Da igual lo que pase el miércoles en la final de la Copa FIFA Confederaciones: la Seleção de Brasil se ha ganado el corazón de los aficionados al fútbol con el juego abierto y alegre desplegado durante su estadía en Alemania. Precisamente porque el seleccionador Carlos Alberto Parreira ha celebrado casi todos los entrenamientos a puerta abierta, los artistas del balón de Río y São Paulo se han convertido en este tiempo en los portadores de la simpatía a la Alemania futbolística.

Así sucedió también el lunes por la tarde, cuando entrenaban en el estadio del complejo Brentanobad de Fráncfort, campo de juego de las campeonas de la Bundesliga femenina, el 1. FFC Frankfurt.

Una numerosa torcida brasileña y alemana dispensó un ambiente "Maracaná" en pleno Hessen, aplaudiendo cada golpe franco y los asombrosos alardes de Ronaldinho, Kaká y Robinho. Desde el principio del campeonato, los brasileños impresionaron al público con un espectacular entrenamiento en el BayArena de Leverkusen.

Aunque el magnífico delantero Adriano ha tenido que interrumpir los ejercicios antes de tiempo -"nada grave", según el médico del equipo, José-Luiz Runco-, eso no ha puesto nervioso a Brasil: Ronaldinho y Kaká han seguido firmando autógrafos largo rato, Renato ha regalado su camiseta de entrenamiento a un aficionado y Robinho ha saludado personalmente a cada uno de los fans llegados de Sudamérica.

"El ambiente en Alemania es ya el propio de un Mundial", elogió el técnico Carlos Alberto Parreira a los pocos días de llegar al país. En el entrenamiento en el estadio de Brentanobad pudimos volver a respirar el aire mundialista. Pero a pesar de la atmósfera distendida, Parreira no dejó lugar a dudas sobre sus objetivos para el miércoles: "Queremos llevarnos la Copa Confederaciones a Brasil. De hecho, ya nos hemos llevado todos los demás trofeos".