Imposible determinar qué ciudad ha sido la mejor sede del Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA Perú 2005, pero lo que sí está claro es que a ninguna le será simple igualar el orgullo que ha manifestado la ciudad norteña de Piura.
La numerosa concurrencia, el ambiente de carnaval y la fiesta de goles se conchabaron para hacer del estadio Miguel Grau posiblemente la capital de la fiesta Perú 2005, y ahora los ciudadanos de Piura lamentan tener que despedirse del certamen luego de celebrarse el último partido el pasado fin de semana.
En siete encuentros se marcaron nada menos que 28 goles, a razón de cuatro por partido, y los piuranos pudieron saborear un fútbol fluido del más alto nivel, donde Gambia y Ghana se revelaron como dos de los equipos más populares de la cita mundialista.
Gambia se hizo un hueco en el corazón del público con su sensacional victoria por 3-1 sobre Brasil, aunque tal vez el factor decisivo a su favor fuera el deslumbrante espectáculo y la oferta musical proporcionados por sus asombrosos seguidores.
Ghana recibió el aplauso en pie del público al caerse de la competición tras batallar heroicamente con sólo 10 hombres durante 70 minutos hasta el empate 1-1 contra China, cuando una victoria les hubiera valido para estar entre los ocho mejores. Pese a su desventaja numérica, Ghana atacó a China en oleadas y dio la sensación de que eran los chinos quienes estaban en inferioridad de condiciones. Los piuranos se conmovieron abiertamente con el espíritu de lucha de Ghana y demostraron su aprecio en una emotiva manifestación de calor y afecto al sonar el pitido final.
Lo mismo se puede decir del lugar en general, pues ese calor lo ha sentido quienquiera que haya venido a Piura, una ciudad situada a casi 1,000 km al norte de la capital peruana, Lima, y cerca de la frontera con Ecuador.
Desde el impresionante desfile callejero desplegado por sus habitantes la víspera del primer partido, hasta la cariñosa despedida a sus visitantes internacionales tras el triunfo de cuartos de final de México sobre Costa Rica, Piura fue un auténtico paraíso, y no sólo por el buen tiempo, constante y glorioso, que fue la envidia del resto de las sedes.
No fue raro ver a lo largo del campeonato seguidores haciendo cola en la calle durante horas seguidas, incluso por la noche, en filas de más de un kilómetro, si bien su paciencia se vio recompensada con algunos fenomenales encuentros.
Carlos Martínez, uno de los muchos que trabajaron incansablemente en el estadio Miguel Grau los días de partido, comenta: "Esto ha sido muy, muy bonito para la gente de Piura. Ha sido una gran experiencia para los voluntarios y muy emocionante, pero también es una pena que ahora se haya acabado todo. Esta clase de eventos abre muchas puertas a la gente en cuanto a perspectivas de trabajo. Perú no es un país muy desarrollado, de modo que necesitamos un poco de apoyo desde el exterior, y este evento ayuda en ese sentido. Personalmente he aprendido muchas cosas aquí, especialmente lo impredecible que puede ser el fútbol".
Karina Sisniegas también contribuyó activamente a montar la función en Piura, y nos cuenta: "Para nosotros es muy importante que la gente vea nuestro país y nuestra ciudad en particular. Normalmente no recibimos tantos visitantes extranjeros como lo hemos hecho ahora, aunque Piura sea un importante destino turístico. He oído que incluso los hinchas gambianos firmaron autógrafos cuando estuvieron aquí. Creo que Piura ha sido la mejor ciudad de toda la competición, pero supongo que lo digo porque soy de Piura".
Cecilia Cevallos, que aprovechó la oportunidad para ir a ver su primer partido de fútbol el domingo, el de cuartos de final, apostilla: "El año pasado celebramos aquí tres partidos de la Copa América, y estuvo bien, pero no fue tan grande como esto. La gente ha ido al estadio con sus familias, y es importante conocer a gente de otras culturas que piensan de manera diferente. Es triste que esto se haya acabado y que la gente se marche, y que las cosas vuelvan a la normalidad".