El estadio Ratina de Tampere ha sido testigo de uno de los partidos de fútbol más bellos jamás disputados en un Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA. El choque ha tenido dos tiempos en más de un sentido: en el primero, un Portugal de gala se despegó de su adversario con un 4-0, para ser luego absorbido por el frenesí de los africanos. A continuación damos un repaso a esta antología de buen fútbol y juego limpio que augura otra promesa: el encuentro de cuartos de final entre España y Portugal, en este mismo estadio, el próximo 24 de agosto.
Condenado a ganar para optar a la clasificación, Camerún apostaba, como era lógico, por Joseph Mawaye, autor de dos goles en los dos anteriores partidos. El delantero centro del Dreams FC de Douala intentó perforar dos veces la meta de Mário Felgueiras, pero sin éxito. A partir de entonces, el primer tiempo sólo tuvo color luso.
En esa primera mitad hubo dos grandes momentos: primero el golpe de genio de Vieira de Freitas. La joven promesa del Oporto robó un balón en su propio campo. Levantó la vista, dio tres pasos para entrar en el círculo central y lanzó un prodigioso globo de trayectoria perfecta. El esférico fue directo al fondo del arco, seguido de cerca por el guardameta Luc Kalapach. Dados los 105 metros de largo del estado de Ratina, el cuero habrá volado unos 55 metros. Portugal parece haber encontrado a su Pelé, y el torneo su hazaña (1-0, 21’).
"Es el gol más bonito que he marcado en mi vida", reconocía Vieira al final del partido, todo sonrisas. "He intentado muchas veces esta jugada, pero nunca me había salido". Tampoco ninguno de los dos entrenadores habían visto nada parecido en un encuentro oficial, y António Violante saludaba así después el gesto de su prodigio: "Un muchacho de talento excepcional, que ve cosas que los demás no ven".
Entonces vino una avalancha llamada Manuel Curto, que hizo temblar el cristal de las esperanzas africanas. El ariete del Benfica, que ya había marcado un gol anulado (15’), realizó su gesta particular en exactamente ocho minutos. Un buen trabajo de Paulo Machado le sirvió el primero (2-0, 36’), el travesaño el segundo (3-0, 43’) y los errores de la defensa camerunesa el tercero (4-0, 44’).
La retaguardia africana no contaba con la presencia de Alexandre Song, a quien el entrenador Anatole Abee había decidido sustituir en el centro de la zaga. El hermano pequeño de Rigobert Song tampoco saltó al campo tras la reanudación, pues Abee prefirió apostar por un atacante más, que resultó ser Serge Ngal. "Es una pena haber encajado cuatro en el primer periodo, porque luego hemos demostrado lo que podíamos haber hecho", se lamentaba más tarde el técnico camerunés. "Pero en el descanso me enfadé y les dije que quitaría a los que no se entregasen. Había llegado el momento en el que hacía falta darlo todo".
Los beneficios de esta lección no trascendieron de inmediato, y la cuenta se agravó tras un buen trabajo de Machado por la banda izquierda. Kalapach despejó el remate de Manuel Curto, pero la acción fue finalmente firmada por Bruno Gama (5-0, 52’).
Cuando todo parecía perdido para los africanos, llegó el tornado Ngal para devolver, si no la esperanza a Camerún, al menos sí el honor. Aunque fue neutralizado en su primera tentativa (68’), Ngal dio impulso al equipo. El primer gol camerunés, sin embargo, lo marcó el portugués Tiago Costa en propia meta (5-1, 70’).
Mário Felgueiras fue batido de nuevo por el propio Ngal, con una volea impecable (5-2, 74’) y, dos minutos más tarde, con un toque sutil (5-3, 76’). Doce minutos después, un centro de Mawaye encontraba a Joel Nguemo para reducir aún más las distancias (5-4, 88’).
Poco a poco, los africanos fueron reconquistando el corazón del público de Ratina, que hasta entonces había estado cautivado por la demostración de talento portuguesa. Los asistentes empezaron a inclinarse por los cameruneses, que se debatían por empatar. Y lo consiguieron, merced a una cesión al portero en el área. En lugar de ejecutar el lanzamiento cediendo el balón a un jugador que se encontrase justo al lado, retrasaron la pelota varios metros y al otro extremo de la portería. Etoundi Mbia enganchó un cañonazo espectacular que se coló por encima de los once portugueses. ¡Camerún estaba a tan sólo un gol de la clasificación (5-5. 92’)!
Cuando sonó el pitido final, los africanos se dejaron caer sobre el terreno, exhaustos y abatidos. Los portugueses se dirigieron entonces hacia ellos para levantarlos: querían saludar de esta forma su coraje. Fue toda una demostración de deportividad improvisada y merecida.