y hace vibrar todavía más a los hinchas. Después de los resultados obtenidos en la campaña triunfal de la Copa Libertadores, con solo cuatro goles en contra en 14 partidos, ha pasado a ser ya una pauta: no hay balones perdidos. Solo existen balones recuperables. El Al Ahly la sufrió en carne propia el miércoles, en el choque de semifinales. 

“Sabemos que el Mundial se decide en dos partidos. Por supuesto, para alcanzar esta tan soñada final, teníamos que ganar el primero. Así que debíamos recuperar lo antes posible nuestra cadencia. Es lo que nos pidió el entrenador, y todo el mundo asumió ese compromiso”, explica a FIFA.com el volante Ralf. “Eso fue lo que sucedió en la semifinal, como pudo verse en la primera parte”.

Jugadores que se multiplican
Cuando uno de los futbolistas defensivos más implacables del fútbol brasileño -si no el que más- habla de “recuperar”, no quiere decir que el entrenador y el equipo hubiesen perdido ese ritmo suyo. En el segundo trimestre, Tite consiguió dosificar el tiempo de juego de sus hombres para que llegasen frescos a un torneo disputado en el último mes de la temporada brasileña. 

“La idea siempre fue esa: preparar al equipo para estos dos partidos. Lo hicimos muy bien en la primera mitad, en la segunda pudimos hacerlo mejor. Espero que consigamos desplegar este juego en los 90 minutos de la final”, dice el central Paulo André a FIFA.com.

Hay que recordar que tanto el defensor como el medio destacaron el primer periodo como un ejemplo de exhibición del Corinthians. Y así fue: los jugadores albinegros parecían multiplicarse en la cancha, acorralando a los experimentados egipcios, que muchas veces no sabían a quién recurrir para conservar el cuero.

En el segundo tiempo, una vez por delante en el marcador, el Corinthians acabó replegándose. Se quedó más en su zona defensiva, en lugar de querer cortar la salida del balón, y el campeón africano llegó más veces a su área. Ralf cree que no hay ningún motivo de preocupación. “Es natural, cuando uno se adelanta acaba teniendo más cuidado de no recibir goles”, señala. 

El juego que practica el Corinthians apuesta, y mucho, por esa capacidad de defensa, una ocupación territorial que desestabilice al oponente y permita lanzar contragolpes fulminantes con jugadores de zancada rápida y precisa, vertical, siempre dirigida hacia la meta contraria. 

En la final contra el equipo londinense podrían efectuarse algunos ajustes aquí y allí, pero no se espera que el Timão experimente ninguna alteración táctica drástica. “Tenemos nuestro esquema definido. Es evidente que podemos adaptar alguna característica al rival, pero no debemos renunciar a la línea de cuatro, dos volantes, tres arriba y un delantero centro en punta. Está funcionando, y tenemos calidad suficiente para plantar cara al Chelsea de igual a igual”, apunta Paulo André. 

Con la nutrida presencia de hinchas del Corinthians en Japón durante esta Copa Mundial de Clubes de la FIFA, el equipo confía en que el Estadio Internacional de Yokohama tenga el ambiente de un Pacaembu amplificado para la final. Así pues, los aficionados japoneses o ingleses menos informados no deben asustarse si se repiten los rugidos en las gradas: no implica necesariamente que el equipo brasileño esté goleando a su oponente. Podría ser, simplemente, que el magnífico césped esté siendo sometido a prueba por los deslizamientos de un jugador del Corinthians, tras un balón que nunca se dará por perdido.