Si China 1991 fue la innovación, Suecia 1995 supuso la consagración del fútbol femenino al más alto nivel.

Jugadoras de las doce mejores selecciones del planeta se reunieron en busca de dos premios: el propio trofeo y un puesto en el primer Torneo Olímpico de Fútbol femenino, que se celebraría al año siguiente en Estados Unidos. Las norteamericanas ya estaban clasificadas de oficio en calidad de anfitrionas olímpicas. Finalmente iban a acompañarles Noruega, la nueva campeona del mundo, Alemania, subcampeona, China, cuarta clasificada, y Suecia, Dinamarca, Brasil y Japón.

Suecia 1995 fue una encantadora combinación del prestigio propio de un campeonato mundialista y un carnaval provincial. Los 26 partidos se disputaron no sólo en el Estadio Nacional de Rasunda, ubicado en las proximidades de Estocolmo, sino también en las ciudades más pequeñas de Gävle, Helsingborg, Karlstad y Västeras, en un típico entorno festivo veraniego sueco. Los equipos se mezclaron con el público en una atmósfera cordial, y la mayoría de ellos contaron con el apoyo de sus respectivos hinchas, incluso aquellos venidos de países tan lejanos como China, Japón y Australia.

Suecia, pionera del fútbol femenino desde hacía mucho tiempo, eligió cuidadosamente cuáles serían las sedes de la segunda edición del Campeonato Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA. Se optó por centros de población de tamaño medio para maximizar su impacto, y todo empezó de forma muy positiva, con 14,500 espectadores en el encuentro inaugural. Dos semanas más tarde, el número de asistentes a la final hizo que el total superase las 112,000 personas.

El torneo comenzó con un resultado sorprendente, la derrota de Brasil por 1-0 a manos de las anfitrionas suecas, con un gol de Roseli. Las brasileñas no fueron capaces de recuperarse, y dijeron adiós al torneo tras perder sus dos siguientes duelos. Suecia protagonizó una emotiva remontada ante su público frente a Alemania, a la que doblegó 3-2. Pia Sundhage y Malin Andersson anotaron respectivamente el gol del empate y el de la victoria en los diez minutos finales. En su última cita de la liguilla, las nórdicas refrendaron el pase a cuartos de final mediante un nuevo triunfo, contra Japón.

A pesar de caer ante Suecia, Alemania siguió adelante gracias a sus victorias sobre Japón y Brasil, esta última un arrollador 6-1, con dos dianas de Heidi Mohr. Las niponas también se clasificaron, ya que habían vencido a Brasil, pero no tuvieron nada que hacer frente a Estados Unidos en cuartos de final (4-0).

China se cobró una revancha histórica en la eliminatoria de cuartos. Después de ser eliminada en 1991 por Suecia en casa, las chinas dejaron a las ahora locales fuera del torneo en los lanzamientos penales. Alemania accedió a semifinales tras endosarle un 3-0 a Inglaterra. Noruega, por su parte, acudía al certamen restablecida de la derrota sufrida en la final cuatro años antes, y viajó a la vecina Suecia dispuesta a hacerse notar.

Las noruegas exhibieron una abrumadora superioridad sobre sus tres rivales del Grupo B -Nigeria, Inglaterra y Canadá-, con 17 goles a favor y ninguno en contra, llegando así a las rondas de eliminatoria como favoritas. A continuación se deshicieron de la siempre complicada Dinamarca en cuartos (3-1), lo que allanó el camino para el choque que llevaban cuatro años esperando: un nuevo enfrentamiento con Estados Unidos.

Las norteamericanas llegaron a Suecia siendo favoritas para reeditar el título, aunque perdieron por lesión a la delantera Michelle Akers a los siete minutos de su primer partido, un empate a 3-3 en el que China marcó dos goles en un periodo de cinco minutos cerca del final. Estados Unidos se repuso en su segundo encuentro de la liguilla y venció 2-0 a Dinamarca. Su gran estrella, Mia Hamm, tuvo que colocarse bajo palos después de la expulsión de la portera Brianna Scurry.

Frente a Australia, las americanas empezaron perdiendo, 1-0, pero en la segunda parte lograron cuatro goles, dos de ellos en el tiempo añadido, incluido el de Debbie Keller, la primera diana de su carrera con la selección, y que permitió a Estados Unidos adjudicarse la liguilla. En cuartos de final derrotaron a Japón con un convincente 4-0. Dos de esos tantos fueron obra de Kristine Lilly.

En la semifinal Estados Unidos-Noruega del 15 de junio dominaron las defensas. Ambos conjuntos aplicaron un férreo marcaje, y un gol de la noruega Ann-Kristin Aarones en el minuto 10 acabó marcando la diferencia. Las escandinavas se situaron de ese modo en la final, donde les aguardaba una selección alemana que se había impuesto por 1-0 a China en la otra eliminatoria, con un gol de Bettina Wiegmann. Ante más de 17,000 hinchas que tuvieron que soportar una lluvia constante, Hege Riise y Marianne Pettersen dieron a Alemania el triunfo por 2-0 y la segunda edición del gran torneo del fútbol femenino.

La FIFA introdujo de forma experimental el concepto de tiempo muerto por primera vez en este Campeonato Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA. Esta norma provisional permitía a cada equipo pedir una interrupción de dos minutos en cada periodo, aunque sólo se utilizaron aproximadamente una de cada tres posibles. La norma se hizo más estricta mediado el torneo, de modo que el tiempo muerto únicamente se podía solicitar antes de efectuar un saque de banda o de puerta, o después de recibir un gol. Los árbitros emplearon estos minutos sobre todo para consultar con los asistentes, mientras que los entrenadores afinaban sus tácticas y las jugadoras aprovechaban para refrescarse en el esporádico calor de Suecia.

Los árbitros se divideron entre 14 mujeres y 11 hombres, y la sueca Ingrid Jonsson se convirtió en la primera mujer en dirigir una final de la FIFA. Las cuarenta y dos tarjetas amarillas y una expulsión mostradas en la primera ronda probaron que se seguían respetando las consignas de la FIFA de aplicar de forma más estricta las normas en los 26 partidos. En la semifinal, otra expulsión, esta vez por doble amonestación, le impidió a la capitana noruega, Heidi Store, jugar la final.