A primera vista, sólo veinticuatro naciones están representadas en el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA Holanda 2005. Estas selecciones han traído consigo a sus hinchas con sus cánticos, sus colores y sus ritmos nacionales, que llenan de alegría las calles de Holanda. Sin embargo, en un mundo donde las fronteras tienen cada vez menos razón de ser y la gente se desplaza con más libertad que nunca, ahí no termina el asunto. Cuando se ahonda un poco más, aparece un auténtico crisol de nacionalidades y culturas en esta fase final.

El país que con más razón y desde hace más tiempo puede reclamar para sí el título de "crisol de culturas" es Estados Unidos. Dos de sus hombres más destacados no nacieron en él: el gran centrocampista Benny Feilhaber es oriundo de Río de Janeiro y Freddy Adu nació en Ghana. Los apellidos que aparecen en la lista de sus jugadores, como Nguyen, Kartunen, Kljestan, Ianni y Ochoa sugieren raíces europeas, asiáticas e más remotas.

Los otros dos países del Nuevo Mundo que participan en esta fase final, Australia y Canadá, también son previsiblemente variados. Australia muestra un amplio predominio de nombres procedentes de la antigua Yugoslavia, al frente de los cuales se encuentra Spase Dilevski, cuya familia es originaria de Macedonia. Por lo que respecta a los canadienses, nada más y nada menos que tres de sus jugadores (Josh Wagenaar, Marcel de Jong y Brad Peetoom) poseen nombres clarísimamente holandeses.

Un nuevo 'viejo' continente
Lo más sorprendente, sin embargo, es que países europeos, como Suiza, Alemania y la anfitriona, Holanda, están abrazando con entusiasmo esta misma tendencia. Hace mucho tiempo que Holanda siente predilección por los talentos de Surinam. De hecho, los jugadores de esta ex colonia que participan con la selección, muchos de ellos regulares, casi podrían formar un equipo completo por su cuenta. Hedwiges Maduro, por cierto, no es uno de ellos: es de Aruba, de las Antillas Holandesas. Pero esto no es todo. Quincy Owusu Abeyie, el jugador revelación de la fase de grupos, es hijo de padres ghaneses, al igual que Freddy Adu, aunque el extremo holandés nació en Amsterdam.

Collins John procede de Liberia y Haris Medunjanin es un refugiado de Sarajevo. En cuanto a Ibrahim Afellay, cuya participación en el campeonato se vio desgraciadamente truncada por una lesión de tobillo, tuvo la suerte de poder elegir entre jugar por Holanda o por Marruecos.

Alemania, que ha mostrado una tendencia a ser genuinamente teutónica, también está recibiendo actualmente una inyección de talento africano. Sahr Senesie procede de Sierra Leona y Marvin Matip es hijo de padre camerunés y de madre alemana. Además, el creador de juego Michael Delura es descendiente de polacos, mientras que el linaje de Daniyel Cimen puede rastrearse hasta Turquía.

Dos de los máximos talentos de la escuadra suiza también tienen ancestros en el continente africano: Johan Djourou es de Costa de Marfil y Guilherme Afonso, de Angola. Henry Siqueira tiene pasaporte brasileño, además de suizo; Ferhat Cokmus es de origen turco y Blerim Dzemaili es otro jugador de extracción macedonia. Y, por supuesto, ahí tenemos a Philippe Senderos, nacido en Ginebra, de madre serbia y padre español.

De hecho, incluso en el oriente asiático, no exactamente el primer sitio que se le ocurre a nadie al hablar de mezclas culturales, encontramos un ejemplo de la nueva globalización futbolística: lleva el nombre nada japonés de Robert Cullen y tiene padre norirlandés.

Elecciones difíciles
En el extremo opuesto tenemos a las naciones proveedoras de talentos a otros países, especialmente a Marruecos y Turquía. Si se empieza por Marruecos, el holandés Afellay sería uno de los jugadores preponderantes en esta competición que ha podido elegir el país al que deseaba representar. Buena parte de los componentes del combinado marroquí tuvo que plantearse la misma elección. Nabil el Zhar y Ahmed Kantari decidieron no jugar con la selección francesa, mientras que Rachid Tiberkanine, que forma parte del Ajax de Amsterdam, nació en Amberes, y tuvo la oportunidad de actuar con el combinado belga.

Otro de los grandes favoritos, Karim el Ahmadi, se enfrentó al mismo dilema que Afellay, pero eligió la opción contraria. En total contraste con Marruecos, Turquía alineó a un único hombre que juega fuera de las fronteras turcas, Sezer Öztürk, del Bayer Leverkusen. Sin embargo, es posible encontrar a jugadores con antepasados turcos en Alemania y Suiza.

No obstante, la identidad étnica no da una idea completa de esta complicada situación. A pesar de su juventud, muchos de los participantes en el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA ya juegan fuera de sus países de origen, incluso algunos han aprendido el oficio en el extranjero.

Una gran parte de los componentes de las selecciones de Australia y Benín juegan en Inglaterra y Francia respectivamente. Sin embargo, los más trotamundos de todos son los canadienses: sólo tres de ellos juegan en Canadá. Si se incluyen a los siete que trabajan en Estados Unidos y a uno sin afiliar, los que se han quedado a jugar cerca de casa son los menos posibles. Entre los países ausentes, Inglaterra destaca en este aspecto. Sólo el Arsenal contribuye con cuatro de sus jugadores al campeonato: el holandés Owusu Abeyie, el español Cesc Fàbregas y los suizos Djourou y Senderos. Para no ser menos, el Manchester United ha enviado al chino Dong Fangzhuo y al estadounidense Jonathan Spector.

Holanda no es únicamente la anfitriona de la competición, sino también de un hondureño, dos marroquíes, un brasileño, un suizo y dos canadienses. Y, por supuesto, uno de los más destacados jugadores de esta fase final, el argentino Lionel Messi, a sus 17 años de edad, ya lleva cinco años en España, con el Barcelona.

Ningún otro deporte se juega en tantos países de todo el mundo como el fútbol, el "deporte rey", como también se le conoce. Puede que vaya siendo hora de bautizarlo con otro nombre: el deporte global.