Al batir a Australia por 2-0 en Turku el martes 19 de agosto, Costa Rica empató en todas las facetas con Nigeria, situándose a su par en la segunda posición del Grupo B. La igualdad fue tal que se fue necesario sortear después del partido cuál de los dos conjuntos accedería a los cuartos de final. Mientras todavía resonaba en los pasillos la rogativa colectiva de los jugadores costarricenses, una explosión de alegría saludó la elección del azar: cruel para los valerosos nigerianos, que han tenido una actuación magnífica en este Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA, y venturosa para los centroamericanos, que una vez más se han dejado la piel en el campo para navegar a buen puerto.

Ya eliminada, Australia no tenía nada que perder. Todas las miradas se concentraban sobre los costarricenses, que conocían el resultado de Nigeria: si ganaban por más de dos goles de diferencia, pasarían a la siguiente fase. Si el resultado era de 2-0, el segundo clasificado de este grupo se decidiría a suertes.

Las lluvias diluvianas que habían caído sobre el campo hacían difícil el juego fluido del balón. No por ello los costarricenses dejaron de echarse el partido a sus espaldas, animados por su mediapunta central Gherland McDonald. Éste aprovechó primero un error de Nigel Boogaard, que volvía al terreno de juego después de perderse el segundo partido por una expulsión en el primero. Pero su jugada fue desbaratada. Más tarde volvió a fracasar en su intento de abrir el marcador en un cara a cara con el guardameta Nick Crossley, en el que acabó por imponerse el australiano (31’).

Las cosas se complicaron seriamente para los de Oceanía al final del primer periodo, al quedar en desventaja numérica tras la expulsión de Mat Hilton por una falta sobre Crisanto Esquivel, más espectacular que peligrosa. Como era de esperar, el atacante australiano recibió la tarjeta roja directa (39’).

Completamente repuesto, Esquivel dio impulso a su equipo en la segunda mitad, más rica en ocasiones de gol. Uno de sus disparos a puerta fue bien atajado por Crossley (48’). Puesto a prueba constantemente, el guardameta fue el jugador australiano más activo, a excepción de Boogaard. Un cabezazo de éste salió lamiendo el pie del poste en el minuto 51.

Crossley bloqueó un tiro desviado de McDonald (57’), y luego vio incrustarse un lanzamiento de falta de Pablo Rodríguez contra la madera (59’). Sin embargo, no pudo hacer nada en el penal señalado a raíz de una falta cometida sobre Alonso Salazar, cuando éste había logrado superar a su marcador mediante un quiebre dentro del área. Pablo Rodríguez pilló a Crossley a contrapié y la ilusión costarricense se desbordó sobre el campo (0-1, 61’).

Los australianos se atrincheraron entonces en su terreno. Ello no bastó para mitigar la furia de los Ticos, que aumentaron su ventaja por intermedio del implacable Salazar (0-2, 75’). Ya estaban en pie de igualdad con los nigerianos.

Continuaron presionando, hasta tal punto que Salazar fue expulsado por simulación (79’). En el minuto siguiente, Jorge Chávez habilitó al excelente McDonald para que éste rematara un soberano cañonazo sobre la puerta de Crossley. El guardameta australiano logró salvar ese balón de gol (80’), que fue la última acción peligrosa del partido.

Mientras los jugadores se encaminaban a los vestuarios, todavía sudorosos, el jefe de la delegación de la FIFA en Turku, el señor Fahad al Raysi (Omán), se disponía a efectuar el sorteo en el despacho del coordinador general de la FIFA en el estadio de Turku, en presencia de los delegados de las selecciones nigeriana y costarricense. En el vestuario de al lado, se escuchaba la oración de súplica de los jugadores de Costa Rica.

Al cabo de unos minutos, que se hicieron eternos, los delegados centroamericanos salieron del despacho rugiendo de alegría, mientras al entrenador nigeriano, en actitud digna, se le ponían los ojos lagrimosos. Tal vez pensara en sus jugadores, a quienes iba a tener que explicar todo aquello. A Augustine Eguavoen se le acababa de aguar la fiesta de cumpleaños que tenía prevista celebrar esa tarde.

Manuel Ureña, el seleccionador de Costa Rica, mantuvo la cabeza fría tras el sorteo. "Hemos tenido suerte, pero creo que nos la merecíamos después de todo el esfuerzo que han hecho mis muchachos".