Detrás de una real exhibición de fútbol, Brasil derrotó a la Argentina por un contundente 4-1 y se coronó campeón de la Copa FIFA Confederaciones Alemania 2005. El partido, que le valió a la Seleção el segundo título de esta competición en su historia, se disputó el miércoles 29 de junio en el Waldstadion de la cuidad de Francfort.

Adriano (11' y 63'), Kaká (16') y Ronaldinho (47'), quien fue elegido como el Jugador Anheuser Busch del Partido, marcaron los goles de Brasil, mientras que Pablo Aimar (65') anotó el descuento para los albicelestes. Adriano, además, acaparó los galardones individuales, al lograr el Baleón de Oro, que premia al mejor jugador del campeonato, y la Bota de Oro, que se entrega al goleador del torneo.

Mientras que en la alineación de Brasil no hubo sorpresas, el seleccionador de Argentina, José Pekerman, sí sorprendió colocar como titular a Diego Placente, quien no había sido utilizado en lo que iba de torneo, dejando a Walter Samuel en el banquillo de suplentes. Como sustituto para el sancionado Javier Saviola entró César Delgado, cuya única participación hasta la fecha habían sido once minutos contra Alemania viniendo de la banca.

Argentina dominó los primeros escarceos. Juan Román Riquelme subió rápidamente el balón y sirvió hábilmente para Delgado. Éste lo envió al área, y Lúcio estiró cuanto pudo la pierna para interceptar el esférico.

Robinho no tardó en exhibirse, haciendo una virguería con el balón, y Brasil dio pronta réplica. Ronaldinho colgó una falta hacia Adriano, pero la ocasión no se materializó. Sin embargo, llegó una nueva demostración de habilidad y fuerza bruta a cargo de Adriano. Después de que Cicinho le cediera un pase en horizontal, el número 9 se fue de un defensa y soltó uno de sus típicos zambombazos con la zurda, batiendo a Germán Lux (1-0; 11').

Argentina estaba claramente herida en su orgullo por haber sufrido un gol tan temprano, y buscó rápidamente la igualadas. Delgado, a quien le faltó precisión, y Riquelme, con un disparo lleno de efecto, hicieron soñar a su parcialidad con el empate. Sin embargo, Brasil volvió a pegar rápidamente. Kaká recibió de Robinho, avanzó unos metros y sacó un preciosos disparo de pierna derecha, que se metió en el ángulo izquierda del Germán Lux (2-0; 16').

Una intensa lluvia, seguida por una descarga de truenos y relámpagos, confirió un dramático telón de fondo a la final, en la que Brasil protagonizó su propio comienzo en forma de vendaval. Era un reflejo exacto —a la inversa— de lo sucedido en Buenos Aires hace exactamente tres semanas por las eliminatorias sudamericanas, cuando Argentina cobró una ventaja de 2-0 en los primeros 20 minutos.

Brasil no se relajó con la ventaja y fue por más. Una falta sacada por Ronaldinho estuvo a punto de cabecearla Gabriel Heinze al fondo de su propia meta (20'). En el otro extremo, Riquelme dirigía al equipo con eficacia, pero Brasil siempre tenía bastantes hombres atrás para abortar el peligro. Un buen ejemplo fue cuando Juan Pablo Sorín encontró espacio en el borde del área, pero Lúcio se lanzó intrépidamente para interponer su cuerpo y desbaratar el intento albiceleste.

Momentos después, el capitán de Argentina fue amonestado por un simular una falta en el área brasileña, y el periodo concluyó con una oleada frenética de ocasiones de gol para Brasil. Así, Kaká y Lúcio inquietaron al portero Lux. Del otro lado, la única respuesta fue un remate de Javier Zanetti que salió muy cerca del palo izquierdo del siempre atento Dida.

Brasil liquidó el pelito en el amanecer del complemento al aprovechar una serie de desatenciones defensivas de la Argentina. Cicinho fue capaz de sortear con facilidad a Sorín y, ante su centro, Ronaldinho estuvo más atento que Fabricio Coloccini, lanzándose hacia el balón para marcar entre las piernas de Lux. (3-0; 47').

Luciano Figueroa casi modifica dos veces el marcador: primero en su propio arco, al desviar un centro de Ronaldinho que terminó en el techo del arco defendido por Lux; luego, en el área brasileña, cuando remató de volea un centro de Coloccini, pero como en la anterior, elevó su disparo.

Con la obligación de ir para adelante, la Albiceleste dejó grandes huecos del mediocampo hacía atrás, y Brasil jugó a sus anchas. Ronaldinho tuvo todo el espacio que quiso para habilitar a Kaká, pero esta vez Lux estuvo a la altura de las circunstancias. El juego se hacía más intenso y más rápido en ambos extremos de la cancha. Riquelme disparó duro y raso, pero Sorín no supo materializar la ocasión. A continuación, Robinho hizo sus fintas características y remató al arco, pero le faltó puntería. De vuelta a la otra área, a Figueroa le cedieron amablemente un amplio espacio en el segundo palo, pero pifió y la ocasión se fue al limbo.

Brasil nunca había estado tan desacertado con sus oportunidades y así, cuando Cicinho fabricó otro centro medido, Adriano aceptó la invitación para alojar su cabezazo, libre de marcaje, al fondo de las mallas (4-0; 63'). El contundente resultado era poco menos que una humillación para el equipo de Pekerman, pero al final salvó un poco su amor propio cuando, dos minutos después, Pablo Aimar, que había sustituido a Esteban Cambiasso, se lanzó en paloma para cabecear valientemente a gol un centro de Delgado (4-1; 65').

Argentina no se rindió y fue por más. Sorín intentó con un disparo de corta distancia, pero Dida supo despejarlo con la punta de los dedos. Brasil también intentó estirar la diferencia, y estuvo a tiro del quinto al menos en tres oportunidades más: Lux resolvió bien ante un disparo de Adriano, Lúcio falló por poco tras anticipar a la defensa albiceleste y Maicon casi convierte en una gran entrada por la derecha.

Al final fue mucho más fácil de lo previsto para los campeones mundiales, que dieron una demostración de fútbol vistoso y contundente y merecieron plenamente hacerse con el trofeo por segunda vez en su historia.