Berlín 1936

Debido a la creciente influencia del fútbol profesional y a la presencia del Campeonato del Mundo, surgieron dificultades en cuanto a la definición de aficionado. Al no hallar una solución convincente, el COI decidió no incluir el fútbol en los JJOO de verano en Los Angeles 1932. Sin embargo, el fútbol retornó con toda su potencia en Alemania en 1936, ya que los organizadores necesitaban el dinero que generaba.

Sin duda, habrán habido momentos en que los organizadores se arrepintieron de su decisión debido a los numerosos incidentes desagradables en dicho torneo. Por ejemplo, en la victoria por 1 a 0 de Italia contra EEUU, dos jugadores estadounidenses resultaron lesionados en un revoltijo cuando el árbitro expulsó a Achille Piccini del campo. El jugador rehusó salir y varios de sus compañeros rodearon al colegiado y le cubrieron la boca con las manos. Por algún motivo desconocido, Piccini continuó jugando.

Aquel incidente fue solamente una especie de entremés ante la confrontación de los cuartos de final entre Perú y Austria. El conjunto andino remontó dos goles de desventaja en los últimos quince minutos del encuentro. En el tiempo suplementario, los seguidores peruanos invadieron la cancha y atacaron a un jugador austriaco. En este caos, los peruanos anotaron dos goles más y ganaron por 4 a 2.

Al menos eso era lo que ellos creían. Sin embargo, Austria protestó y FIFA ordenó jugar un partido de revancha, sin espectadores. Perú rehusó y toda la delegación olímpica abandonó los Juegos en señal de protesta, al igual que los colombianos.

Es así que Austria obtuvo el derecho de enfrentarse a Italia en la final. Los italianos, dirigidos por el técnico Vittorio Pozzo, estaban pasando por momentos de gloria indescriptibles en el fútbol internacional tras haber ganado el Campeonato Mundial en 1934 (título que revalidaron en 1938).

Tras deshacerse de EEUU, Italia arrasó 8 a 0 a Japón en los cuartos de final, encuentro en el cual Annibale Frossi, que jugaban con cinta de pelo y lentes, anotó tres tantos y Carlo Biagi cuatro, y derrotó a Noruega en las semifinales, con otra anotación de Frossi.

Frossi se proclamó máximo cañonero con siete goles, incluyendo los dos tantos de la victoria italiana por 2 a 1contra Austria en la prórroga de la final, ante 85,000 espectadores en el estadio Olímpico.

Noruega derrotó 3 a 2 a Polonia por la medalla de bronce, con tres goles de Arne Brustad.