Desde las tres y media de la tarde, los restaurantes mexicanos se empezaron a llenar. A pesar de ser horario laboral, nadie se quería perder el partido de los muchachos que han puesto a soñar a todo un país. Como el juego sólo fue transmitido en vivo por sistema satelital, había que verlo en un lugar público, acompañado por amigos.

En un día poco común, a una hora extrañísima, los mexicanos estaban afuera de sus casas y sus oficinas. El México-Holanda era demasiado atractivo como para no verlo. Había la sensación de que los pequeños sub-17 podían hacer historia y todos querían presumir que estuvieron ahí, aunque sea a través de una televisión.

Así, cuando empezó el partido, a las cuatro de la tarde, los gritos de "¡Mé-xi-co, Mé-xi-co!" se escucharon en cada esquina. A pesar de que el inicio del partido fue difícil y que eran los holandeses quienes controlaban mejor la pelota, la gente no perdía el entusiasmo.

El grito que todos tenían guardado estuvo a punto de llegar cuando, tras una combinación con Carlos Vela, César Villaluz estrelló la pelota en el travesaño. "¿Ese juega en Cruz Azul, verdad?" Preguntaron algunos después de la acción. Un ejemplo perfecto para explicar el vertiginoso enamoramiento de la afición con el equipo. Veinte jugadores que pasaron de ilustres desconocidos a "Generación Dorada" en sólo 10 días.

Por fin, el propio Villaluz le dio desahogo a los aficionados. "¡Gooooool!" gritaron al unísono cuando el pequeño mediocampista mandó un derechazo al ángulo de la portería holandesa. "Ya estamos en la final" dijeron algunos con entusiasmo. Otros recordaron: "Hay que tener cuidado, siempre nos pasa lo mismo, mejor paciencia, para no decepcionarnos". En México existe la percepción que sus jugadores fallan siempre en el momento justo.

Pero no sería el caso. Con el mismo fervor, los restaurantes y bares retumbaron con el segundo tanto mexicano, tras una jugada genial de Giovani Dos Santos. "Ese debería estar en Alemania 2006", se escuchó decir.

De la alegría se pasó al nerviosismo cuando Holanda se lanzó en busca del descuento. Nadie hablaba ni tomaba -lo que marca la dificultad del momento-, sino que todos miraban a la pantalla. Pero la liberación llegó en la jugada más extraña posible: el holandés Viseswar falló solo a un metro de la portería vacía. Tan extraña, que el narrador de partido, un argentino, gritó "¡gol!" por unos segundos hasta que se dio cuenta que la pelota no había entrado. Ahí todos se relajaron. A los "no puede ser", se unieron los "si esa no entró, no entra ninguna"

En efecto, ninguna entró del lado mexicano, pero los europeos sí tuvieron que buscarla en la red dos veces más. La gente coreaba "¡México, México!" y gritaba "¡ahora, que nos echen a Brasil!".

Una fiesta en jueves a las 6 de la tarde. ¿Quién lo pensaría cuando, para el primer encuentro contra Uruguay, había que buscar en todos los bares para encontrar uno que transmitiera el partido? Ahora, las grandes cadenas de televisión compraron los derechos para la final. Un partido que amenaza con paralizar al país entero, detrás de unos muchachos que acabaron con los complejos futbolísticos de una nación demasiado acostumbrada a caer en las instancias decisivas.

El entusiasmo del día después
La noche del jueves, el presidente de México, Vicente Fox, comentó el partido. "Me pasaron un papelito con el resultado. Estoy muy contento con el triunfo", señaló. Y al día siguiente, felicitó a los jugadores por teléfono, desde Canadá, donde realiza una gira de trabajo. "Seguramente serán campeones porque están bien preparados, llevan buen paso y da gusto", dijo con entusiasmo.

Mientras tanto, los periódicos del país se dejaron llevar por la alegría, al describir el triunfo del equipo mexicano. Todos, sin excepción, dedicaron un espacio en sus portadas al resultado, y los especializados en deportes lo llevaron como nota principal.

"Asalto al cielo" encabezó La Afición, y añadió "léalo en voz alta y póngale énfasis y así, en letras mayúsculas: ¡ESTAMOS EN LA FINAL DEL MUNDIAL!". La cabeza de portada de Ovaciones fue "Niños Héroes", en alusión a seis legendarios adolescentes que defendieron a México de la invasión estadounidense en 1847. Esto, por su parte, encabezó "A la final". Todos compartieron el entusiasmo de un pueblo que ve, con más optimismo que nunca, la posibilidad de que México sea, por primera vez en su historia, campeón del mundo en su deporte favorito: el fútbol