A su llegada a Perú, allá por inicios del mes de septiembre, Jesús Ramírez sorprendía a más de uno con sus declaraciones. "Vinimos para ser campeones, ese es el objetivo y para eso nos hemos preparado". Sin embargo, eso que para algunos podría haber significado un exceso de confianza, se ha transformado en una verdad irrefutable. A fuerza de goles, solidez defensiva y trabajo coordinado, el Tri ha alcanzado su primera final histórica en un torneo mundial organizado por la FIFA.

Siempre respetuoso, el entrenador ha cumplido al pie de la letra con su promesa y, con la sonrisa de quien ve la realización de su sueño a un paso, recibió a FIFA.com para analizar el presente de su equipo, los puntos más salientes de su campaña y el gran partido del domingo.

Señor Ramírez, desde su llegada a Perú, se mostró convencido de que podrían ser finalistas. ¿Cómo vive los momentos previos a ese momento tan esperado?
Desde que salimos de México que tenemos la convicción de hacer esto posible. Lo anhelamos, lo planeamos, lo deseamos, y aquí estamos. Somos conscientes de que este partido ya no tiene la carga de los demás. Ya no está esa cosa de decir "si no ganamos, ya no llegamos". Hoy solamente hay que ganar para ser campeón. Lo que nos ha traído hasta acá es creerlo posible... si no fuese así, no estaríamos acá. Ahora, sólo resta cumplir el objetivo final.

¿Se puede disfrutar una instancia así? O la tensión supera la capacidad de goce...
Nosotros somos un equipo que vive con alegría interna, muy relajado. Pero a la vez, claro está, somos muy responsables. Si bien pretendo que haya disciplina, también me gusta que los chicos vivan felices. Y este grupo se maneja como un grupo de amigos y con mucho amor, al punto de que nos queremos mucho. En mi país, no ven muy bien ese clima y prefieren uno más seco y distante. Pero aquí, le damos valor primero a la persona y luego al jugador. Eso lógicamente se traslada a la cancha.

Imaginamos que, a la larga, no debe perderse de vista que se trata de chicos, ¿verdad?
Exacto. Incluso yo todos los días sueño y sigo siendo niño. Así es como mantengo la ilusión. Luego, trato de trasladarlo a ellos. La idea es que se diviertan, incluso en los entrenamientos.  Los dejo ser, eso es todo. Si uno les restringe cosas, ellos lo trasladarán al campo juego. Yo les permito lo que quieran, siempre y cuando haya otro compañero cubriendo detrás. Aquí hay mucha libertad para jugar.

¿Es consciente de la motivación que han despertado en México?
Me han dicho, pero no lo he palpado porque intento no ver televisión mexicana. Me da mucho gusto, sobre todo por el hecho de cumplir un proceso y demostrar que se puede lograr lo que uno se propone. Pero no lo tomo como una presión, sino como una gran motivación.

¿Qué le preocupa de Brasil?
Alguno podría pensar que le faltamos el respeto a Brasil, pero no es así. Lo primero que hacemos es respetar a todos los rivales por igual: no los podemos poner allá arriba (gesticula), porque  queda inalcanzable, pero tampoco podemos menospreciar a nadie, porque corremos el riesgo de marearnos. Brasil es un gran equipo, explosivo, que tiene velocidad e individualidades. Pero yo comparo con nosotros, y veo que somos los menos goleados, con una defensa muy buena y un ataque espectacular. Estamos muy bien y con grandes posibilidades. Creo que ellos también deben estar preocupados...

¿Qué tiene este Brasil que no tenga México?
No tenemos nada que envidiarle. Tengo individualidades, y nuestro juego de conjunto creo que es mejor, porque ellos son muy intermitentes. Yo sé muy bien con lo que contamos. Siempre mantenemos el cero en nuestro arco, y eso facilita el resto de las tareas.

¿Qué final vamos a ver?
Espero una final muy fácil, ganada lo más simple posible. Eso es lo que quisiera, y eso es lo que venimos hablando con los muchachos. Yo me fijo mucho en el aspecto mental, y creo que así lo podemos programar. Normalmente, un entrenador contestaría que "va a ser un partido muy difícil", pero si así lo esperas, pues seguramente así lo tendrás. Yo espero tenerlo fácil.

Cada vez que le preguntan por el nivel de Giovani Dos Santos y Carlos Vela, usted remarca el resto de la estructura del equipo. ¿Es una estrategia?
¡Es que es la verdad!  Ellos tienen una gran confianza porque tienen grandes compañeros al lado. En el torneo preliminar, Giovani no fue titular. La gente se sorprendía, pero había otro mejor en su lugar. No porque sea del Barcelona tiene que jugar, ¿verdad? Ahora, con Ever Guzmán, tenía un dilema: no sabía si ponerlo o no en lugar de Giovani para los cuartos de final.  Cuando tomé la decisión, se la comuniqué a Ever y le expliqué que no puedo jugar con 12 futbolistas. Me dijo "no hay problema, si es para el grupo... adelante". ¡Y luego entró y metió  un gol! Tras el partido, Carlos Vela dijo "ya me di cuenta que si no estoy yo, o Giovani, hay uno igual o mejor que nosotros que puede jugar". No es fácil escuchar algo así de un chico tan joven. Este grupo tiene una madurez asombrosa, sabe lo que quiere, y así se hace todo más fácil.

¿Qué le puede aportar esta generación de jugadores al fútbol de su país?
Ellos van a generar un cambio en el fútbol mexicano y, de hecho, ya lo están haciendo. Cuando empezamos en 2002, les dije que tenían la posibilidad de ser los que cambiaran el fútbol de nuestro país, de transformarlo en una potencia capaz de ganar donde sea. Lo hablamos hace años, y hoy se están dando las cosas como las planificamos. Su convencimiento, sumado al excelente trabajo de mis acompañantes, está dando sus frutos.

La última: ¿Cómo se imagina a Jesús Ramírez tras la final?
En mi casa, con mi hijo y mi familia, platicando de la copa y de este torneo que ha sido una experiencia muy bonita. Me veo bien, tranquilo y feliz. ¿Sí me veo campeón? ¡Claro! Espero hablar de cómo obtuvimos el título. Es algo que tengo muy claro: lo podemos lograr realmente. A menos que no queramos.