Tan sólo tiene 16 años. Al verlo de cerca, uno se da cuenta de que Giovani Dos Santos todavía es un adolescente. Pero su rostro redondo y sus ojos vivos son los últimos vestigios de su infancia. En todo lo demás, el juego y la actitud, el mexicano tiene todas las características de un futbolista curtido.
El 27 de septiembre, en el Estadio Elías Aguirre de Chiclayo bullía la efervescencia después del entrenamiento de México. Numerosos medios de comunicación se agolpaban alrededor de los jugadores tricolores. Dos de ellos suscitaban una especial atención. Carlos Vela, el goleador de cara angelical, y Giovani Dos Santos, el mediapunta de la coleta. En la antevíspera del encuentro de semifinales del Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA Perú 2005, todos los integrantes de la expedición mexicana se mostraban relajados. Y todos estaban disponibles.
Dos Santos, como si fuese un veterano, concedía una entrevista tras otra. Para la televisión le pedían que imitase algunas jugadas, que ejecutaba sin rechistar. Y es que el muchacho pertenece, desde hace ya cuatro años, a la disciplina del FC Barcelona, por lo que está acostumbrado a la atención mediática. "Al principio era duro, echaba de menos a mi familia, tuve que acostumbrarme a la comida y a la cultura españolas. Pero ahora mi familia está conmigo, y la vida resulta más fácil", confiesa a FIFA.com. Giovani está bien acompañado. Zizinho, su padre, ex futbolista brasileño de alto nivel, va con él a todas partes. Está también en Perú junto con su vástago. Pero Dos Santos ya es mayor, hay que reconocerlo. "No me da consejos. Sólo me dice, justo después de los partidos, qué he hecho bien y qué he hecho mal, eso es todo", afirma con firmeza.
Muchos clubes europeos están tras su pista. "No tengo intención de cambiar de club, en Barcelona me siento bien. Pero es gratificante saber que le intereso al Manchester United o al Arsenal". Entre bastidores, su padre se ocupa de todo ello. "Porque no quiero desconcentrar a mi muchacho, que ha estado muy metido en el Mundial", explicaba recientemente el progenitor a la prensa mexicana.
A decir verdad, la presencia de su padre parece algo lógico. "No me mete ninguna presión. Es mi entrenador desde siempre, para mí es normal tenerlo cerca". Y éste se ocupa bien de sus hijos. Giovanni tiene un hermano, Jonathan, dos años más pequeño, que también juega en el Barcelona. "Estaría bien jugar juntos algún día, con la selección mexicana. Espero que tengamos la oportunidad", imagina. Y añade, con una sonrisa: "Él es centrocampista, yo delantero. Su función sería darme pases de gol, ¡sería divertido!".
Dos Santos: "Estoy impaciente por saltar al campo"
A pesar de que su padre es un brasileño que pasó por diferentes clubes mexicanos, la eventualidad de medirse con Brasil en la final no le emociona especialmente. "Para ser sincero, para mí eso no cambia mucho. Nací en México, soy mexicano. Aunque ganarle a Brasil en la final de un torneo mundial siempre es un gran orgullo, supongo…".
Pero antes de encontrarse con Brasil, habrá que ocuparse de Holanda. Y el partido no se presenta nada fácil, como sabe el muchacho. "Es un equipo rápido, muy potente, y con un juego muy difícil de contrarrestar, somos conscientes de ello", explica. Enseguida, y como si quisiese mostrar su serenidad, añade: "Me siento bien, estoy tranquilo y feliz por estar aquí. Estoy impaciente por saltar al campo a jugar esta semifinal".
Sobre el césped, Dos Santos no tiene otra función que la de conducir el juego. Él es quien imprime el ritmo, quien abastece al goleador, Carlos Vela. Sin embargo, es el más joven del equipo. Con su aspecto algo indolente y sus enormes muslos, algunos ven ya en él muchos puntos en común con Ronaldinho. El símil le halaga: "No sé cuál es el punto de comparación: soy un jugador que apenas comienza y que le falta trecho por recorrer…".
Giovani está seguro de sí mismo, pero no se le sube a la cabeza. Siempre sabe lo que debe decir, como un auténtico profesional. "No creo que mi papel sea más importante que el de nadie en este equipo. Cada uno tiene su función y sabe perfectamente lo que tiene que hacer, ese es el secreto de nuestro éxito". Son palabras ponderadas, que repite al nutrido contingente de periodistas mexicanos que siguen a su equipo en estos momentos, cuando está a punto de hacer historia.
Y ese éxito no es sólo suyo. En la plantilla mexicana abundan los talentos. ¿Los suficientes como para soñar con una Copa Mundial de la FIFA con los mayores? "Por qué no, nunca se sabe. Aunque ahora mismo estamos concentrados en este torneo, después seguro que volvemos a vernos en la sub-20. Pero hay que ir paso a paso". El chico no se deja llevar por el entusiasmo. Tiene el aire de ser ya un veterano.
Pero cuando se le habla de su país, algo se le ilumina en la mirada, un destello de la infancia, que tranquiliza un poco. "Siempre es un motivo de orgullo que el país se fije en nosotros, es verdad…", admite riéndose. No obstante, de inmediato recupera la compostura. "Si hay tanto interés por nosotros, es la prueba de que hacemos un buen trabajo". Un firme apretón de manos, un "¡muchas gracias!" con una gran sonrisa y Dos Santos se marcha. Le espera otra entrevista…