Helsinki 1952

Este torneo vio el nacimiento de una de las escuadras más brillantes del mundo: Hungría, llamada los "mágicos magiares", capitaneada por el famoso mayor del ejército Ferenc Puskas. La actuación de los húngaros fue realmente mágica y si los goles son la salsa del fútbol, la selección magiar le echó mucho pimentón para ganar invicta con un saldo numérico de 20 goles anotados sobre dos recibidos.

El triunfo por 2 a 0 contra Yugoslavia en el combate final por oro no fue tan espectacular si se consideran los sucesos que orlaron la senda hacia la final.

Luxemburgo, un eterno segundón que no registró casi nunca grandes actuaciones en el concierto internacional, eliminó a Gran Bretaña en la primera jornada por 5 a 3. Egipto hizo lo mismo con Chile, ganado 5 a 4.

Yugoslavia estuvo al borde de la eliminación en la segunda jornada, partido que se convirtió en uno de los encuentros más memorables de todos los Torneos Olímpicos de Fútbol. Yugoslavia iba ganando 5 a 1 contra Rusia en Tampere cuando los soviéticos decidieron levantarse de la lona y consiguieron igualar el encuentro faltando catorce minutos para el término.

Bobrov anotó una tripleta y Petrov dio el frentazo decisivo del empate a un minuto del silbato final. Dos días más tarde, Yugoslavia ganó el partido de desempate por 3 a 1, con goles de Rajko Mitic, Stjepan Bobek y Zlatko Cajkovski.

Sea como fuere, era indudablemente el torneo de Hungría. Tras una penosa victoria por 2 a 1 contra Rumania en el primer partido, los húngaros pusieron el pie sobre el acelerador y derrotaron en forma contundente a Italia por 3 a 0, arrollaron a Turquía 7 a 1 (Kocsis y Puskas anotaron dos cada uno) y, en las semifinales, fueron los suecos que pagaron los platos rotos al encajar seis tantos en un encuentro de plena inspiración de Kocsis que hizo dos goles espectaculares más.

Dirigidos por el portero Gyula Grocsis, Puskas y Nándor Hidegkuti, los húngaros impusieron nuevamente una fuerza arrolladora y ganaron brillantemente el torneo ante 58,553 espectadores que vieron a uno de los equipos más aquilatados de la historia del fútbol.

Esta selección húngara fue prácticamente la misma que hundió a Inglaterra por 6 a 3 en el venerado Wembley en 1953 y la misma que valía como el gran favorito por su calidad e historial en el Campeonato del Mundo de 1954 antes de perder 3 a 2 contra la República Federal Alemania en la final.

Suecia, que jugó sin su brillante trío ofensivo que le había aportado el título olímpico en 1948, se hizo con la medalla de bronce al derrotar a Alemania por 2 a 0.