Los aficionados comenzaron a reunirse desde antes de que comenzase el partido. Bares, cantinas y restaurantes estaban más preparadas que nunca para recibir a los miles de aficionados que esperaban con ansiedad el inicio del partido más importante para México en los últimos años.
También el Ángel de la Independencia, estaba listo. El monumento alrededor del cual los mexicanos se reúnen para celebrar las grandes ocasiones recibía ya a sus primeros invitados. Algunos optimistas irredentos gritaban "¡México campeón!", mientras hacían sonar las bocinas de sus automóviles.
Mientras se desarrollaba el partido, en los dos escenarios cambiaba la configuración. En los bares, el nerviosismo pronto cedió paso a la alegría. La gente comenzó cantar el ya famoso "Cielito lindo" incluso antes de que terminara el primer tiempo. Mientras, en el Ángel de la Independencia, la gente comenzaba a llegar. A la altura del medio tiempo, había ya unas 200 personas que confiaban ciegamente en el triunfo. Ciegamente porque, en plena calle, no tenían manera de ver el partido, y tenían que conformarse con los informes telefónicos que les daban amigos y familiares.
El comienzo de la fiesta
El partido terminaba y, con una velocidad sorprendente, los restaurantes y cantinas comenzaban a vaciarse. ¿A dónde iba toda esa gente? ¡Al Ángel de la Independencia, por supuesto! Con la misma rapidez, las calles aledañas al monumento se transformaban en ríos de gente que quería unirse a la celebración nacional.
Los automóviles se apresuraban a llegar a su destino mientras los conductores hacían sonar sus bocinas y ondeaban banderas. Mientras más rápido llegaran mejor porque, como la zona cercana al Ángel fue cerrada, había que encontrar lugar para estacionarse.
Entre las 20:00 -la hora en que terminó el partido- y las 20:30, la cantidad de gente en torno al Ángel se multiplicó por cien. Decenas de miles de personas comenzaron a corear al unísono "México, México" brincando y bailando al mismo tiempo.
Algunos tenían la cara pintada con los colores de la bandera: verde, blanco y rojo. Otros tenían la camiseta del equipo azteca y unos más portaban extraños gorros o bufandas coloridas. Unos coreaban "Olé, olé, olé, olé, campeón, campeón", y otros cantaban "Y dónde están, y dónde están, los brasileños que nos iban a golear".
Todo era alegría. Tanto, que los aproximadamente 1000 policías encargados de conservar el orden prácticamente no tuvieron que actuar. Sin sumarse al festejo, sonreían y compartían el entusiasmo de la masa. La victoria, por supuesto, era para todos.
El presidente de la República, Vicente Fox, felicitó al equipo por la victoria y lo invitó a visitarlo en la Residencia Oficial de Los Pinos. Mientras, la fiesta se prolongaba hasta altas horas de la noche. Hacía mucho que en México no había tanto júbilo. El fútbol, una vez más, cumplió su cometido de dar alegría y unir a la gente. Es en días como estos cuando se descubre su verdadera belleza.
Celebración histórica en México
(FIFA.com) Martes 4 de octubre de 2005