El dios de la lluvia ha sido, hasta el último día de la Copa FIFA Confederaciones Alemania 2005, un aficionado más al fútbol. Durante casi todo el torneo ha reinado el buen tiempo en las cinco sedes. Sin embargo, justo el día de la final el cielo abrió sus compuertas y el Waldstadion de Fráncfort se volvió a encontrar de repente en medio de una tormenta.
Lluvia torrencial, viento azotador y rayos deslumbrantes; la atmósfera era fantasmal, y precisamente ante un choque entre los dos representantes sudamericanos, Brasil y Argentina, acostumbrados al clima soleado. Pero ni los jugadores ni el público se dejaron quebrantar el ánimo por el mal tiempo.
Mientras los espectadores en las gradas alentaban ruidosamente a los equipos y hacían la ola por todo el estadio una y otra vez, Ronaldinho y compañía desplegaban un fantástico fútbol sobre el empapado césped, que al menos hizo salir el sol en los corazones de todos los amantes de este deporte.
Los hinchas mostraron su gratitud a los artistas y celebraron la victoria brasileña, cuyos jugadores bailaron en el terreno de juego al son de la salsa con el trofeo en alto, en medio de una euforia indescriptible. Aunque el tiempo fuera tan malo el último día, el magnífico final de una Copa FIFA Confederaciones Alemania 2005 tan vibrante no podían aguarlo la lluvia ni los truenos.