Moscú 1980

Los países comunistas celebraron su propia fiesta del bloque oriental en 1980, ya que varias naciones decidieron boicotear los Juegos. El Presidente de EEUU, Jimmy Carter, rehusó enviar delegaciones norteamericanas a Moscú después de la invasión de Afganistán por parte de los soviéticos. Seis países clasificados para el torneo de fútbol siguieron el ejemplo estadounidense: Argentina, Egipto, Ghana, Irán, Malasia y Noruega. Fueron reemplazados por Venezuela, Zambia, Nigeria, Irak, Siria, Finlandia y Cuba como invitados.

Debido a las numerosas ausencias, muchos observadores no consideraron esta competición como un auténtico Torneo Olímpico de Fútbol. Checoslovaquia no puso reparos a esta opinión. En la final, derrotó por 1 a 0 a Alemania Oriental, con gol del centrocampista sustituto Jindrich Svoboda, consiguiendo así su primera medalla de oro olímpica. Apenas cuatro minutos en el terreno de juego tras sustituir a Wemer Licka en el minuto 73, Svoboda elevó la pelota por encima del guardameta Bodo Rudwaleit y la puso en las redes germanas.

Ambos contendientes tuvieron que prescindir de sus orquestadores de juego por expulsión en el segundo tiempo; los checos perdieron a Jan Berger y los alemanes a Wolfgang Steinbach. ¡En el plantel alemán no figuraba ningún jugador del equipo ganador de la medalla de oro de 1976!

Por tercera vez consecutiva en los JJOO, el poseedor del título se llevaba la medalla de plata. Pese a la copiosa lluvia que caía el día de la final, 80,000 aficionados concurrieron al estadio Lenín. El total de espectadores registrado en este Torneo Olímpico de Fútbol fue un récord absoluto con 1,821,624 espectadores en 32 partidos, lo cual representaba el 35% de la asistencia total en todas las disciplinas de estos Juegos Olímpicos.

Argelia deparó una gran sorpresa al clasificarse para la segunda ronda. Su orquestador de juego era el famoso Rabah Madjer, quien en 1987 marcaría el gol de la victoria para el FC Porto (Portugal) en la final de la Copa de Campeones Europeos contra el FC Bayern Munich.

El dueño de casa sufrió una derrota ante Alemania Oriental en las semifinales y se hizo con la medalla de bronce al derrotar a Yugoslavia por 2 a 0 en el partido por el tercer puesto, con goles del máximo goleador del torneo Sergey Andreev (cinco tantos) y Khoren Oganesyan. Sin embargo, esta conquista no fue suficiente para los seguidores soviéticos, quienes castigaron a su escuadra con pitos y silbidos en la entrega de las medallas.