Antes del inicio del Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA Perú 2005, en las conversaciones pululaban los nombres de los eternos favoritos: Brasil, Uruguay, Ghana y también Holanda. ¿Pero quién pensaba en México? Muy pocos, la verdad. No obstante, desde el primer partido, los Tricolores ya empezaron a poner los puntos sobre las íes con una victoria indiscutible sobre Uruguay (2-0), que había hecho una campaña triunfal por la fase de clasificación sudamericana. Ya en aquel choque inicial, Carlos Vela abrió su cuenta goleadora, que no cerraría hasta el final del torneo, del que se ha proclamado máximo goleador, es decir Bota de Oro adidas.
El resto de la competición ha resultado un cuento de hadas para los mexicanos. Un segundo triunfo sobre Australia (3-0) les aseguró el pase a cuartos de final. De ahí que la derrota en el último partido del grupo, contra Turquía (1-2), la otra gran revelación de la cita mundialista, no tuviera mayor importancia. Fue a partir de cuartos de final que "El Tri" se empleó a fondo. Acorralados en Piura por los costarricenses, que les conocen a fondo, los mexicanos no se amilanaron. No menos de cuatro veces cambió de esquema táctico Jesús Ramírez a lo largo del encuentro, para finalmente encontrar un resquicio a dos minutos del pitido final. En la prórroga, sus pupilos se comieron a los ticos (1-3, tras la prórroga). Y eso fue sólo un entrante del festín.
Los mexicanos reventaron a los holandeses en la semifinal entablada en Chiclayo: cuatro goles y un dominio sin réplica (4-0). En el corazón de este dispositivo estaba el benjamín del equipo, Giovani Dos Santos. Jugador del FC Barcelona, este volante ofensivo de origen brasileño demuestra una visión de juego fuera de lo común, así como una técnica sobresaliente, que lo convierten en una de las mayores promesas que aquí se hayan forjado. No obstante, aún quedaba el enfrentamiento con los brasileños en la final. Los auriverdes llegaban muy ufanos con sus cuatro finales en el saco, como para poner carne de gallina a cualquiera. Pero a los mexicanos no les tembló el pulso. Superiores en velocidad, en técnica y en eficacia endosaron tres goles a los defensores del título mundial sin encajar ninguno (3-0). En otras palabras, la victoria más clara en una final sub-17 junto con la de 2001.
"Mis jugadores forman un auténtico grupo y eso es lo que
marca la diferencia", destacó Ramírez. Es cierto que su equipo
no tuvo grietas. Desde el guardameta Sergio Arias al delantero
Carlos Vela, pasando por el defensa Efraín Valdez o el mediocentro
César Villaluz, así como el resto de la banda orquestada por Dos
Santos, han sabido estar a la altura de las circunstancias. La
prueba es que han acabado con el mejor ataque (16 goles) y con la
mejor defensa (3 goles). ¡Bravo!
Un cliente fijo de la final
Pocos finalistas habrán mostrado tanta decepción. Y es que
los brasileños alcanzaban su quinta final en las seis últimas
ediciones, en tres de las cuales cantaron victoria: 1997, 1999 y
2003. De ahí la desilusión que se han llevado con este segundo
puesto. A pesar de todo, los brasileños han presentado una buena
imagen. Cierto que sus prolegómenos dejaron mucho que desear, con
una derrota inesperada ante Gambia (1-3), pero pronto la máquina
auriverde empezó a carburar. Tras vencer a los holandeses (2-1) y a
los qataríes (6-0), derrotaron con alguna dificultad a los coreanos
en cuartos de final (1-3), y batieron a los turcos en una semifinal
épica. En la final, la ausencia de Renato y de Anderson se hizo
sentir y los mexicanos fueron demasiado para el cuerpo
brasileño.
Pero como de costumbre, la Seleçao desveló algunos prodigios que sin duda habrá que seguir en los años venideros. Así, por ejemplo, Anderson, el director de juego capaz de hacer cualquier cosa; Ramón, el delantero larguirucho; Renato, el goleador marca de la casa; o Celso, el técnico de servicio. En resumidas cuentas, el grifo del talento brasileño sigue abierto.
Las buenas noticias
En una edición que se preveía bastante abierta en principio,
algunos combinados han sorprendido hasta a sus propios seguidores.
El primero fue el menos afortunado, Gambia. El campeón africano de
la categoría, que cayó en el grupo más difícil junto a Brasil,
Holanda y Qatar, venía a aprender. Y al cabo de dos partidos y de
otras tantas victorias, parecía que ya se había licenciado. El
delantero gigante Momodou Ceesay demostró un poder por encima de lo
normal, al que habrá que prestar mucha atención. No obstante,
cuando todo el mundo ya veía a los gambianos en cuartos de final,
el último encuentro perdido contra los holandeses fue letal: pese a
los seis puntos, tuvieron que regresar a casa por su peor
diferencia de goles.
El combinado de RPD de Corea ha sido otra de las bonitas sorpresas de este campeonato. A los asiáticos, que ya habían causado sensación al llegar a la final del Campeonato de Asia, les costó entrar en el torneo. Pero una vez dentro, dejaron una excelente impresión. Por el camino, humillaron a los marfilenses (3-0) y eliminaron a los italianos (1-1), antes de caer dignamente contra los brasileños (1-3, tras la prórroga). ¿La receta de su éxito? Velocidad, técnica y cohesión colectiva.
Por último, en la caja de las sorpresas también se puede meter a
Turquía que, con un nivel parecido al de México o casi, ha
demostrado una madurez futbolística que permite augurar un
magnífico porvenir al fútbol otomano. En este equipo que marchaba
como un reloj descollaron algunas piezas: Caner Erkin, infatigable
mediocentro derecho; Tevfik Kose, delantero eficaz; pero sobre
todo, Nuri Sahin, un número 10 genial con un gran futuro por
delante. Como guinda del pastel y pese a la derrota, los turcos
hicieron una semifinal para no olvidar contra Brasil (3-4), sin
duda el partido más bonito del certamen, en donde Sahin obró un gol
de antología. Aunque no pudo ir más lejos, es evidente que a este
equipo le quedan muchas cosas por decir.
África pierde fuerza, la Concacaf despega
En el plano continental, se pueden sacar algunas conclusiones
de Perú 2005. La primera atañe al descenso continuado de las
formaciones africanas, que hasta hace poco prevalecían en las
competiciones juveniles de la FIFA. Ya en 2003, ninguna de ellas
alcanzó los cuartos de final, y lo mismo ha ocurrido este año.
Ghana, pese a no perder, ha defraudado por su falta de imaginación.
Costa de Marfil, aun con jugadores de buena calidad, ha dado
muestras de demasiada ingenuidad. Y a Gambia le ha fallado la
suerte.
Por el contrario, Asia se ha comportado bien, con dos representantes en cuartos de final (RPD de Corea y China). Y habrá que acostumbrarse, porque los asiáticos han dejado de ser segundones. Europa, una vez más, salió bien parada de la primera ronda, pero no supo mantener el ritmo en la segunda. No obstante, turcos y holandeses demostraron de todas formas que el fútbol juvenil del Viejo Continente está sano. La mejor sensación ha provenido sin embargo de la zona de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe. Sus tres conjuntos (Estados Unidos, Costa Rica y México) accedieron a cuartos de final demostrando una notoria pericia futbolística y ya no tienen nada que envidiar a los "grandes" de este mundo.
Participantes:
Australia, Brasil, Costa de Marfil, Costa Rica, Estados
Unidos, Gambia, Ghana, Holanda, México, Perú, Qatar, RP China, RPD
Corea, Turquía, Uruguay
Clasificación:
- México
- Brasil
- Holanda
- Turquía
Estadios y ciudades:
Estadio Elías Aguirre (Chiclayo), Estadio Max Agustín
(Iquitos), Estadio Nacional (Lima), Estadio Miguel Grau (Piura),
Estadio Mansiche (Trujillo)
Goles:
111 (media: 3.47 goles/partido)
Máximos goleadores:
5 goles: Carlos Vela (MEX)
4 goles: Nuri Sahin (TUR), Tevfik Kose (TUR)
Afluencia:
551,817
Afluencia media:
17,244
