Ciudad de México 1968
© Getty Images

Los Juegos Olímpicos de 1968 fueron los más tumultuosos de todas las Olimpíadas y las confusiones y problemas repercutieron también en el Torneo de Fútbol. Al final, Hungría, que conquistó su tercera medalla de oro, se inscribió en la lista de campeones olímpicos con dos coronaciones consecutivas (Gran Bretaña 1908 y 1912; Uruguay 1924 y 1928).

Las contrariedades en el camino a la final fueron múltiples . Marruecos, que se había clasificado para el torneo, rehusó enfrentarse a Israel. Ghana sustituyó a los marroquíes y perdió 5 a 3 frente a Israel en un partido lleno de reyertas y peleas que continuaron en la Aldea Olímpica. También en el Checoslovaquia - Guatemala hablaron los puños, siendo una especie de premonición para los dos partidos finales altamente controvertidos.

Durante la derrota de México frente a Japón por 2 a 0 en el partido por la medalla de bronce, los hinchas enfurecidos lanzaron almohadones a la cancha e hicieron lo mismo en la final. Sin duda alguna, los japoneses fueron la gran sorpresa de este torneo. Derrotaron a Francia por 3 a 1 en los cuartos de final y Kunishige Kamamoto se consagró como máximo goleador del torneo con siete de los nueve goles japoneses. Bulgaria, que había ganado la semifinal gracias al lanzamiento de una moneda, pasó adelante en la final, pero los húngaros encontraron muy pronto su juego y Antal Dunai e Ivan Menczel anotaron dos tantos en el lapso de sólo un minuto al filo de la pausa.

El partido, disputado ante 75,000 espectadores en el estadio Azteca, se deslució rápidamente después de que el árbitro Diego DeLeo expulsara al delantero Tzevan Dimitrov por juego violento. Atanas Christov pateó furiosamente la pelota contra DeLeo y fue igualmente expulsado. A esta expulsión la de Kiril Iivkov y los búlgaros terminaron jugando con ocho hombres, mientras que los espectadores lanzaban nuevamente almohadones a la cancha. Hungría aumentó el marcado a 4 a 1, con goles de Juhasz y Dunai en la segunda parte.

Una nota interesante: el defensor húngaro Deszö Novak estableció una marca única y singular al ser el único futbolista en ganar tres medallas olímpicas: bronce en 1960 y oro en 1964 y 1968.